Salvación
El objetivo último de la vida humana es moksha (liberación). La consecución de dharma, artha y kama, así como el cumplimiento del dharma varna‑ashrama, son medios para alcanzar esa salvación.
Vivir exclusivamente en lo religioso o espiritual es extremadamente difícil, pues la mente humana está repleta de deseos. Sólo cuando el corazón se vuelve espontáneo, sereno y lleno de sabiduría, desaparecen esas ansias y se alcanza moksha.
El proceso de liberación
En la vejez muchos renuncian a los placeres mundanos y buscan la felicidad trascendental. Mediante la devoción y la meditación se absorben en el Brahman supremo; al identificarse el alma individual con el Alma Suprema se logra la liberación y la dicha última.
Moksha, descrita en los Vedas como conocimiento supremo y gozo, es el estado en que el alma se funde con el Paramátma y se libera del ciclo de nacimientos.
Aunque a menudo se interpreta como “liberación del cuerpo”, su verdadero sentido es salvación del alma. Cuando la mente se purifica bajo la influencia de la cualidad sattvica, se supera el rajásico y tamásico y se dirige hacia moksha.
Visión de la realidad
El velo de maya cubre la mente; al adquirir conocimiento sattvico ese velo se disipa y se percibe la verdadera naturaleza del ser, llamado kaivalya o moksha, la unión del purusha con la prakriti.
Caminos hacia la salvación
Existen tres vías principales para alcanzar moksha: Karma‑marga, Jñana‑marga y Bhakti‑marga. Cada una es válida y depende de la predisposición del buscador.
Karma‑marga (camino de la acción)
Según los sabios, cumplir con los deberes sociales y religiosos sin esperar frutos genera desapego y conduce a la liberación. Manu señala que antes de aspirar a moksha es necesario saldar las tres deudas: a los dioses, a los sabios y a los antepasados.
Los Puranas añaden que, tras cumplir las obligaciones de los cuatro ashramas, el individuo que renuncia a actos auspiciosos e inauspiciosos y abandona su cuerpo grosero se libera del nacimiento y la muerte.
Jñana‑marga (camino del conocimiento)
El buscador reflexivo se une al aspecto inmanifestado y sin forma de lo divino (Brahman) mediante la sabiduría y la contemplación.
Bhakti‑marga (camino de la devoción)
Los textos como el Śrīmad‑Bhāgavatam y la Bhagavad‑Gītā describen la devoción como superior a la acción y al conocimiento. En este sendero se adora al Brahman con forma (saguna), sin forma (nirguna) o ambos, renunciando a los apegos mundanos y entregándose al servicio divino.
Una devoción auténtica hace que el devoto olvide tanto el placer como el dolor, la vida y la muerte, y se funde con Brahman.
Pureza de carácter y conducta
Para quien busca moksha es esencial mantener una conciencia y conducta puros y sattvicos. Tradicionalmente, el aspirante se alimenta modestamente, controla los sentidos y practica la no‑violencia.
Manu afirma que sólo quien domina los sentidos, renuncia al apego y practica la ahimsa es digno de liberación.
Los Puranas refuerzan esta idea: el Vishnu‑Purana prescribe igualdad de trato hacia enemigos y amigos, y el abandono de la lujuria, ira, codicia y ego.
El Vayu‑Purana destaca cualidades como misericordia, perdón y veracidad; el Matsya‑Purana insiste en el abandono del trabajo mundano; y el Manu señala que la combinación de ahimsa, desapego, karma vedico y austeridad lleva al supremo estado de Brahma‑pada.
Equilibrio entre los Purusharthas
Seguir dharma, artha y kama permite a una persona elevarse física, material y divinamente, alcanzando la posición suprema. Ignorar uno de los cuatro objetivos desequilibra la mente y el carácter.
En la tradición india, algunos optan por el sannyasa y descartan los ashramas de grihastha y vanaprastha, centrando su vida en dharma y moksha y relegando artha y kama. Sin embargo, para el ciudadano común, la práctica del dharma varna‑ashrama (las cuatro castas y los cuatro ashramas) favorece el cumplimiento equilibrado de los cuatro Purusharthas.