historia historica

¿Cuánto ganaban los “fenómenos de la naturaleza” en EE. UU. del siglo XIX?

Para muchos de los llamados “fenómenos”, actuar frente al público era una auténtica pesadilla y, además, poco rentable, ya que la mayor parte de la taquilla terminaba en los bolsillos de los inescrupulosos managers. Sin embargo, algunos supieron convertir esa situación en una fuente de ingresos considerable.

Desde la Antigüedad el ser diferente ha despertado una mezcla de fascinación y repulsión. El ser humano siente una curiosidad natural por lo extraño, lo raro, lo que escapa a lo cotidiano.

En el siglo XIX surgió la moda de los “freak shows”, espectáculos de curiosidades que reunían a personas con características físicas inusuales: enanos, albinos, gemelos siameses, personas con hipetricosis (exceso de vello), entre otros. Los dueños de los espectáculos pagaban a los “artistas” y luego cobraban a los espectadores.

¿Era rentable la curiosidad?

Los espectáculos atraían a multitudes ansiosas de emociones. En la segunda mitad del siglo XIX, los dueños de los circos de curiosidades alcanzaron ganancias muy altas.

Algunos casos ilustran bien la diferencia entre la explotación y la oportunidad de prosperar.

Ejemplos de ingresos destacados

Stefan Bibrowski, conocido como “Lionel the Lion Man”, sufría de hipetricosis. Tras ser comprado por un empresario alemán, viajó a EE. UU. y se incorporó al famoso circo de P.T. Barnum. Allí ganó lo suficiente para establecerse cómodamente en Coney Island, hablar cinco idiomas y vivir con buenos modales.

Alice Doherty, también con hipetricosis, comenzó a mostrarse a los dos años. En Estados Unidos llegó a retirar su pensión a los 28 años y vivió con holgura en Dallas hasta su muerte en 1933.

Charles Stratton (“Tom Thumb”), enano de 99 cm, recibía $150 semanales de Barnum, equivalentes a más de $4 000 actuales. Con ese dinero compró una casa en un barrio acomodado, ropa de calidad y hasta un yate.

William Henry Johnson, de piel negra y microcefalia, percibía $100 por actuación y, además, Barnum le regaló una casa de lujo en Connecticut.

George Costentenus, cubierto de 388 tatuajes de colores, ganaba $1 000 semanales en el American Museum. Con sus ingresos adquirió joyas valoradas en $3 000 en 1878.

Fiodor Jeftikiev, “el hombre con cara de perro”, también con hipetricosis, llegó a percibir $500 semanales y, al retirarse, acumuló unos $300 000.

Los gemelos siameses Chang y Eng Bunker

Comprados en 1829 por el mercader británico Robert Hunter, los hermanos viajaron a EE. UU. y se convirtieron en la atracción más famosa del país. En Filadelfia sus funciones generaban $1 000 semanales. En 1831, tras emanciparse, cobraban entre 25 y 50 centavos por entrada, lo que les permitía ganar $500 en nueve días en Tennessee.

En octubre de 1831, sus ingresos en Tennessee y Alabama sumaron $1 104,50; en noviembre $985,75 y en diciembre $1 447. En Demopolis, Alabama, cobraron $61 en un solo día, lo que indica una audiencia de aproximadamente 200 personas.

Aunque en Ohio los ingresos apenas cubrían los gastos, los Bunker supieron monetizar su fama: vendían cigarros, litografías y folletos biográficos. Después de diez años habían ahorrado $10 000; la prensa exageró diciendo que podrían haber acumulado entre $40 000 y $60 000, e incluso que superaron los $100 000 en 1838.

Con ese capital compraron una finca en Carolina del Norte en 1839, donde se dedicaron al cultivo de tabaco y se convirtieron en una de las familias más acomodadas del condado. En 1843 se casaron con las hermanas Adelaide y Sarah Yates y tuvieron 21 descendientes.

Conclusión

Para algunos, el “show de fenómenos” significó esclavitud y miseria; para otros, fue la puerta a una vida digna y a una verdadera fortuna. La diferencia dependía del trato del empresario y de la capacidad de los propios “artistas” para negociar sus condiciones.

Hoy podemos observar cómo la curiosidad humana sigue transformándose en negocio, aunque bajo normas mucho más éticas.