historia historica

Las teorías más absurdas de la ciencia soviética

Obsesionados con la visión marxista‑leninista del mundo, los científicos soviéticos dejaron la verdad en un puesto bajo de la jerarquía. Sus "logros" resultan cómicos, si no fueran tan terribles.

Todo el mundo "sabe" que Iván Ivánovich descubrió la electricidad y que Vanya Popovich formuló la ley de flotación mucho antes de Arquímedes, al menos según algunos historiadores de la URSS. Pero la ciencia bajo la estrella roja no sólo alteró pequeños detalles de la historia; también nos dejó episodios que siguen asombrando.

Doctrina Lepieszynska

Olga Borisovna Lepieszynska, iniciada en la ciencia bajo el reinado de Nicolás II, se convirtió en una ferviente comunista. Para adaptar el conocimiento al proyecto de la Revolución Roja, la "innovadora de la ciencia soviética" negó que las células se multipliquen por división y creó su propia doctrina: todo ser vivo se origina a partir de una sustancia viva sin estructura.

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Para ella, la biología era otra arena de la lucha de clases contra el “capitalismo podrido”. Si en Occidente las células se dividían, en la Tierra de los Soviéticos debía ser distinto… (dominio público).

¿Por qué una mujer tan culta cayó en tal absurdidad? La respuesta parece simple: la verdad no encajaba con el materialismo dialéctico, que debía moldear la conciencia. Así, cualquier organismo podía ser creado libremente a partir de esa supuesta "sustancia viva".

Olga basó su patética investigación en la observación de la yema y la clara de huevo, creyendo que, así como un huevo da origen a una gallina, cualquier criatura podía surgir de otra sustancia.

«...el chantaje y otras intimidaciones fueron las herramientas que el investigador utilizó para abrir paso a conceptos pseudocientíficos. Y los pocos que se atrevieron a denunciar la ficción de una sustancia mítica terminaron en la calle o en prisión», relatan Marta y Andrzej Goworski en Scientists from under the red star.

En un laboratorio improvisado en una vivienda privada, sus allegados redactaban minuciosos informes para demostrar que todos los seres vivos provenían de una "materia viva sin forma".

Experimentos macabros

Wasilew Gerasimovich Szipacz, seguidor de Lepieszynska, intentó probar su teoría con experimentos horribles.

Según los Goworski: «...abrió las cavidades abdominales de perros y gatos y les introdujo semillas de cereales en desarrollo. Después suturó a los animales y los dejó aislados durante semanas. Al abrirlos nuevamente, encontró lo que describió como plantas dentro de los intestinos».

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El material extraído se examinó bajo microscopio; solo con la observación concluyó que las células de la semilla se habían convertido en animales y que los mamíferos contenían elementos vegetales, considerándolo prueba suficiente de la teoría de su mentora.

¿Qué era exactamente la "sustancia viva"? Nadie, ni siquiera Lepieszynska o sus alumnos, la definió claramente.

Guerra contra la genética

Tras la muerte de Stalin, la teoría de Lepieszynska decayó, pero no desaparecieron todas las tesis pseudocientíficas. El principal protagonista siguió siendo Trofim Lysenko, quien encabezó una campaña contra la genética mendeliana.

Lysenko, al igual que Lepieszynska, sostenía que las especies podían transformarse en otras bajo la influencia de factores externos; por ejemplo, aves alimentadas con reptiles podrían convertirse en una nueva especie. Rechazaba los genes como responsables de la herencia.

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Creía también en la auto‑generación espontánea: los pinos serían antiguos robles que, por alguna razón, decidieron desarrollar agujas.

En Scientists from under the red star citan a Lysenko: «...tomó una col y la sometió a cinco años de tormento —invierno cálido, verano en el campo— sin permitir que germinara en bajas temperaturas. Al final, cosechó semillas que dieron casi todas las formas de coles, coliflor, coles de Bruselas y nabos».

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El humilde horticultor Ivan Michurin, promovido a científico en sus últimos años, inspiró a Lysenko. Michurin, aunque con hipótesis poco rigurosas, logró crear híbridos resistentes al clima siberiano, lo que complació a las autoridades comunistas y difundió sus ideas por los países satélite.

El ambicioso proyecto de desviar ríos siberianos

La convicción casi divina en las capacidades humanas impulsó a científicos soviéticos a proponer desviar los ríos Ob y Yeniséi. Según Mitrofan Dawydov, el iniciador, esas aguas podrían irrigar Kazajistán y Asia Central, modificar la fauna y flora, e incluso ralentizar la rotación de la Tierra.

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El perro de dos cabezas

Vladimir Petrovich Demikhov, alumno del premio Nobel Iván Pavlov, realizó experimentos que rozan lo macabro. Por un lado, contribuyó al desarrollo de la transplanteología; por otro, se adentró en el sadismo al estilo del Dr. Frankenstein.

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Su experimento más famoso consistió en coser la cabeza y las patas delanteras de un cachorro a un perro pastor alemán, creando un monstruoso "Cerbero" que vivió varios días. En total, produjo unos veintidós perros de dos cabezas, con la pretensión de estudiar trasplantes de órganos no funcionales en humanos.

Bibliografía

  1. Asratyan Ezras Asratovich, Ivan Petrovich Pavlov. Vida, obra y estado actual de su doctrina. Moscú: Nauka, 1981.
  2. Koptelevo Afanásiy, Siempre por Lenin, en Mujeres de la revolución rusa, Moscú, 1968.
  3. Krzanowska Halina, Lysenkoism, en Biological Encyclopedia, ed. Zdzisława Otałęga, Opres, Cracovia, 1998.
  4. Panas‑Goworska Marta, Goworski Andrzej, Scientists from under the red star, PWN, Varsovia, 2016.
  5. Zubok Vladislav, Failed Empire. The Soviet Union of the Cold War period. From Stalin to Gorbachev, trad. Aleksandra Czwojdrak, Jagiellonian University Press, Cracovia, 2010.