historia historica

Caballo, coñac y… la Presidencia: ¿Wieniawa como jefe de Estado?

El candidato inesperado

Bolesław Wieniawa‑Długoszowski era famoso por amar tres cosas en la vida: los caballos, el coñac y, según los rumores, las mujeres. También valoraba el honor del ejército polaco por encima del propio. Fue una figura controvertida de la Segunda República Polaca, protagonista de numerosos escándalos. El mayor de ellos se desató en 1939, cuando, por una cuestión de suerte, fue nombrado presidente de la República.

El caos de la campaña de septiembre

Tras la invasión alemana y soviética de septiembre de 1939, el gobierno polaco huyó a Rumanía. Allí, bajo la presión alemana, las autoridades rumanas internaron a los dignatarios polacos, pese a la amistad entre ambos países.

Caballo, coñac y… la Presidencia: ¿Wieniawa como jefe de Estado?

En esa situación el presidente Ignacy Mościcki quedó imposibilitado de ejercer sus funciones. La Constitución, en su artículo 24, permitía al presidente titular nombrar a su sucesor en caso de incapacidad.

Buscar la continuidad del poder

Mościcki había intentado ya nombrar a su sucesor favorito, el mariscal Śmigły‑Rydz, pero éste también fue internado en Rumanía. Se necesitaba un nuevo candidato, preferiblemente alguien con reconocimiento internacional. Tras sopesar las opciones, se eligió a Bolesław Wieniawa‑Długoszowski.

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Wieniawa, conocido por sus aventuras amorosas y por ser retratado en las caricaturas de la prensa, había dejado de lado la vida bohemia cuando, en 1938, asumió el cargo de embajador en Roma. Se había vuelto más serio, redujo el consumo de alcohol y se dedicó a su familia.

Su perfil internacional lo hacía atractivo: había entablado relaciones con políticos italianos, incluido el ministro de Asuntos Exteriores y yerno de Mussolini, Galeazzo Ciano. Además, dominaba ocho idiomas (seis modernos más griego y latín) y tenía la libertad de trasladarse a Francia, donde se estaba formando el gobierno polaco en el exilio.

Los obstáculos internos y externos

Mientras se preparaba la transición, surgieron viejas rivalidades entre los seguidores de Piłsudski y otros sectores políticos. La esposa de Wieniawa, la señora Bolesławowa, ya organizaba el traslado a París, cuando el general Władysław Sikorski irrumpió en la escena.

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Sikorski, francófilo y formado en la École Supérieure de Guerre, contaba con un amplio respaldo en los círculos políticos franceses. Al enterarse de la nominación de Wieniawa, comenzó una campaña para desacreditar al general, resaltando sus excesos y describiéndolo como "un alcohólico y un terrible fiestero".

Intervención de los aliados

El gobierno francés, y en menor medida el británico, se entrometieron en la decisión polaca. Un ministro francés de Relaciones Exteriores, que esa misma mañana había aceptado la candidatura, a mediodía la calificó de "desastre" y advirtió que Wieniawa no reconocería al gobierno en el exilio.

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Gracias a la presión de Sikorski, Francia rechazó la candidatura de Wieniawa. Los polacos, atrapados en Rumanía y sin posibilidades de resistencia, se vieron obligados a ceder.

El breve paso por la presidencia

Según el agregado militar del embajador polaco en Roma, Marian Romeyko, Wieniawa habría «presidido» durante dos días, pero la realidad es que nunca prestó juramento. En lugar de complicar más la situación de Mościcki, envió un telegrama solicitando ser relevado de sus obligaciones.

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Mościcki aceptó su renuncia, bajo la condición de que el general renunciara si se encontraba un candidato más adecuado. La polémica alrededor de la posible presidencia de Wieniawa‑Długoszowski sigue dividendo a historiadores y lectores: algunos la ven como una muestra del caos político de la época, otros como una oportunidad perdida para un personaje tan carismático como controvertido.