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Genocidio en Ruanda: Un millón de víctimas en 100 días bajo la mirada del mundo

El 6 de abril de 1994, un avión que transportaba al presidente de Ruanda, Juvénal Habyarimana, fue derribado. Los medios estatales culpaban a los tutsis, señalando el ataque como "el disparo de partida" para un exterminio que el mundo observaría sin intervenir.

Ruanda, con una población de unos 10 millones, es un país centro‑africano del tamaño de una provincia polaca. Su economía depende de la agricultura de subsistencia (frijoles, sorgo, camote) y sus técnicas siguen siendo rudimentarias. El presupuesto estatal es escaso, el desempleo supera el 80 % en algunas regiones y los sistemas de salud y educación funcionan a nivel muy básico.

Exterminio programado

Durante meses, la radio y la televisión estatales difundieron propaganda que describía a los tutsis como "parásitos". Con fondos del gobierno se importaron contenedores de machetes y se elaboraron listas de tutsis y hutus moderados. Se formó la milicia Interahamwe, compuesta por trabajadores, campesinos, desempleados, y también por miembros de la policía y el ejército.

Los conflictos entre hutus y tutsis, heredados de la época colonial, se transformaron en rivalidades raciales y políticas tras la independencia. Cuando los hutus accedieron a los puestos de poder, comenzaron a vengarse de la minoría tutsi, que había sido la élite dominante.

Entre abril y julio de 1994, los hutus asesinaron aproximadamente un millón de tutsis, llegando a matar unas diez mil personas al día durante cien días. A pesar de la presencia de tropas de la ONU, la comunidad internacional observó pasiva‑mente la masacre.

Genocidio en Ruanda: Un millón de víctimas en 100 días bajo la mirada del mundo

Fotos de las víctimas en el Kigali Memorial Center.

Centros de memoria

En el Memorial de Gikondo se conservan cientos de fotografías de niños y adultos, acompañadas de sus nombres y la forma en que murieron: decapitados con machete, fusilados, torturados, violados, etc.

En el Memorial de Kigali, más de 250 000 cuerpos están enterrados en los jardines del recinto, representando una cuarta parte de las víctimas. Los restos se encuentran en fosas comunes, zanjas, campos, escuelas, hospitales y hasta en los pantanos donde muchos tutsis intentaron esconderse.

Genocidio en Ruanda: Un millón de víctimas en 100 días bajo la mirada del mundo

Cráneo y objetos personales de las víctimas en Kigali.

Testimonios de los perpetradores

Los ex milicianos describen el genocidio como una “regla número uno: matar”. No existía una “regla número dos”; la organización era simple y brutal. Cada participante debía llevar un machete y demostrar su compromiso.

«El primer día el concejal del municipio nos reunió y nos ordenó matar a todos los tutsis sin excepción. No había discusiones, solo obedecer», recuerda un ex combatiente.

Desplazamiento de los hutus

Tras la ofensiva del Frente Patriótico Ruandés, alrededor de dos millones de hutus huyeron al extranjero, mientras que quienes permanecieron fueron capturados o asesinados. El éxodo desencadenó conflictos en la región, alimentando la Primera y Segunda Guerra del Congo, que dejaron más de cinco millones de víctimas.

Ruanda hoy

En la actualidad, los antiguos perpetradores conviven con sus víctimas. En Gikondo, un hombre que mató a una familia ahora cuida a la hija de sus vecinos. El discurso oficial evita mencionar hutus y tutsis; se habla de “ruandeses” como una sola comunidad, aunque el recuerdo del genocidio sigue latente.

Algunos clérigos siguen alimentando la división, mientras que otros intentan rescatar la memoria de los muertos. El turismo en Ruanda es limitado y sus habitantes deben afrontar el trauma sin mucha ayuda externa. Los periodistas son, en muchos casos, los únicos que siguen recordando al mundo la responsabilidad de aquel genocidio.