El término "Volksdeutsche" despierta las peores asociaciones: conformismo, venta de lealtades, complicidad. Después de la Segunda Guerra Mundial, casi dos millones y medio de personas poseían "papeles alemanes". ¿Fueron todos traidores?
Para los que vivían fuera del Reich pero se consideraban alemanes y deseaban la ciudadanía, los nazis crearon dos categorías exclusivas: la primera para activistas políticos de origen alemán y la segunda para quienes cultivaban la cultura y el idioma alemanes sin participar políticamente.
La oferta no escaseó. Además de las minorías alemanas en la Polonia ocupada, la mayor parte de los solicitantes provenía del Gobierno General. También participaron alemanes de la URSS y del resto de Europa conquistada.
Regreso al Reich
Con estos dos grupos – Volksdeutsche (grupo I) y Deutschstammiger (grupo II) – se diseñó el programa Heim ins Reich (Regreso al Reich), que comenzó tras la invasión de Polonia. Llegaron a los nuevos territorios alemanes colonos de Lituania, Suiza, Checoslovaquia, Bélgica y Francia.
Polacos Volksdeutsche saludan alegremente a soldados alemanes (Bundesarchiv, CC BY‑SA 3.0).
En 1942 Albert Forster, gobernador del distrito de Danzig‑Pomerania occidental, informó que casi 900 000 personas habían firmado la Lista Nacional Alemana. Era un éxito, pues el objetivo nazi era germanizar totalmente Pomerania en diez años.
Sin embargo, como señalan los historiadores, las firmas voluntarias representaron solo unos 180 000 nombres. El resto se obtuvo mediante presión y coacción.
Argumentos a favor
Leon Pawlikowski recuerda que en Bydgoszcz se difundió el mensaje de que solo las familias que firmaran la lista podrían recibir raciones de combustible. Pero la amenaza del invierno no fue el único incentivo.
El artículo se inspiró en la novela criminal de Artur Baniewicz "Cinco días con una esvástica" (Znak Horyzont).
En Alta Silesia, bajo la administración de Fritz Bracht, circuló una canción infantil que revelaba la crudeza de la elección: Si no firmas, te mandan a Auschwitz; si firmas, Hitler te envía al Frente Oriental.
Alemania temporal para el ejército
Bracht y Forster aplicaron una política liberal de germanización: cualquiera que cumpliera los requisitos raciales podía entrar en la lista. Se crearon dos grupos de ciudadanía: el más común era el III – Eingedeutsche. La ciudadanía era temporal, por diez años, tiempo en que debía demostrarse lealtad al Tercer Reich. En la práctica, negarse a firmar significaba deportación a un campo de concentración. Tras la derrota en Stalingrado, la germanización masiva sirvió principalmente para reforzar al ejército alemán.
La mayoría optó por firmar la lista (Bundesarchiv, CC BY‑SA 3.0).
Los "nuevos alemanes" incorporados a la Wehrmacht eran despreciados por sus compañeros y, en principio, solo servían en la infantería. Las deserciones fueron frecuentes; como señaló Augustyn Stolarski, la mayoría de los reclutas en uniformes alemanes ni siquiera hablaba alemán.
Poco amor ardiente por el Führer
Los números muestran la diferencia entre obtener papeles alemanes y ser partidario del NSDAP: casi el 90 % de los silanes tenían documentos alemanes, pero solo ocho mil poseían carnés del partido. Los archivos alemanes registran poco más de 700 solicitudes de ascenso a una categoría cívica superior.
Juego doble
Los portadores de la primera o segunda ciudadanía resultaron muy valiosos para la resistencia polaca. Un ejemplo es Wilhelmina Gunther, una mujer alemana de familia polonizada de Poznań. Su amante polaco, Antoni Jagła, solicitó la ciudadanía alemana pero murió en Auschwitz.
En invierno de 1942, Wilhelmina juró lealtad al Ejército de Casa como "Lobo" y se integró al grupo S‑VII. Como oficial de la Policía del Sindicato Campesino, recopiló información para el underground polaco, vigiló el ánimo policial y organizó contactos y ropa para la población.
Cuando en mayo de 1943 la Gestapo arrestó a Karol Trojanowski, jefe de la rama occidental del Ejército de Casa, Gunther también fue detenida y ejecutada el 9 de septiembre de 1944 por alta traición.
Tiempo de venganza
Antes del Congreso de Potsdam, el Comité Polaco de Liberación Nacional decretó que, tras la guerra, se iniciarían expulsiones masivas e internamientos de alemanes y Volksdeutsche – es decir, de quienes disfrutaban de los privilegios de la nacionalidad alemana. Para la mayoría de los polacos, esos privilegios consistían en evitar campos de concentración o el frente oriental.
El sentimiento de injusticia y la sed de venganza dificultaron una mirada objetiva sobre la Lista Nacional Alemana. En 1944 se adoptó una resolución de medidas preventivas contra los traidores de la nación y, tras el conflicto, se aplicó con rigor.
En los campos abandonados por los nazis se establecieron centros de internamiento y trabajo forzado (Świętochłowice, Łambinowice, Jaworzno, Mysłowice y Auschwitz). Con amplio consenso social, se aplicó la responsabilidad colectiva para excluir a los elementos hostiles de la nación polaca.
El odio hacia los colaboradores, como los miembros del Selbstschutz, se extendió a todos los que firmaron las Volkslisten. Entre los primeros detenidos en Silesia, las mujeres fueron mayoría y más del 10 % tenía más de sesenta años. Con el tiempo, los segundos, terceros y cuartos grupos pudieron rehabilitarse al jurar lealtad a su patria.
¿Quién traicionó?
Existieron verdaderos traidores. El caso emblemático es el de Wacław Krzeptowski, líder del movimiento Goralenvolk. Krzeptowski y su adjunto Józef Cukier aceptaron la ciudadanía alemana y colaboraron activamente con los nazis.
Sin embargo, casi quince mil soldados alemanes se alistaron en el ejército polaco al inicio de la guerra. Entre ellos, Karol Habsburg, propietario de Żywiec, se negó a firmar la lista y fue encarcelado en Cieszyn, donde sufrió torturas que le dejaron una mitad del cuerpo paralizada y la visión de un ojo ciega.
Estos ejemplos demuestran que la nacionalidad, por restrictiva que sea, no determina la lealtad. La identidad y la responsabilidad son decisiones individuales, a menudo tomadas bajo circunstancias extremas.
Inspiración
Este artículo se inspiró en la reciente novela de Artur Baniewicz "Cinco días con una esvástica", publicada por Znak Horyzont.