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¿Mataron a mujeres embarazadas por un dibujo? Los controvertidos médicos británicos del siglo XVIII

Dos médicos venerados del obstetra británico

William Hunter y William Smellie fueron los pilares de la obstetricia y la ginecología en la Inglaterra del siglo XVIII. Publicaron libros de texto, diseñaron pinzas obstétricas y describieron la circulación uteroplacentaria. Sus nombres aparecen como los "padres de la obstetricia británica" en cualquier enciclopedia médica.

Obras con ilustraciones impactantes

Los atlas anatómicos de ambos autores incluyen dibujos tan detallados que pueden compararse con fotografías forenses modernas. La calidad de los trazos y la precisión de los detalles anatómicos siguen asombrando a los historiadores de la medicina.

¿De dónde provienen los cadáveres?

En la Londres del siglo XVIII la mortalidad materna era relativamente baja (aprox. 1,4 % en el posparto inmediato). Estudios posteriores estiman que la probabilidad de obtener un cadáver de mujer embarazada era de apenas 0,1 % entre los 7 y 9 meses de gestación. Por tanto, conseguir más de treinta cuerpos habría sido prácticamente imposible sin recurrir a métodos poco éticos.

Primeras sospechas

Ya a principios del XIX surgieron dudas. En 1818, el médico Joseph Adams señaló una nota de John Hunter que describía la autopsia de una mujer embarazada realizada por el asistente del fallecido William Smellie. La frase "pasos directos" fue interpretada como una admisión de que la mujer había sido asesinada para obtener el útero.

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Si la preparación de cadáveres no era un secreto, el hecho de que se obtuvieran tantos úteros de gestantes sugiere una conducta criminal encubierta bajo el pretexto de la investigación científica.

Reacciones de la comunidad médica

Cuando se difundieron las acusaciones, la comunidad médica reaccionó con indignación. Algunos defensores argumentaron que los dibujos podían reutilizarse de preparaciones previas o que los fetos representados pertenecían a diferentes etapas de desarrollo, lo que reduciría el número real de muertes.

Otros sostuvieron que la mortalidad materna de la época habría permitido la obtención ética de algunos cuerpos, aunque la mayoría de los expertos sigue considerando que la cifra de más de treinta casos supera con creces lo posible sin actos deliberados.

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En la introducción de su obra, Smellie admitía que una autopsia de útero embarazado era "muy rara" y que, en la vida de un anatomista, podía ocurrir “una o dos veces”. Esa escasez sugiere que se necesitó algo más que la coincidencia para obtener tantos ejemplos.

Bibliografía

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  2. Peter M. Dunn, Dr William Hunter (1718–83) and the gravid uterus, Archives of Disease in Childhood. Fetal and Neonatal Edition, vol. 80(1), 1999.
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