Introducción
Ellos no nos hacen daño es el último libro de divulgación sobre la persecución y deportación de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. La conmemoración internacional del Holocausto (27/1) ofrece siempre una razón válida para publicar sobre este tema, y los autores afirman que lo hacen porque la memoria colectiva está empezando a desvanecerse y, con ella, la comprensión de los peligros de la exclusión y la hostilidad hacia minorías.
Una de las autoras es Carry van Lakerveld, historiadora del arte y ex subdirectora del Museo Histórico de Ámsterdam, que fue vicepresidenta del Comité Internacional de Auschwitz (IAK) durante varios años. Junto a ella, el creador de exposiciones Victor Levie redactó el libro. Mis expectativas eran altas; el resultado, sin embargo, no las alcanzó por completo.
¿Qué pretenden los autores?
En la introducción, Van Lakerveld y Levie dejan claro que el libro no se basa en nuevos descubrimientos ni en investigación académica; es, por tanto, una obra de divulgación dirigida al gran público. Estudios realizados a finales del siglo XX mostraron que el conocimiento sobre la persecución de los judíos, sobre todo entre los jóvenes, es escaso. Los autores quieren revertir esa tendencia y evitar que la sociedad olvide los horrores del pasado, especialmente en un momento en que el populismo de derecha vuelve a ganar terreno.
Una lección de historia general
Sorprendentemente, gran parte del libro (cerca de una quinta parte) está dedicada a la diáspora judía mucho antes de la Segunda Guerra Mundial. Los autores explican que el término se refiere a la dispersión del pueblo judío fuera del territorio que hoy corresponde a Israel, empezando por la primera diáspora en 586 a.C., cuando Jerusalén fue conquistada y los judíos fueron exiliados a Babilonia. La segunda diáspora se sitúa tras la revuelta contra Roma en el año 70 d.C.
El relato avanza hacia Europa occidental, describiendo cómo los judíos fueron culpados de desastres como la peste negra del siglo XIV y perseguidos en masa. En los Países Bajos aparecen los primeros indicios documentados de presencia judía en 1295, con una calle judía en Maastricht.
Desde el siglo XVI, comerciantes judíos portugueses se establecen en Ámsterdam, seguidos por judíos de habla alemana alta en el siglo XVII. Tras la Revolución Batava de 1795, los judíos obtienen igualdad de derechos y, poco a poco, sus lenguas (portugués y yiddish) desaparecen en favor del holandés. En el siglo XIX la comunidad judía se asimila mayormente, y con la llegada del nazismo se identifican como judíos holandeses.
El capítulo dedicado a la Segunda Guerra Mundial
En la sección sobre 1940‑1945, los autores intentan explicar por qué el 75 % de la población judía holandesa fue asesinada, a diferencia de Francia o Bélgica. Analizan el título del libro, Ellos no nos hacen daño, y describen cómo la población judía holandesa fue engañada por la actitud inicialmente complaciente de los ocupantes alemanes.
El gobierno holandés y el Consejo Judío instaron a la colaboración, lo que facilitó la imposición de medidas restrictivas y la organización de deportaciones a través del propio Consejo. Cuando comenzaron los arrestos en 1941, se desencadenó la huelga de febrero en Ámsterdam; la respuesta alemana fue menos brutal pero más encubierta. Muchos judíos prefirieron el trabajo forzado en el Este antes que el riesgo de ser descubiertos en la clandestinidad, pues aún desconocían los campos de exterminio.
En contraste, los judíos belgas, en su mayoría refugiados, fueron arrestados con violencia abierta, lo que provocó que muchos se ocultaran o huyeran masivamente. La visión comparativa del libro sobre la persecución en distintos países europeos es uno de sus puntos fuertes.
Problemas estructurales y de estilo
La organización del libro deja mucho que desear. Los capítulos están divididos por temáticas y entremezclan relatos personales, pero la secuencia cronológica se rompe con frecuencia, lo que genera confusión. Además, aparecen recuadros azules de varias páginas que ofrecen información adicional (por ejemplo, la ascensión de Hitler o la Kristallnacht), dando al libro una apariencia de manual escolar.
El capítulo final, que aborda el regreso a los Países Bajos y el trato insensible que recibieron muchos judíos después de la guerra, es emotivo. Resulta impactante constatar que el antisemitismo fue más visible en los años posteriores al conflicto que antes de él, y que la frase “Ellos se olvidaron de gasificarnos” ha sido criticada por varios supervivientes entrevistados.
Ilustraciones y presentación
El libro se basa en la exposición Persecución y deportación de los judíos en los Países Bajos 1940‑1945 en Auschwitz, realizada en 2005. Incluye listas de nombres de víctimas que, aunque conmovedoras en una exposición, resultan poco efectivas en formato impreso. Sin embargo, la obra destaca por sus numerosas fotos y documentos de alta calidad, que la hacen visualmente atractiva.
El estilo de redacción es accesible, aunque presenta errores ortográficos, imprecisiones en fechas y entrevistas que varían en calidad. Las citas textuales de los testimonios a menudo resultan repetitivas.
Conclusión
El contenido no ofrece novedades académicas, pero esa no era la intención de los autores. El libro brinda una visión general clara de lo ocurrido con los judíos holandeses durante la guerra y subraya el peligro de excluir y demonizar a una minoría. En ese sentido, logra su objetivo, aunque su ejecución deja margen de mejora.