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La deificación de la hija fallecida de Nerón y el temor del Senado

Deificación de la bebé Claudia Augusta

Claudia Augusta, nacida en enero como hija de Nerón y Poppaea Sabina, murió a los cien días de vida, poco después del equinoccio de primavera. En medio del luto, el emperador ordenó que la niña fuera proclamada diosa.

El ritual de consagración

El Senado, integrado por cónsules y pretores, asistió con túnicas moradas y bordes dorados. Ante el altar, Nerón tomó una mecha impregnada del fuego del templo de Vesta y la introdujo en la llama, mientras el humo ascendía sobre el nuevo santuario construido junto al Templo de Apolo en el Palatino.

El templo se erigió en siete meses, sin importar el costo, bajo la supervisión directa del emperador. Los esclavos trabajaron día y noche mientras Nerón dedicaba todo su tiempo al proyecto, descuidando los asuntos del Estado.

La deificación de la hija fallecida de Nerón y el temor del Senado

El relato proviene del libro Vespasiano. Fuego sagrado de Roma, octavo volumen de una serie bestseller.

Reacciones en el Senado

Titus Flavius Sabinus, sentado en primera fila, intentaba contener la risa ante la ceremonia que consideraba grotesca. Había presenciado varias deificaciones y sabía que los dioses no nacen así; surgían de misterios como los de Mitra.

«Esperemos un día festivo en honor a la divina Claudia Augusta», murmuró a sus compañeros Lucio Caesio Petus y al anciano Gayo Vespasiano Pollón, quien respondió con una sonrisa cómplice.

La deificación de la hija fallecida de Nerón y el temor del Senado

El sacrificio del carnero

Se sacrificó un carnero: su sangre cayó en un cuenco de bronce, el corazón se ofreció al fuego y el hígado se colocó sobre el altar. Nerón, con lágrimas, observaba el ritual mientras los sacerdotes proclamaban: «Los dioses han aceptado a Claudia Augusta y ahora ella se sienta entre ellos».

El emperador se desplomó, pero los senadores aplaudieron y suplicaron a la nueva deidad protección para Roma.

Consecuencias políticas

Los senadores comentaron que, desde la construcción del templo, Nerón había dejado de atender peticiones y de escuchar a los condenados. Sabinus señaló que la falta de audiencias beneficiaba a personajes como Pablo de Tarso, que enviaba cartas subversivas sin ser detenido.

Petus, cuñado de Sabinus, admitió que temía la ira del emperador, mientras Nerón, alzando la mano, interrumpía la conversación y anunciaba su intención de volver al Senado para tratar la guerra en Armenia.

El espectáculo musical de Nerón

Para celebrar a su hija, Nerón tomó una lira de siete cuerdas y, con voz temblorosa, cantó un himno de agradecimiento. El canto, desafinado y caótico, fue aplaudido por los senadores, que veían en él una muestra más del poder absoluto del emperador.

Tras medio hora de música, Nerón declaró que, con la deificación cumplida, volvería a ocuparse de los asuntos del Estado, como la campaña en Armenia y la restauración del mando de Corbulo.

El relato se repite al final del artículo, recordando que la obra forma parte de la serie Vespasiano. Fuego sagrado de Roma.