historia historica

¿Te quejas de tu jefe? Este rey era un empleador aún peor

Enrique VIII es recordado por sus seis esposas y por fundar el anglicanismo, pero también fue un empleador temido.

La corte inglesa del siglo XVI era famosa por sus ceremonias complicadísimas. Enrique, obsesionado con el orden, quiso que cada aspecto de su vida fuera perfectamente reglamentado.

En 1526 publicó las Ordenanzas de Eltham, un documento que detallaba con precisión cómo debía funcionar la corte.

Reducción de puestos

Primero se recortó el número de sirvientes reales: de 27 pasaron a 10. Según crónicas de la época, muchos lamentaron la pérdida de empleos lucrativos. Con el tiempo, el total de personal de la corte cayó de 500 a 230. ¡Verdaderos despidos!

Además, a cada sirviente se le asignó una lista escrita de deberes; ya no era posible “pasar el día sin trabajar”.

¿Te quejas de tu jefe? Este rey era un empleador aún peor

El rey estaba rodeado de una muchedumbre que debía moverse como un reloj.

Otros detalles regulados incluían los horarios de comida: el almuerzo se servía de 10 a 13 h y la cena de 16 a 19 h. Los restos se entregaban a los pobres, nunca a los perros, y estaba prohibido tener galgos, perritos o cualquier otro canino, salvo pequeños perros de damas.

¿Te quejas de tu jefe? Este rey era un empleador aún peor

Los sirvientes debían levantarse al alba para limpiar a fondo los retretes reales; la puerta de la cámara del rey no debía chirriar, la habitación debía estar impecable y sin restos de comida.

Rigor en la alcoba real

Solo el primo del marqués de Exeter y 15 sirvientes podían entrar al dormitorio del rey. En otras cámaras, las normas seguían estrictas: ni siquiera se permitía jugar a las cartas sin la presencia del monarca.

Las ordenanzas también regulaban los contactos del rey con la reina. Cuando Enrique pasaba la noche con su esposa legal, se abrían las cortinas, le entregaban su bata nocturna y una comitiva de pajes lo acompañaba con lámparas a la cámara de la reina.

Ropa y decoro

Los chefs tenían prohibido trabajar desnudos, al igual que los lavaplatos. Los sirvientes que servían en la mesa no podían llevar abrigos para evitar que ocultaran alimentos o utensilios bajo sus ropas.

Los robos entre el personal eran frecuentes; la corte se desplazaba constantemente, y los anfitriones de las visitas reales sufrían grandes pérdidas, desde alimentos hasta cerraduras y muebles.

¿Te quejas de tu jefe? Este rey era un empleador aún peor

Una visita de Enrique VIII podía arruinar a un noble rico, ya que el rey no pagaba los gastos de la estancia y los anfitriones quedaban con la cuenta.

La máquina del Estado sin el rey

En la vejez, Enrique a veces ya no podía firmar documentos. En su lugar se usó el llamado sellos seco, una pieza de madera con su firma tallada que dejaba una impresión que luego se entintaba.

¿Te quejas de tu jefe? Este rey era un empleador aún peor

Utilizar ese sello sin autorización era considerado traición, pero los funcionarios que lo hacían a menudo recibían clemencia, pues la corte necesitaba seguir funcionando.

Cuando la muerte del rey se acercó, nadie se atrevió a advertirle, pues predecir su fallecimiento también era traición. Así, Enrique vivió sus últimos días creyendo que aún tenía tiempo.