Probablemente hayas escuchado que la Unión Soviética se derrumbó por Reagan, su "Star Wars", la perestroika o la caída del precio del petróleo. La realidad es otra: el declive del gigante soviético estuvo estrechamente ligado a… la vodka.
En 1985, el joven de 54 años Mijaíl Gorbachov asumió el cargo de secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética. En un país gobernado por una vieja élite empedernida, su llegada se interpretó como una señal de cambio y se esperaban reformas audaces.
Imagina a un secretario del partido hojeando cientos de páginas de estadísticas ocultas durante años. El rostro de Gorbachov debió quedar pálido al ver datos tan alarmantes.
Una sociedad al borde del abismo
En 1985 las ventas de alcohol representaban una cuarta parte del comercio minorista de toda la URSS. El consumo per cápita ascendía a 14,9 litros de alcohol puro al año. Según la OMS, ocho litros por persona son ya un riesgo serio para la salud pública; los soviéticos superaban ampliamente ese umbral.
Consecuentemente, la esperanza de vida media de los hombres era de 64 años, unos diez años menos que en Occidente. De cada mil niños nacidos, 26 fallecían. Ese mismo año, unas 20.000 personas murieron por intoxicación alcohólica.

El desayuno de muchos obreros soviéticos era similar (foto: К.Артём.1, CC BY-SA 4.0).
Se contabilizaban cientos de miles de accidentes, enfermedades y lesiones vinculadas al consumo excesivo. Más del 25 % de la fuerza laboral estaba permanentemente ebriada.
No solo los hombres abusaban del alcohol. Casi el 90 % de las mujeres bebían de forma regular, lo que provocaba infertilidad, abortos frecuentes y promiscuidad. El 84 % de los niños soviéticos se emborrachaba antes de los dieciséis años. El alcohol era la causa principal del 80 % de los divorcios, del 80 % de las muertes en carretera, del 74 % de los homicidios y del 72 % de las violaciones.
Ante esa catástrofe sanitaria, Gorbachov decidió actuar.

El artículo se basa en el libro de Mark Lawrence Schrad, Empire of Vodka. Drunken politics from Lenin to Putin (WUJ 2015).
El frente de los sobrios inicia una cruzada
Si bien la política de Gorbachov se recuerda bajo los lemas de perestroika (reconstrucción) y glasnost (apertura), su primera medida fue declarar la guerra contra el alcoholismo generalizado.
El propio líder evitaba los licores. Incluso en los fastuosos banquetes de la era Brezhnev, Gorbachov se limitaba a dos copas de vino y luego se excusaba de seguir bebiendo, según Schrad.
En su entorno inmediato había varios políticos con una postura similar, como Andreí Gromyko, Yegor Ligachev o Mijaíl Solomiensev. Juntos iniciaron la mayor cruzada anti‑alcohol desde la época de Lenin.

El abuso también afectaba a los niños; este cartel advertía a los padres: «¡Ni una gota!».
Durísimos tiempos para los borrachos
Se redujo drásticamente la producción de bebidas alcohólicas y se dispararon los precios. Quedó prohibida la venta y el consumo en medios de transporte, gimnasios, escuelas y hospitales. Las licorerías sólo podían operar hasta las 14:00 y cerraban a las 19:00; los fines de semana estaban completamente clausuradas.
Paralelamente, se lanzó una intensa campaña de propaganda. Los más vergonzosos fueron expulsados del Partido. Uno de los primeros fue Grigori Romanov, rival de Gorbachov, que apareció ebrio en un congreso del Partido Comunista húngaro.
Los miembros del Partido y los jóvenes del Komsomol que bebían eran avergonzados públicamente. «La vocación de un comunista, y mucho más si ocupa un cargo directivo, es incompatible con este vicio», escribió el periódico Prawda.

