Introducción
La Noche de Kupała, celebrada en el solsticio de verano, cuenta con una tradición milenaria que llegó a integrarse casi sin cambios al calendario cristiano. ¿Cómo fue posible que un rito pagano no fuera totalmente cristianizado?

De la paganía al calendario cristiano
Desde sus inicios, el cristianismo temía que las costumbres paganas obstaculizaran su expansión. Cuando no podía eliminar esas prácticas, las absorbía y las adaptaba a sus propias celebraciones.
Así, la Víspera de San Juan Bautista (23‑24 de junio) se convirtió en la fecha oficial para la fiesta del solsticio, manteniendo elementos como hogueras, baños rituales, saltos sobre el fuego y coronas flotantes en el agua.
Los elementos elementales: agua y fuego
En la Noche de Kupaña los elementos agua y fuego tenían un poder purificador, similar al que la Iglesia atribuía a sus propios rituales.
El agua como aliada
En la noche más corta del año el agua se volvía benévola: desapareció la prohibición de bañarse y los demonios que habitaban ríos y lagos fueron “domesticados”. En la tradición cristiana, la víspera de San Juan incluía la bendición del agua con el mismo objetivo de purificación.

Rituales con coronas
Se lanzaban coronas al agua como ofrenda y, según una teoría, también como sacrificio para apaciguar al elemento acuático.
El baño nocturno prometía purificar cuerpo y alma, aumentar la fertilidad y la salud. Caminar descalzo sobre la hierba húmeda supuestamente potenciaba la atracción sexual.
El fuego como purificador
Se encendían hogueras rituales que simbolizaban la purificación y la protección. Saltar sobre ellas servía para borrar culpas y atraer bienestar. En las llamas se quemaban hierbas y se bailaba alrededor del fuego.
Tirar objetos al fuego representaba el abandono del pasado y la apertura a lo nuevo; incluso se “quemaban” simbólicamente a brujas que supuestamente causaban daño mediante hechizos.
Amor y adivinación
Durante Kupaña se practicaban adivinaciones vinculadas al amor, siendo la más popular la de las coronas flotantes.

Coronas en el agua
Una corona que se alejaba rápidamente anunciaba un matrimonio próximo; si se movía despacio o se quedaba atrapada, se interpretaba como mala suerte o incluso como señal de embarazo extramatrimonial. Los jóvenes también competían por atraparlas, creyendo que cuanto más coronas cogieran, antes encontrarían a su pareja.
Kupaña era, además, la ocasión en que los enamorados podían desafiar los acuerdos matrimoniales impuestos por sus familias.
La flor del helecho
Otro rito famoso era la búsqueda de la mítica “flor del helecho”, asociada a encuentros secretos en el bosque. Los eslavos creían que quien la hallara recibiría gran fortuna y poder, aunque la aparición delírica estaba rodeada de peligros: demonios, terremotos y cataclismos.

Hierbas sagradas
Las hierbas tenían un papel central tanto en Kupaña como en la Noche de San Juan. Se tejían en coronas, se arrojaban al fuego y, en la tradición católica, algunas eran consideradas sagradas: el hiperico (hierba de San Juan), el tomillo y, entre los eslavos, la artemisa.
El hiperico, conocido también como “hierba de la bruja” o “hierba de San Juan”, se usaba en medicina popular y en prácticas mágicas.
Conclusión
El cristianismo no logró erradicar por completo las costumbres paganas; en cambio, las incorporó, convirtiendo la celebración del solsticio en una tradición cristiana que preserva la memoria de los antiguos rituales. Kupaña sigue siendo, hoy, una fiesta de verano, fertilidad y amor, donde fuego y agua simbolizan la unión de los opuestos.
La Noche de San Juan (23‑24 de junio) ya no está idéntica a la Noche de Kupaña, pero el resurgimiento de la tradición eslava y los grupos neo‑paganos están revitalizando estos ritos según el conocimiento histórico disponible.
Bibliografía
- A. Gieysztor, Mythology of the Slavs, Varsovia 2020.
- J. Krzyżanowski, Dictionary of Polish Folklore, Varsovia 1965.
- A. Paluch, Ethnological Atlas of the Human Body and Diseases, Wrocław 1995.
- A. Woźniak, Female Mythical Creatures in Polish and Belarusian Folklore, Annals of Humanities 50:2002, nº 7, pp. 146‑157.