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Entrega a tu hija a la abuela: consejos educativos del maestro ascético

Perspectiva actual sobre San Jerónimo y su educación ascética

Desde el punto de vista contemporáneo, San Jerónimo sostenía opiniones controvertidas sobre el matrimonio, la virginidad y el papel de la mujer. No dudó en compartir sus ideas sobre la crianza de los niños, ideas que harían ruborizar a los editores de revistas infantiles.

En la publicación "Curiosidades Históricas" se abordó su texto «Suciedad, hedor y virginidad. Maestro del ascetismo y consejos para mujeres», describiendo el enfoque del famoso defensor de la continencia hacia la vida femenina. Sus recomendaciones, aunque polémicas hoy, eran en su época normas respetadas para las vírgenes consagradas y, en general, para las mujeres.

El proyecto educativo para una niña consagrada

Jerónimo no se limitó a aconsejar a las mujeres. Cuando nació la hija de su amiga Paula Rzymianka, ya prometida a la virginidad antes de nacer, el asceta diseñó un programa de educación para la pequeña.

Entrega a tu hija a la abuela: consejos educativos del maestro ascético

Según el Catecismo de la Iglesia Católica, las vírgenes consagradas son mujeres que, con la aprobación de la Iglesia, eligen vivir en estado de virginidad por el Reino de los Cielos.

Aunque uno esperaría que Jerónimo abogara por ayunos estrictos, prohibiciones de baño y privación del sueño, en ocasiones muestra rasgos de buen educador, aunque plagia sin ceremonia al retórico pagano Quintiliano.

La niña consagrada recibió el nombre de Paula, en honor a la abuela de Paula Rzymianka. Uno de los primeros consejos del santo es que, al crecer, la niña abrace al abuelo y le cante un alegre "¡Aleluya!" para intentar convertirlo.

El programa educativo

Primero, es esencial elegir un maestro experimentado y culto. Este debe combinar elogios y castigos de forma equilibrada, para que la niña sienta alegría ante los aciertos y tristeza ante los errores. Además del clásico “zanahoria y palo”, Jerónimo introduce la competencia como estímulo del deseo de aprender.

Desde temprana edad, la niña debe aprender el alfabeto con letras talladas en marfil (material entonces abundante). Jugar con esas letras, reconocer su forma, sonido y orden, y practicar la escritura con un estilete sobre una tabla rayada son parte del método.

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El maestro debe evitar los típicos tablinas de cera romanas y, en su lugar, grabar las letras en la tabla para que la niña trace los trazos más bellos.

En lugar de frases infantiles como "Ala tiene un gato", se deben formar palabras con nombres de patriarcas y profetas, según listas evangélicas. Es fundamental que la niña nunca tenga contacto con obras paganas, aunque Jerónimo mismo se apoya en Quintiliano para sus recomendaciones.

El entorno familiar debe estar compuesto por personas que hablen correctamente para que la niña no adquiera malos hábitos. El ejemplo de los padres es crucial: los malos hábitos adquiridos en la infancia son difíciles de erradicar.

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La niñera o ama de llaves debe ser un modelo de virtud, alejada de cualquier escándalo, borracheras o libertinaje. Paula debe ser amable con toda la familia y su principal misión es "bombardear" al abuelo pagano con la fe cristiana, aun cuando él se oponga.

Restricciones ascéticas

Desde pequeña, Paula debe alejarse de ropas lujosas, joyas y cosméticos. Jerónimo advierte a la madre que no le queme el cabello, pues eso “llevaría al infierno”. Su objetivo es convertir a la niña en una mini monja.

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El santo también prescribe una dieta austera: la niña debe comer separada de sus padres para no estimular su apetito con los manjares romanos. Puede consumir poca carne y vino de vez en cuando, pero al crecer debe comer con mucha moderación.

Jerónimo recomienda ayunos constantes: comer lo justo para no desfallecer y poder caminar por sí misma. Asimismo, prohíbe el baño frecuente, considerando que el agua caliente incita a la lujuria carnal.

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Para Jerónimo, los hombres poseen una naturaleza propensa a la depravación y pueden desviar a las mujeres del buen camino, una postura que lo diferencia de muchos otros Padres de la Iglesia.

El papel de los varones

Jerónimo prohíbe que la niña tenga contacto con jóvenes que puedan “sonreírle como fuego”, pues podrían desviarla. Esta visión contrasta con la de otros padres de la Iglesia, que culpaban exclusivamente a la mujer del origen del mal.

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Paula, como esposa del Cristo, debe aparecer rara vez en público, solo acompañada de su madre, de esposos santos, de vírgenes consagradas, padres y maestros. No debe asistir a fiestas ni bodas.

Al llegar a la adolescencia, la niñera ya no es necesaria; la joven debe rodearse de mujeres respetables, con vestiduras austeras, rostros pálidos y miradas melancólicas, dedicándose a la oración, la vigilancia devocional y la meditación de textos sagrados.

Jerónimo es consciente de lo restrictivas que son sus normas y duda que la madre pueda cumplirlas. Por ello sugiere que la niña sea criada por su abuela Paula Rzymianka y por su tía Julia Eustochium, una vez que la madre haya destetado al bebé. Así, el vínculo materno queda secundario frente al objetivo de formar una virgen consagrada.