Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha lidiado con los desagradables efectos del alcohol. ¿Cómo combatían la resaca nuestros antepasados? Algunos remedios resultaban curiosos, otros peligrosos, pero todos demostraban una gran creatividad.
Podemos decir que la historia de la resaca es un día más joven que la del consumo de alcohol. El primer hombre que se despertó con dolor de cabeza y náuseas tras una noche de borrachera probablemente no entendió lo que le pasaba, pero pronto buscó culpables y tratamientos.
La abstinencia no era una opción; nuestro gusto por la bebida tiene raíces milenarias. Mark Forsyth señala que la cerveza apareció antes que los templos y la agricultura. Como escribe:
«Sobre esta premisa se construye una gran teoría del desarrollo humano: no empezamos a cultivar por hambre –había suficiente comida–, sino para producir cerveza.»
¿Cómo trataban entonces los efectos del alcohol? Algunas de sus soluciones eran realmente extrañas… Advertencia: ¡no intentes esto en casa!
El séquito triunfal de Baco
¡Sigue bebiendo!
Uno de los remedios más antiguos y aún usado por algunos consiste en “cortar el pelo del perro que te mordió”, es decir, beber otro trago para compensar el anterior. Así lo aconsejaba Antifanes en el siglo IV a.C. La práctica se mantuvo durante siglos.
«Incluso en el siglo XI los médicos recurrían a Hipócrates, Galeno y otros clásicos traducidos al latín, recopilados en el Regimen Sanitatis Salernitanum.»
Ese compendio recomendaba vino y otras bebidas alcohólicas para cualquier dolencia, desde la indigestión hasta la pérdida de la razón. Y, por supuesto, indicaba qué hacer cuando la dosis se excedía:
«Si al día siguiente te duele la cabeza, bebe otra copa por la mañana. Es la mejor medicina.»
Este método solo pospone los síntomas y fomenta la adicción, por eso la gente buscó alternativas.
Invoca a la Madre Naturaleza
Los antiguos creían que, si la naturaleza les daba alcohol, también podía ofrecer una cura. Así surgieron remedios basados en plantas y animales.
Los egipcios utilizaban collares de hojas de carnicero creyendo que aliviaban el dolor de cabeza. En Asiria, se servía pico de ave en polvo mezclado con resina de árbol de embalsamar. Los romanos, por su parte, consumían canarios fritos y huevos de búho (recomendación de Plinio).
Otras propuestas más extravagantes incluyen ojos de oveja marinados (Mongolia), pulmones de cerdo asados (Gales), té de excremento de conejo (vaqueros del Viejo Oeste) o anguilas crudas servidas como desayuno.
Ideas sorprendentes para combatir la resaca
Fortalece la cabeza con un cráneo
En la Inglaterra del siglo XVII, el médico de la corte del rey Carlos II, el Dr. Jonathan Goddard, recetó unas gotas llamadas “Goddard’s drops”. Su composición incluía víbora seca, amoníaco y el cráneo de un convicto recién ahorcado.
Ya en 1667, “The London Distiller” describía otro preparado:
«Cráneo humano en la cantidad indicada, triturado finamente, destilado a fuego fuerte hasta que cesen los vapores. Se obtiene un espíritu amarillento, aceite rojo y sal volátil.»
Ese brebaje se usaba no solo para la resaca, sino también para gota, inflamaciones, estómagos débiles y epilepsia.
Para los de nervios más delicados, se propuso sustituir el cráneo por musgo seco. También existía la costumbre de masticar el pene seco de un toro, práctica de sicilianos entre la Edad Media y el Renacimiento.
No temas ensuciarte…
En la Inglaterra victoriana, el trabajo sucio y el consumo de gin eran habituales. Según estadísticas de 1723, cada habitante de Londres bebía al menos una pinta de ginebra a la semana.
Después de una noche de excesos, la solución más práctica era lo que había a mano: una cucharada de lodo de carbón mezclado con leche tibia. El carbón todavía se emplea hoy para problemas estomacales.
Otra recomendación del “Medical Advisor” consistía en frotar los templos y arrojar vinagre a la garganta del enfermo.
… y suda un poco
Algunas tribus nativas americanas practicaban el “sudor de la lengua”. Tras una sesión de sudoración intensa, se lamía la piel sudorosa y se escupía la saliva. Otros métodos incluían frotar rábano picante en la frente y presionar el pulgar contra el paladar.
El escritor Kingsley Amis, en su guía “On Drink” (1972), recomendaba simplemente llorar, argumentando que la resaca era más una acumulación de emociones negativas que un problema fisiológico.
De todos los remedios históricos, el té de hierbas resulta el más sensato
Y lo mejor es tomarse una taza de té
Los chinos fueron, sin duda, los más eficaces. Desde la Edad Media, utilizaban el té de Hovenia dulcis (árbol de la pasa japonesa), mencionado en el “Tang Materia Medica” (c. 659 d.C.) como cura contra la resaca.
Estudios modernos demuestran que esta planta contiene dihidromiricetina, un compuesto usado hoy en varios fármacos anti‑alcohol. También se encuentra en la higuera de nopal, frecuente en la medicina tradicional china.
En definitiva, la mejor prevención es no excederse con el alcohol; así la resaca desaparece por sí sola.
Bibliografía
- K. Amis, On Drink, Jonathan Cape, 1972.
- S. Bishop‑Stall, The Hangover. A story about a search for rescue, Bukowy Las, 2019.
- M. Forsyth, A Short History of Drunkenness, Wydawnictwo Dolnośląskie, 2018.