«Oscuro por todas partes, sordo por todas partes… ¿qué será? ¿qué será?…» — la célebre frase de Dziady de Adam Mickiewicz ha pasado a formar parte del imaginario cultural. Pero, ¿qué sabemos realmente del rito precristiano cuyo objetivo era la reunión entre vivos y muertos?
Horror romántico: seres de otro mundo
El Romanticismo, corriente cultural que floreció entre 1790 y 1840, reavivó el interés por lo sobrenatural, la muerte y los mitos ancestrales. Poetas y escritores nacionalistas, entre ellos Mickiewicz, retomaron leyendas olvidadas y tradiciones que conectaban a la gente con sus raíces espirituales. Entre esas costumbres se encontraba el antiguo rito de los dziady, una ceremonia destinada a contactar a los antepasados.
En los dialectos populares de Bielorrusia, Polesie, Rusia y Ucrania la palabra dziady se usaba indistintamente con términos como "skirt", "radecznica" o "almas eternas". ¿Cómo celebraban los eslavos el Día de los Antepasados? ¿Qué vestigios de esas prácticas precristianas sobreviven hoy?
Es importante señalar que la representación de Mickiewicz difiere en algunos detalles del ritual auténtico. En la segunda parte de Forefathers' Eve, la escena ocurre durante la Noche de los Difuntos, en una capilla donde se reúne la gente del pueblo bajo la guía del guślarz. Se invocan, una a una, las almas en purgatorio para aliviar su sufrimiento. Según la tradición, aparecen tres tipos de espíritus:
- Luz: representada por niños (Józia y Rózia) que no sufrieron en vida.
- Indirecto: el espíritu de Zosieńka, una pastora que jugaba con los sentimientos de los mortales.
- Pesado: el fantasma de un amo cruel que hirió a sus siervos.
Sin embargo, el elemento esencial del rito era el encuentro con los espíritus de los antepasados, que temporalmente regresaban al mundo de los vivos. Este contacto requería una preparación cuidadosa y una ocasión especial.
El momento de los encuentros con los muertos
En la tradición eslava, el día de los muertos se celebraba varias veces al año, pero las fechas más importantes coincidían con los solsticios: la transición de abril a mayo y la noche de otoño, del 31 de octubre al 1 de noviembre, conocida como la Noche de Todos los Santos.
Según la creencia popular, durante el llamado Banquete de los Antepasados era necesario hospedar a las almas que regresaban, ofreciéndoles alimentos y bebidas —trigo, pan, miel, huevos o kutia— para ganar su favor, confianza y protección. Estas ofrendas se hacían tanto en los hogares como directamente en los cementerios, sobre las tumbas de los seres queridos, con el objetivo de establecer una conexión con la zona sacra.
Dziady en Bielorrusia
Una de las prácticas más emblemáticas era encender fuego para iluminar el camino de las almas errantes, evitando que se perdieran y permitiéndoles pasar tiempo con sus familiares. Hoy, esa costumbre se refleja en las velas que se encienden en los cementerios durante las festividades de noviembre.
Otra interpretación del fuego era servir como barrera contra los espíritus de muertes violentas —suicidios o ahogamientos—, pues se creía que de esos muertos podían nacer espectros, strigoi o ghoul que, en lugar de paz, traían terror al encuentro entre ambos mundos.
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Dziady: la historia de los muertos que regresan
En los rituales, un papel especial —a veces anónimo— lo desempeñaban los mendigos, también llamados dziady en diversas regiones eslavas. Eran considerados mediadores espirituales que poseían el conocimiento necesario para contactar a los seres inmortales. A cambio de sus oraciones por las almas de los antepasados, recibían alimentos especiales o donaciones.
En la obra de Mickiewicz aparece el guślarz, figura que en la religión eslava podía ser adivino, mago o chaman, guía esencial del rito.
Tanto la Iglesia católica como la ortodoxa intentaron suprimir estas costumbres y, en ocasiones, sustituyeron el ritual por sus propias ceremonias religiosas. Hoy en día, el Dziady sigue vivo en muchos movimientos paganos eslavos, donde se celebra bajo el nombre de Festival de los Antepasados.
Así, las historias de los muertos que regresan perduran no solo en crónicas históricas y obras literarias, sino también en tradiciones que siguen formando parte del patrimonio cultural de los pueblos eslavos.
Bibliografía
- Dziady. Sobre los vagabundos y sus cantos. Piotr Grochowski, Editorial Científica de la Universidad Nicolás Copérnico, 2009.
- Vampiro. Biografía simbólica. Maria Janion, Editorial Palabra/Imagen de Territorios, 1‑11‑2008.
- Mitos de los eslavos. Aleksander Gieysztor, Editorial de la Universidad de Varsovia, 01/01/1982.