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El espantoso secreto de un monarca eminente: ¿Fue Casimiro el Grande un violador?

Los historiadores siguen buscando excusas para él. Pero no todos los crímenes pueden justificarse.

En la Hungría del siglo XIV la reina Elżbieta Łokietkówna, hija del rey polaco Władysław I, perdió un dedo de la mano derecha. Ese rasgo físico se convirtió en motivo de rumores y desprecios, como el epíteto “la reina del muñón”.

Un rey cobarde y una reina de acero

El 1 de abril de 1330, Felician Zach, un noble húngaro, irrumpió en el comedor real y atacó al rey Carlos I de Anjou. El monarca se refugió bajo la mesa, dejando a su esposa y a sus dos hijos menores desprotegidos.

Para salvar a los niños, la reina Elżbieta se lanzó sobre ellos, recibiendo una herida que le costó cuatro dedos. Los guardias lograron detener al asesino, que murió al instante bajo una lluvia de golpes.

El hijo de Felician fue descuartizado por caballos y sus restos ofrecidos a los perros. Un tribunal de doce barones decretó la exterminación de toda la familia Zach hasta el tercer grado de consanguinidad; los parientes más lejanos fueron despojados de sus bienes y condenados a servidumbre.

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La pintura muestra al asesino y a los cortesanos quedando mudos ante la violencia.

La cruel suerte de Clara Zach

La hija de Felician, Clara, sufrió el castigo más atroz: le arrancaron nariz y labios, le amputaron ocho dedos, dejando solo los pulgares. Fue montada en caballo y exhibida en varias ciudades húngaras, obligada a gritar que quien desobedeciera a la pareja real acabaría como ella. Finalmente fue decapitada.

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En la obra aparecen la reina Elżbieta y sus hijos temerosos.

Un velo de humo

Los oficiales reales intentaron encubrir los motivos del atentado, alegando que Felician había actuado por haber perdido sus títulos. Sin embargo, dos años antes, el rey Carlos le había quitado el castillo que administraba sin confiscarle sus tierras, lo que no justifica una venganza tan extrema.

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El verdadero detonante parece estar ligado a un ultraje personal contra la reina.

Fuentes que revelan la verdad

Tres crónicas contemporáneas coinciden en que la motivación de Zach no era política sino personal: su hija Clara había sido humillada en la corte real. Un libro italiano anónimo menciona que el “sobrino del rey” —Carlos I— violó a la reina, mientras que el cronista austríaco Heinrich von Mügeln señala que el atacante era el cuñado del rey, es decir, el príncipe polaco Casimiro el Grande.

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Estas fuentes sugieren que la violación de Clara por parte de Casimiro fue el desencadenante del ataque.

El príncipe enfermo

Casimiro, hijo de Elżbieta y heredero del trono polaco, sufría una delicada salud desde niño. Sus padres lo protegían y buscaban la intervención del Papa. Para evitar que participara en la guerra contra los Caballeros Teutónicos, lo enviaron a la corte húngara de su hermana y cuñado, el rey Carlos, donde debía recibir educación política y militar.

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En Hungría, Casimiro se enamoró de Clara Zach, lo que alimentó los rumores de una relación forzada.

El oscuro episodio

Según Jan Długosz, la reina Elżbieta habría dejado a Clara a solas con el príncipe en su cámara, permitiendo que este la violara. Długosz admite que su relato está lleno de exageraciones, pero tres fuentes independientes coinciden en que hubo una agresión sexual contra Clara.

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Clara, al descubrir la vergüenza, habría pedido venganza con sangre.

Conclusiones

El caso muestra cómo la violencia política y los abusos sexuales se entrelazaron en la corte medieval. La figura de la reina Elżbieta se mantiene como un ejemplo de sacrificio, mientras que la reputación de Casimiro el Grande queda ensombrecida por estos oscuros rumores.

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