Los cotilleos siempre han perseguido los secretos de los poderosos. Una mujer, sin embargo, batió récords en este terreno: su relación con el rey la convirtió en el centro de innumerables rumores y en la protagonista de un escándalo monumental. ¿Y si, en realidad, no se tratara de una mujer?
Cuando el heredero al trono británico, Eduardo (1894‑1972), conoció a Wallis Simpson, aún era príncipe. Ya hemos contado cómo esta ágil estadounidense capturó su atención y cómo su familia recibió la noticia. Ahora nos enfocaremos en los rumores más jugosos que rodean a la supuesta «reina británica de Baltimore».
¿Una reina hermafrodita?
Al observar la silueta y el rostro de Wallis, se perciben sutiles desviaciones de la norma. La élite británica, que consideraba inaceptable que un rey se casara con una divorciada fuera de la aristocracia, vigiló con lupa cada detalle. Así surgieron los susurros de que la pareja real podría no ser una mujer.
Los rasgos de Wallis son afilados y angulares; su mandíbula es fuerte y cuadrada, y su figura, casi sin caderas ni cintura, carece de curvas femeninas. Con algunos trucos de sastrería, en su boda con Eduardo se logró dar la ilusión de volumen en el busto y de una cintura más estrecha.
Según la biógrafa Anne Sebba, autora de That Woman, es probable que la futura reina padeciera un trastorno de diferenciación sexual, como la intersexualidad o el hermafroditismo.
Otro estudioso, Michael Bloch, vivió en la casa de la duquesa en París y, al final de su vida, la acompañó durante su coma. Sus observaciones lo llevaron a consultar a médicos, lo que dio lugar a la hipótesis de que Wallis podría haber sufrido del síndrome de insensibilidad a los andrógenos: genéticamente masculino, pero con cuerpo insensible a la testosterona, desarrollando características femeninas externas.
El biógrafo del rey Eduardo, James Pope‑Hennessy, describió sus dudas sobre el género de Wallis: «[Wallis] es una de las mujeres más extrañas que he visto… me inclinaría a clasificarla como la mujer americana por excelencia… si no sospechara que no es una mujer en absoluto». Hoy sólo quedan conjeturas; Wallis falleció en 1986.
¿Una espía nazi seduciendo al rey?
En 1936, la mayor preocupación de Eduardo VIII era encontrar la forma de casarse con Wallis. La situación política europea y las inclinaciones pro‑alemanas del rey alarmaron al establishment británico. Wallis tenía acceso a documentos secretos, a veces leyendo más que el propio Eduardo.
Según relatos, el embajador nazi Joachim von Ribbentrop la visitaba a diario, recibiendo de ella ramos de flores. Algunos insinuaron que Wallis podría haber filtrado información a los nazis, llegando incluso a llamarla espía alemana. No existen pruebas concluyentes que respalden esta teoría.
Los misteriosos «archivos chinos»
En la década de 1920, Wallis viajó al Lejano Oriente con su entonces marido, el coronel Win Spencer. Su estancia allí alimentó aún más los rumores. En sus memorias, Wallis afirmó que su esposo frecuentaba burdeles locales y la obligó a acompañarlo.
La investigadora Anne Sebba sugiere que Wallis pudo haber visitado establecimientos donde se ofrecían opio y juegos de azar, y que quizá aprendió “técnicas ancestrales de prostitutas chinas” para complacer a los hombres. No hay evidencia verificable, pero la combinación de viajes solitarios y una energía inagotable la convirtió en un blanco de chismes.
Se habla de unos supuestos “archivos chinos” que describirían los excesos sexuales de Wallis en burdeles orientales, pero nunca se ha encontrado tal documento, similar a los supuestos avistamientos de ovnis.
Legado
Wallis Simpson electrizó a la élite británica mientras la prensa corriente la mantenía en la sombra. Cuando la ambiciosa estadounidense rozó el trono, provocó una crisis que casi destruye la monarquía. Murió en el olvido, a los pies de Eduardo, sin el reconocimiento que su vida ruidosa merecía.
Fuentes
- Anne Sebba, That Woman. Wallis Simpson, Znak Literanova, Cracovia 2012.

