historia historica

Atenas 1896: Los primeros Juegos Olímpicos modernos

Lunes de Pascua, 6 de abril de 1896. En el Panathinaiko Stadio de Atenas, una multitud emocionada presenció un hecho histórico: el rey griego Jorge I, acompañado por una orquesta y un coro, dio la apertura de los Juegos de la Primera Olimpiada, los primeros de la era moderna.

Pierre de Coubertin, nacido el 1 de enero de 1863, provenía de una familia aristocrática que valoraba la educación. A los once años sus padres, Charles y Marie‑Marcelle, lo inscribieron en el colegio St. Ignatius, dirigido por los jesuitas.

Fue la actividad de los monjes la que sembró la fascinación olímpica de Pierre. El colegio era famoso por su excelente enseñanza del latín y el griego. Gracias a su dominio del griego, el joven de Coubertin podía leer a los autores clásicos y quedó cautivado por los relatos de la antigua Olimpia.

Los jesuitas también inculcaron la competencia entre alumnos: se disputaban mejores notas en gimnasia, el honor de servir la Misa y hasta el mejor puesto en el comedor. Esa educación formó su carácter y le mostró que, a través del deporte, también se podía educar.

Viajes y pensamiento revolucionario

Entre 1883 y 1889 Coubertin viajó tres veces a Inglaterra, donde conoció a William Penny Brookes, organizador de los Juegos Olímpicos locales años antes. Ambos estaban inspirados por la rivalidad deportiva de la antigüedad, abolida por el emperador Teodosio I en el 393 d.C.

Se enteraron también de las excavaciones del arqueólogo alemán Ernst Curtius, que había desenterrado gran parte de los restos de Olimpia. Aunque Coubertin no fue el primero en revivir la idea, propuso combinar el pensamiento clásico con el deporte moderno y, de paso, ofrecer un espectáculo al público.

Atenas 1896: Los primeros Juegos Olímpicos modernos

Miembros del comité organizador de los primeros Juegos modernos

En 1892, durante el jubileo de la Unión de Sociedades Atléticas Francesas, presentó su visión. Fue recibida con entusiasmo pero también con incomprensión, lo que lo obligó a concentrarse en los detalles.

En 1894, en la Sorbona de París, convocó el Congreso Internacional donde expuso su plan. Los participantes quedaron impresionados y acordaron que la competición se celebraría cada cuatro años en una ciudad distinta. Sólo los deportistas amateurs podrían participar (las mujeres fueron excluidas hasta 1928). En esa misma reunión se decidió que la edición inaugural, prevista para 1900, se trasladaría a Atenas como homenaje a la Grecia clásica.

De la organización a la inauguración

¿Cómo llegó a celebrarse los Juegos en 1896? La respuesta pasó por la política y la economía. El gobierno griego rechazó la primera propuesta del COI por la delicada situación financiera. El proyecto se trasladó a Roma, pero los italianos lo abandonaron tras conocer los requisitos.

Luego correspondió a Budapest. Los húngaros aceptaron organizar un evento inolvidable a cambio de posponerlo para 1896, el milenio del estado húngaro. Cuando todo parecía listo, Grecia volvió a presentarse, alegando que había conseguido los fondos necesarios. El COI, seducido por el esplendor de la antigua Olimpia, aceptó la propuesta griega.

Atenas 1896: Los primeros Juegos Olímpicos modernos

Construcción del estadio olímpico en Atenas

¿De dónde salió el dinero griego? 400 000 dracmas del presupuesto estatal, 200 000 dracmas de la venta de entradas y 332 000 dracmas de donaciones privadas. El comerciante Giorgios Averoff aportó un millón de dracmas para la reconstrucción del estadio. Así se creó una instalación con capacidad para aproximadamente 75 000 espectadores, aunque presentaba una pista de 333 m con curvas muy cerradas.

El 6 de abril de 1896, a las 15:00, comenzó la fiesta.

¡A la pista, atletas!

245 deportistas de 14 países llegaron a Atenas. La participación podría haber sido mayor, pero la falta de recursos limitó la asistencia. Por ejemplo, los rusos entrenaron bien pero no pudieron financiar el viaje.

Un caso curioso es el del caminante italiano Carlo Airoldini, que recorrió a pie más de 1 300 km desde Milán en 28 días para llegar a los Juegos y apuntarse al maratón. El príncipe Constantino, hijo del rey Jorge I y juez del concurso, lo declaró profesional y rechazó su inscripción. Desanimado, Airoldini regresó a casa.

Atenas 1896: Los primeros Juegos Olímpicos modernos

Hasta 1928, solo hombres podían participar en los Juegos.

Se disputaron nueve disciplinas (atletismo, gimnasia, ciclismo, levantamiento de pesas, natación, tiro, tenis, esgrima y lucha) en 43 pruebas. El primer campeón olímpico fue el estadounidense James B. Connolly, ganador del salto triple.

Connolly, de origen humilde, venció al francés Ruffier por 101 cm. Tras los Juegos, la Universidad de Harvard lo expulsó por haber viajado a Atenas sin permiso; décadas después, a los 81 años recibió el título honorífico honoris causa de la misma institución.

Los nadadores enfrentaron una sorpresa desagradable: las pruebas se realizaron en el Golfo de Zea, con aguas de 12‑14 °C. A pesar del frío, el húngaro Alfréd Hajós ganó dos títulos. Cuando el rey Jorge I le preguntó cómo había aprendido a nadar tan bien, él respondió sarcásticamente: ¡En el agua, Su Majestad! ¡En el agua!

Vino para los héroes

En ciclismo, el griego Aristidis Konstandinidis mostró una ambición sin precedentes: recorrió la ruta Atenas‑Maratón y regreso lo más rápido posible. Cuando su bicicleta se averió, tomó prestado el vehículo de un espectador y, pese a varias caídas, ganó la prueba.

En el maratón triunfó el cartero griego Spiros Louis. El humilde mensajero mantuvo un ritmo constante mientras sus rivales se agotaban y aprovechó la hospitalidad de las tabernas del camino, como la de Pikermi, donde se refrescó con una generosa jarra de vino. Al llegar al estadio y ver que el griego iba a ganar, la multitud estalló en celebraciones. Los hijos del rey acompañaron a Louis en los últimos metros y, según la tradición, el monarca le prometió cumplir cualquier deseo, aunque la anécdota de la carreta y la tierra nunca se confirmó.

Los Juegos de la Primera Olimpiada concluyeron el 15 de abril. El rey Jorge I, para alegría de Pierre de Coubertin, anunció que Atenas podría seguir albergando futuros Juegos. Coubertin agradeció el gesto, pero su visión era más ambiciosa: quería difundir la idea olímpica por todo el mundo, y Atenas 1896 fue solo la primera, pero crucial, parada.