historia historica

Así vivían como reyes: ocho lujos inesperados en un castillo medieval

Calefacción por suelo radiante y agua corriente. Platos cocinados en leche de almendras y aromatizados con azafrán. Quizá la vida en un castillo medieval no era tan bárbara como sugieren las películas populares. ¿Tendrían los millonarios actuales algo que envidiar a los cruzados de hace mil años?

Los castillos medievales que aparecen en series como "Robin of Sherwood" o "Los reyes malditos" suelen mostrarse como lugares lúgubres: húmedos, fríos, oscuros y, sobre todo, sucios. La cámara, con la obstinación de un maníaco, enfoca pacas de paja podrida esparcidas por el suelo de piedra, huesos malolientes bajo las mesas y ratas que no temen a la carne humana. Ni siquiera los pintores del siglo XIX lograron darles un matiz romántico. Sin embargo, la realidad era muy distinta: el castillo medieval no era, en absoluto, un escenario de barbarie.

1. Salón decorado: bullicioso y luminoso

El salón era el corazón de la vida noble. Se cuidaba su decoración al máximo: el suelo, pulido a mano, estaba hecho de yeso, mortero de cal o losas de piedra; sobre él se colocaban pieles de animales o alfombras de lana. Tras el trono del señor del castillo se colgaban tapices y los muros se adornaban con pinturas geométricas o figurativas.

Así vivían como reyes: ocho lujos inesperados en un castillo medieval

La luz del día entraba por las ventanas y, al caer la noche, se encendían numerosas velas en candelabros coronados y la chimenea iluminaba el recinto.

Era aquí donde se celebraban los ruidosos desayunos y cenas, aunque la gastronomía medieval también sorprende por su fantasía.

2. Leche de almendras, anís y azafrán

Se servían platos como pollo con arroz cocido en leche de almendras, endulzado con azúcar y aromatizado con anís, o salsas de carne a base de zumo de uva verde, vinagre, jengibre, azafrán, cebolla, clavo, canela y mostaza.

Los pescados eran protagonistas, especialmente durante la Cuaresma: desde truchas hasta esturiones, cetáceos y marsopas, estos últimos considerados "pescado real". El rey de Inglaterra, por su parte, era aficionado a las lampreas. Frances y Joseph Gies citan una orden de 1230 del sheriff de Gloucester: "Tras probar las lampreas, todo el pescado parece soso al rey y a su amante; el sheriff debe conseguir tantas lampreas como sea posible, en mantequilla y gelatina, y enviárselas al rey".

La cocina del castillo, aunque carente de modernas ollas a presión o refrigeradores, era ingeniosa. Los cocineros asaban carnes en parrillas y preparaban guisos en enormes calderos de hierro colgados de ganchos; la altura de los calderos se ajustaba para controlar la temperatura. Así vivían como reyes: ocho lujos inesperados en un castillo medieval

En los banquetes también se cuidaba la etiqueta; una miniatura francesa del siglo XV muestra un pavo real asado sobre la mesa.

3. Manos y uñas limpias

La etiqueta era rigurosa: los platos se servían en el orden correcto, los hombres atendían a las mujeres, los jóvenes a los mayores. Se exigía higiene de manos y uñas, y se utilizaban pañuelos para limpiarse la boca. No se permitía apoyar los codos en la mesa ni mezclar la carne con sal. La conversación debía centrarse en temas apropiados y los músicos animaban a los invitados.

Así vivían como reyes: ocho lujos inesperados en un castillo medieval

4. Retrete con descarga

Contrario a la creencia popular, los medievales sí se preocupaban por la higiene. Los retretes se construían ocultos en torres o en cornisas, con un canal que dejaba caer los desechos fuera del castillo, a veces aprovechando el agua de lluvia o de la cocina para enjuagar el pozo.

Una orden de Enrique III de Inglaterra (1216‑1272) demandaba la construcción urgente de un nuevo retrete en su residencia londinense, describiéndolo como "situado en un lugar inadecuado y maloliente" y asignando cien libras para su ejecución.

5. Agua corriente

Los castillos contaban con pozos dentro del keep y conducciones que llevaban agua fresca a cada nivel. Los baños se tomaban en tinas de madera bajo toldos, forradas con fino lino. En invierno, la tina se colocaba junto a la chimenea. Enrique III disponía, además, de un baño separado con agua caliente corriente, alimentado por tanques calentados en un calderón especial.

6. Calefacción por suelo radiante

Algunos castillos utilizaban el sistema de hipocausto, una calefacción por suelo radiante. Un espacio vacío bajo el suelo permitía que el aire caliente, proveniente de la hornilla, circulase a través de canales. Este método ya se empleaba en el castillo de Wawel en el siglo XI y también en Malbork y Wleń.

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7. Camas con plumón

Tras el baño, el descanso era un verdadero lujo. Las camas medievales, descritas por Frances y Joseph Gies, tenían un armazón de madera robusto y resortes de cuero. El conjunto incluía colchón de plumón, sábanas, edredones, cubiertas de cuero y almohadas. Estas camas podían desmontarse y transportarse en los numerosos viajes del señor feudal. Se rodeaban de cortinas de lino que se enrollaban de día y se bajaban de noche para garantizar privacidad y proteger del corriente de aire.

8. Privacidad con seda y diamantes

Ya en el siglo XIII, algunas habitaciones pequeñas se diseñaban para ofrecer la máxima discreción a la familia feudal, convirtiéndose más tarde en la oficina del señor y el boudoir de la esposa. Un ejemplo anecdótico relata que el rey polaco Władysław Jagiełło quiso tapizar la habitación privada de la reina Jadwiga de Anjou con seda y piedras preciosas; la reina, temerosa de un mal presagio, rechazó el gesto.