Ciudad del pecado
La capital mesopotámica era considerada el centro más desenfrenado del mundo en su época. En Babilonia, sin embargo, el sexo estaba estrechamente ligado a la religión.
Historia de Babilonia
Babilonia, situada a orillas del Éufrates (cerca del actual Al‑Hill, Irak), se fundó alrededor del 2100 a.C. Los gobernantes amorreos la convirtieron en su capital en el siglo XIX a.C. Su apogeo llegó con el rey Hammurabi, quien fortaleció el Estado, redactó un código de leyes y amplió sus territorios.
Tras la caída de los amorreos, la ciudad pasó por manos hititas, kassitas, caldeas y asirias. El periodo neo‑babilónico, iniciado en el siglo VII a.C. bajo Nabopolasar, marcó una nueva era de esplendor. El monarca más famoso, Nabucodonosor II, conquistó Egipto, Siria y Fenicia, asoló Jerusalén y amplió la ciudad con obras monumentales como la Puerta de Ishtar y el zigurat, a veces identificado con la Torre de Babel.
La diosa Ishtar y la prostitución sagrada
Herodoto, el "padre de la historia", describió en sus Historias que la prostitución era una práctica extendida en los templos de Babilonia, vinculada al culto de la diosa Ishtar, equivalente a la Afrodita griega. Según sus relatos, toda mujer debía visitar el templo de Ishtar al menos una vez en su vida y entregarse a un extraño dentro del recinto sagrado.
Ishtar era la diosa de la fertilidad, el amor y la guerra. Su culto incluía rituales sexuales que no se limitaban al matrimonio; se consideraban actos sagrados que favorecían la prosperidad del Estado.
Así, las mujeres babilónicas practicaban la prostitución sagrada como tributo a Ishtar. Los peregrinos pagaban a la mujer elegida, pero el pago era para el templo, no para la propia mujer. En algunos casos, las sacerdotisas del templo servían directamente a los fieles a cambio de ofrendas.
Defloración ritual
Una costumbre extendida era la "defloración religiosa" de adolescentes. Cuando una joven alcanzaba la edad adulta, los sacerdotes, que tenían el privilegio de ser sus primeros amantes, la iniciaban en los misterios del amor como parte del rito de paso.
El mito de la virilidad y la esterilidad
Los estudios indican que las prostitutas del templo podían quedar estériles, al igual que algunos hombres que ejercían la prostitución sagrada. Sin embargo, el sexo dentro del templo no llevaba estigma social; la prostitución fuera del contexto religioso sí era vista como degradante y carente del carácter sagrado.
Ishtar podía bendecir o castigar a los amantes. Si una relación con un extraño provocaba enfermedad o mala suerte, se interpretaba como el desagrado de la diosa.
El legado del sexo sagrado
El culto a Ishtar se difundió por todo el Oriente Próximo y se transformó en el de Afrodita en Grecia y en la adoración de Cibeles en Roma. En Asiria, la capital Nineve también albergaba prácticas similares, aunque fueron condenadas por pueblos que no compartían esas costumbres, como los israelitas.
La prostitución sagrada no fue exclusiva de Babilonia; se documentó en la India hindú, Egipto, Grecia, Fenicia, Persia, Mesoamérica y la Frigia. En la Frigia, el culto a Cibeles incluía la castración colectiva de sus sacerdotes, quienes luego practicaban la prostitución masculina para recaudar ofrendas para el templo.
Bibliografía
- Reay Tannahill, Sex History, Book and Knowledge Publishing House, 2001.
- Zdzisław Wróbel, The pleasures of a love frenzy. The Indian Art of Loving, vol. 2, Wydawnictwo Prospekt Atelier, 2001.
- Andrzej Wypustek, Family life of the ancient Greeks, National Institute for them. Ossoliński, 2007.
- Maarten Jozef Vermaseren, Cybele and Attis: The Myth and the Cult, Thames and Hudson, 1977.