Polonia también tuvo su propio 007: Marian Zacharski
Marian Zacharski, apodado “Pay”, es presentado como la máxima figura del espionaje polaco. Como decía Czesław Kiszczak: “Fue el mejor espía polaco entre los detectados”.
Se le ha pintado como un héroe, modelo de profesionalismo. En sus memorias Zacharski se describe a sí mismo como un “super‑agente” que jugó años un “emocionante juego” con entrevistas clandestinas. Según Władysław Bułhak y Patryk Pleskot, autores de Espías de la República Popular de Polonia:
“Se convirtió en el héroe (cuando estaba en prisión) de numerosos trabajos de fin de carrera de la famosa escuela de espionaje de Stare Kiejkuty. Incluso se planeó una película titulada ‘Lo conocí en Los Ángeles’”.
Los historiadores del Instituto de la Memoria Nacional (IPN) demuestran que, en realidad, Zacharski era sólo un aficionado capaz, no un agente de élite.
¿No era un as del espionaje?
Bułhak y Pleskot, investigadores del IPN, fueron los primeros en localizar el expediente personal no público de Marian Zacharski. Su objetivo era sencillo: arrojar luz sobre la verdadera biografía del agente y contrastarla con los relatos sensacionalistas de sus libros.
“Queremos complementar estos recuerdos fascinantes pero subjetivos y a veces confusos con la documentación del Ministerio del Interior, que hasta hace poco estaba clasificada”.
Zacharski, que durante la República Popular de Polonia alcanzó notoriedad al obtener información de gran valor, debió su éxito principalmente a la suerte extraordinaria. Al inicio de su carrera admitió abiertamente que no sabía nada de “arte del espionaje”, y el Ministerio del Interior ni siquiera le ofreció un curso básico.
Novato gana la lotería del espionaje
Cuando el recién nombrado agente llegó a Los Ángeles, su misión consistía en recabar datos sobre empresas estadounidenses de maquinaria herramienta. Se instaló en Playa del Rey, cerca de lo que hoy conocemos como Silicon Valley.
Según el libro Espías de la República Popular de Polonia (Znak Horyzont 2014) de Pleskot y Bułhak, en una pista de tenis local se cruzó con William Bell, empleado de una compañía que suministraba tecnologías ultrasecretas a la aviación militar estadounidense. Esa coincidencia impulsó su carrera en el mundo del espionaje.
Vivir al lado de Bell no fue el resultado de ninguna operación planificada. Los archivos de inteligencia confirman que nadie conocía a Bell ni sus contactos; fue pura casualidad. Además, Bell atravesaba una crisis personal: estaba deprimido, endeudado por pensiones y gastos, y había perdido recientemente a su hijo, a quien Zacharski recordaba como una versión joven y enérgica de sí mismo.
El agente polaco, sin entrenamiento, se encontró en el momento justo para ofrecer a Bell la ayuda económica que necesitaba, sin sospechas ni reservas. Gracias a esa “suerte”, Zacharski obtuvo información estratégica, entre ella los planes de investigación del Pentágono para la década de 1980‑1990.
El exceso de confianza y la falta de habilidad acabaron llevándolo a la cárcel con cadena perpetua. Tras varios años, los estadounidenses lo intercambiaron por agentes de la CIA capturados del otro lado del Telón de Acero.
Conclusiones de los investigadores
Tras un minucioso análisis de los documentos del IPN, Bułhak y Pleskot resumen la actitud de Zacharski así:
“[…] crea una nueva encarnación del James Bond y embellece claramente los inicios de su relación con el Ministerio del Interior”.
Los autores añaden que “Pay”, cuya figura sigue apareciendo en los titulares de la transformación política polaca, podría estar utilizando secretos supuestamente peligrosos como herramienta de autopromoción.
Fuentes
- Władysław Bułhak y Patryk Pleskot, Espías de la República Popular de Polonia, Znak Horyzont, Cracovia 2014.
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