Wojciech Jaruzelski exigió la presencia del Ejército soviético en Polonia para combatir a Solidaridad, mientras la URSS descartaba cualquier intervención directa y presionaba para la imposición de la ley marcial. El historiador ruso Rudolf G. Pichoja, basándose en archivos de Moscú, explica cómo se gestó este proceso.
El liderazgo soviético, aunque envejecido, seguía atento a los acontecimientos. La ola de huelgas de agosto de 1980 apenas rozó Polonia y ya se había creado en Moscú una Comisión del Politburó para analizar la situación en el Vístula y proponer soluciones.

La llamada "Comisión Suslov" emitió sus recomendaciones el 3 de septiembre de 1980, apenas tres días después de que el gobierno polaco llegara a un acuerdo con los obreros de Gdańsk. Los soviéticos veían ese pacto como la legalización de la oposición anti‑socialista y pedían una contraofensiva.
Entre las medidas sugeridas estaban: centrar la atención de las autoridades en el ejército, desacreditar a los líderes opositores, promocionar los supuestos beneficios de la cooperación económica con la URSS y culpar a desastres naturales de la crisis económica, todo con el objetivo de calmar el clima social.
El ánimo no mejoró. Ante ello, la dirigencia soviética invitó a la delegación del partido‑estado polaco a Moscú para explicar la línea a seguir. La víspera de la reunión (29 de octubre de 1980), el Politburó acordó una posición común en caso de que la "contrarrevolución" en el Vístula escalara.
Convencer a los polacos de imponer la ley marcial resultó, para Brezhnev y sus colegas, la solución más sensata. Además, preferían no ser demasiado directos con los comunistas polacos por miedo a que informaran a EE. UU.

El «salario de Solidaridad»
En lugar de desplegar al Ejército Rojo, la URSS optó por una estrategia de «zanahoria»: enviar 200 000 l de diésel y medio millón de toneladas de grano, y prometer una ayuda económica de mil millones de rublos. Gran parte de esa ayuda consistía en suspender temporalmente la importación de productos polacos, como el carbón.
La reunión polaco‑soviética concluyó el 31 de octubre. Brezhnev alegó que se había desarrollado en un "ambiente de pleno entendimiento mutuo", pero al mismo tiempo se quejó de que los polacos demoraban la decisión de declarar la ley marcial.
La intervención no era una opción
Las promesas económicas no alteraron el clima social polaco y, por el contrario, los comunistas polacos no estaban dispuestos a imponer la ley marcial. Brezhnev perdió la paciencia con el primer secretario del PZPR, Stanisław Kania, a quien acusó de capitular ante Solidaridad.

Según Pichoja, el líder soviético tenía las manos atadas: la guerra en Afganistán consumía recursos y la URSS no podía abrir un frente militar en la frontera occidental. La única vía disponible era ejercer presión política sobre las autoridades polacas.
Así, los soviéticos redactaron un documento sobre la imposición de la ley marcial y lo presentaron a los líderes polacos. Brezhnev ordenó que se explicara detalladamente a los polacos en qué consistía la medida. Sin embargo, Kania y luego Jaruzelski rechazaron el proyecto.
En los protocolos del Politburó no aparece ninguna referencia directa a la preparación de una invasión soviética; solo se habla de la necesidad de la ley marcial.
Jaruzelski pide la intervención del Ejército soviético
El 18 de octubre de 1981 Kania fue destituido y Jaruzelski asumió la secretaría del PZPR. En Moscú esa sustitución se recibió con esperanza, pero pronto quedó claro que el nuevo secretario exigía la entrada del Ejército soviético a Polonia.

Andropov, presidente del KGB, informó al Politburó de las expectativas polacas. Jaruzelski citó la promesa de Brezhnev de no dejar que Polonia socialista resultara dañada, lo que provocó pánico entre los altos cargos soviéticos.
Ni Andropov ni el ministro de Defensa, el mariscal Ustinov, estaban dispuestos a enviar tropas. Brezhnev, temeroso de la petición polaca, ofreció 30 000 toneladas adicionales de carne como compensación, mientras la URSS sufría escasez alimentaria.
Los documentos soviéticos dejan claro que no solo no se quería una intervención militar, sino que se hacía todo lo posible para evitarla.
El distanciamiento de Jaruzelski
Ante la negativa soviética, Jaruzelski reaccionó con una especie de insulto diplomático. Aunque inició los preparativos de la "Operación X" (la futura ley marcial), sus negociaciones incluyeron exigencias económicas y, de nuevo, militares.

Los archivos revelan que, a falta de apoyo soviético, el general estaba muy insatisfecho. El 10 de diciembre, a menos de tres días de la declaración de la ley marcial, los soviéticos todavía desconocían si Polonia la estaba preparando o cuándo sería anunciada.
Fuentes
- Rudolf G. Pichoja, La historia del poder en la Unión Soviética. 1945‑1991, Editorial Polaca PWN, 2011.