Las sanciones contra la producción clandestina (samogon) no fueron suficientes (foto: Eupator, CC BY-SA 3.0).
Se endurecieron las penas: poseer equipo de destilación o producir licor casero podía acarrear una multa de 300 rublos o deportación a un campo de trabajo por dos años. Gorbachov también propuso la "alcoglasnost", es decir, la publicación de todos los datos ocultos sobre la embriaguez de la población.
Las estadísticas no lo son todo
Sin embargo, fueron la economía y la opinión pública las que determinaron el destino de la reforma. Tras la primera ola de legislación anti‑alcohol, los indicadores de salud empezaron a mejorar, aunque de forma tímida.

En 1989 el consumo per cápita se redujo a 12,5 litros. La mortalidad entre los 20 y 30 años bajó un 20 %, la supervivencia infantil mejoró y las muertes por intoxicación alcohólica se redujeron a la mitad. En tres años, la esperanza de vida masculina aumentó tres años y la femenina un año. Pero el precio de esas mejoras resultó letal para el Estado.
Derrota de la cruzada anti‑alcohol
El descontento social creció por el acceso restringido al alcohol. Los líderes fueron odiados; a Gorbachov lo apodaron "el secretario del mineral". Un residente de Moscú esperaba en fila para comprar vodka alrededor de 90 horas al año. Como ocurre en cualquier época de prohibición, el mercado negro floreció.

Contrario a lo que su nombre sugiere, el "Gorbachov Vodka" no tiene relación con Mijaíl Gorbachov; es una marca alemana fundada en 1921 (foto: jaro.p, CC BY-SA 3.0).
Los sedientos recurrieron al samogon, lo que anuló los primeros éxitos. En 1987 más de 40.000 rusos fueron intoxicados con alcohol ilegal; 11.000 fallecieron. Como relata Schrad:
«Los mayores ebrios utilizaban sustitutos: enjuagues bucales, colonias, gasolina, veneno para ratas, líquido de frenos, cremas para curar heridas e incluso pasta de dientes para zapatos, que mezclaban con pan»
Los opositores tacharon la política de Gorbachov como demasiado drástica e irreflexiva. Yegor Ligachev, uno de sus arquitectos, admitió:
«Como abstemio, no estaba preparado psicológicamente para reconocer que la gente no podría dejar de beber si se les limitaba severamente el acceso al alcohol».

¡El samogon ganó!
Un presupuesto sin vodka
Los reformistas olvidaron un elemento esencial: las finanzas del Estado. Junto a la exportación de petróleo y gas, la venta de alcohol era una de las mayores fuentes de ingresos del presupuesto soviético.
La pérdida de ingresos por la campaña antidroga ascendió al menos a 28 mil millones de rublos, una cifra comparable a la pérdida provocada por la caída del precio mundial del petróleo. Ese déficit se señala como la causa económica principal del colapso de la URSS.

Yegor Ligachev, uno de los impulsores de la cruzada, tuvo que reconocer su error (foto: Klaus Franke, Bundesarchiv, Bild 183‑1989‑0913‑045, CC‑BY‑SA 3.0).
La crisis obligó al gobierno a imprimir dinero. En 1989 la cruzada anti‑alcohol se retiró discretamente, pero ya era demasiado tarde. El presupuesto cayó en la trampa de la hiperinflación. Así comenzó el lento desmoronamiento del imperio soviético.
En última instancia, las reformas antidroga no mejoraron la vida de la población, sino que generaron una poderosa fuerza negativa que contribuyó al colapso del Estado comunista.
Fuentes
Mark Lawrence Schrad, Empire of Vodka. Drunken politics from Lenin to Putin, Ed. Universidad Jagellónica, Cracovia 2015.
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¿Habría sido la URSS una superpotencia mundial sin la vodka? ¿Cómo la "política ebria" de los años 90 aceleró la caída del comunismo y los problemas de salud de la sociedad? ¿Podría el Kremlin superar los obstáculos del abuso de alcohol y alcanzar la prosperidad social, económica y democrática?

Schrad examina el papel de la vodka en la historia rusa del siglo XX y XXI, mostrando cómo la bebida ha alimentado el tesoro estatal y manipulado a la población. Reconocer y enfrentar el legado político de la vodka sigue siendo uno de los mayores retos para los líderes rusos de hoy y del futuro.