El amor que trasciende la razón y roza la locura
Carl Tanzler, nacido en 1877 en Dresde, fue médico, emigró a EE. UU. y terminó trabajando como técnico de rayos X en el Hospital Marino de Key West. Allí, en 1929, conoció a la cubana María Elena Milagro de Hoyos, una paciente tuberculosa que, para él, representaba la mujer de sus visiones infantiles.
Una obsesión mortal
Tras la muerte de María, Tanzler pagó su funeral y obtuvo la llave del mausoleo donde fue enterrada. Cada día la visitaba, pero dos años después, bajo el pretexto de una “visita del más allá”, comenzó a robar el cadáver.
El macabro ritual
Durante siete años mantuvo el cuerpo en su casa, tratando de preservarlo con cera, yeso, perfume y ropa elegante. Incluso colocó un tubo de papel en la vagina de la momia para simular relaciones post mortem. Sus vecinos notaron compras extrañas y una muñeca del tamaño de una mujer en la ventana.
En 1938 la hermana de María descubrió la verdad y Tanzler fue detenido por profanación de restos y secuestro.

El cuerpo momificado fue exhibido ante miles de curiosos antes de ser enterrado en una tumba sin señal.
A pesar de la gravedad del delito, Tanzler nunca fue condenado; parte de la opinión pública lo consideró “romántico”. Murió en 1952, a los 75 años, y su casa fue encontrada con una máscara mortuoria de María y una muñeca a tamaño real.