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Pío V: el terror de los burdeles en Roma

El Renacimiento en Roma estuvo marcado por la lujuria, pero a mediados del siglo XVI el papa ascético Pío V inició una dura campaña contra la prostitución.

Durante gran parte del Renacimiento la prostitución no era un tema tabú. Las famosas cortesanas acumulaban fortunas, se convertían en musas de artistas y amantes de la élite. Incluso algunos clérigos poseían “casas de placer”.

El primer intento de erradicar esta práctica lo realizó el papa Pablo IV, quien prohibió a las meretrices que mostraran ostentosamente su estilo de vida usar carruajes públicos, intentando desincentivar a los fieles de seguir sus pasos. Pero el enemigo más férreo de la prostitución sería su sucesor, Pío V.

Un inquisidor celoso

Pío V (pontificado 1566‑1572) es recordado como un papa ascético. En las procesiones caminaba descalzo, sin capa y con la cabeza rapada. Su misión era combatir la herejía, y durante años se le conoció como un inquisidor implacable, además de intentar imponer normas monásticas en toda Roma.

Pío V: el terror de los burdeles en Roma

Aunque sus esfuerzos fueron intensos, Pío V no logró expulsar a las prostitutas de la ciudad.

Una de sus bulas más controvertidas obligaba a los médicos a negar atención a pacientes que no presentaran certificado de confesión de los últimos tres meses, lo que evidenció su dureza contra las cortesanas.

Guerra contra la prostitución

La medida más drástica del pontífice fue un decreto que obligaba a todas las prostitutas a abandonar Roma. El edicto se proclamó el 20 de junio de 1566, día de Santa María Magdalena, y concedía sólo seis días para abandonar la ciudad.

El senado de la ciudad envió una delegación de cuarenta ciudadanos a protestar ante el papa, argumentando que la medida provocaría una grave crisis económica, despoblaría la ciudad, reduciría la importación de bienes de lujo y arruinaría a los comerciantes respetados. Las embajadas de España, Portugal y Florencia también presentaron sus objeciones.

Los comerciantes, muchos de los cuales eran acreedores de las cortesanas, temían no recuperar sus créditos. Además, los senadores sostenían que “donde exista celibato, la lujuria inevitablemente surge”, y que al expulsar a las prostitutas los sacerdotes acabarían atacando a mujeres respetables.

Cuando unas 25 000 personas (prostitutas y sus colaboradores) empezaron a preparar su marcha, se desató el pánico.

Menos de un mes después, Pío V se vio obligado a suspender el edicto. En su lugar, limitó la actividad prostética al barrio de Trastevere, reviviendo una práctica medieval.

Las cortesanas fueron obligadas a vestir una túnica larga y un velo que cubría ojos y boca.

Pío V: el terror de los burdeles en Roma

Pío V también instó a las prostitutas a contraer matrimonio lo antes posible; las que se negaban eran azotadas.

¿Y el resto de Italia?

Las reformas de Pío V se aplicaron principalmente en Roma. En otras ciudades, como Florencia y Venecia, la prostitución siguió floreciendo. En Florencia surgieron casas de placer famosas como La Pisanella y La Maiorchina, y con el tiempo se establecieron “guetos del placer”.

En Venecia, la situación era distinta: la ciudad ignoró durante años las normas eclesiásticas y la prostitución prosperó, favorecida por el Carnaval veneciano, que permitía a hombres y mujeres enmascarados visitar los burdeles sin temor.

Bibliografía

  1. Nickie Roberts, Whores in History. Prostitution in Western Society, Wydawnictwo Alfa, 1997.
  2. Monica García Massaque, History of Brothels. History of Pleasure Houses from Antiquity to Modern Times, Bellona, 2009.
  3. “El mega‑orgasmo mortal del cardenal”, relación entre la prostituta y la Iglesia, History! Wybcza.pl, consultado el 15/01/2020.