El trono del NKVD bajo fuego
Después de los breves mandatos de Jagoda y Yezhov, el puesto de jefe del NKVD quedó en manos de Lavrenty Beria, un sádico que disfrutaba torturando a sus prisioneros, experimentando con venenos y cometía atrocidades sexuales. Su permanencia al frente duró quince años, convirtiéndolo en el "Himmler" soviético.
El gran terror (1937‑1938)
El terror estalinista sacudió los cimientos del imperio. Ni siquiera los comunistas más veteranos estaban a salvo. Stalin necesitaba un chivo expiatorio y, sobre todo, un nuevo rostro al que confiarle el aparato represivo. Eligió a su compatriota georgiano, Lavrenty Beria, creyendo que el provinciano sin contactos en Moscú sería totalmente dependiente de él. La historia demostraría lo equivocado que estuvo.
Manipulación de la historia
Beria ganó el favor de Stalin tres años antes al encargar al rector de la Universidad de Tbilisi la redacción de una historia del movimiento bolchevique en el Cáucaso. Cuando el manuscrito estuvo listo, lo modificó para ensalzar a Stalin, ejecutó al autor y publicó el libro bajo su propio nombre.
Según su hijo, Beria estudió la psicología del dictador para anticipar sus reacciones y recopilar datos comprometedores de su juventud, con la intención de utilizarlos cuando le fuera útil.
Purga de Yezhov y consolidación del poder
Al asumir la jefatura del NKVD, Beria elaboró un inventario de los crímenes cometidos hasta entonces, de modo que sólo él asumiría la responsabilidad de los actos que él mismo ordenara. Este inventario sirvió de base para el juicio espectáculo de Nikolái Yezhov, al que se le culpó de todo el Gran Terror.
Durante el proceso, Yezhov confesó, entre otras cosas, su homosexualidad y la supuesta conspiración con dos amantes para asesinar a Stalin. Fue ejecutado y el aparato del partido respiró aliviado.
Reformas en la represión
Beria evitó los errores de sus predecesores. En lugar de purgas masivas, prefirió crear redes discretas de influencia dentro de los ministerios. Sin embargo, mantuvo y perfeccionó el uso de la tortura y los venenos en el laboratorio secreto de la Lubyanka.
El número de presos en los gulags se disparó: de un millón en la década de 1930 a 2,5 millones bajo su mandato.
Deportaciones y masacres durante la guerra
Con la invasión alemana, Beria emitió órdenes para ejecutar sin juicio a todos los polacos que considerara "desestabilizadores". La decisión sentó las bases del masacre de Katyn, donde miles de oficiales polacos fueron fusilados.
En 1941, al retroceder ante los alemanes, el NKVD masacró a miles de prisioneros para evitar que cayeran en manos del enemigo. En Lviv, por ejemplo, 3.500 internos fueron asesinados en el patio de la prisión.
Fuego amigo contra el Ejército Rojo
Ante la desmoralización de los soldados, Stalin ordenó a Beria la directiva 169, que autorizaba el disparo a sus propias tropas que retrocedían. Testimonios alemanes describen cómo unidades de la NKVD abrían fuego contra los propios soldados soviéticos, provocando cientos de miles de muertes.
Deportaciones masivas de pueblos
Entre 1944 y 1952, Beria organizó la deportación de 600.000 chechenos e ingushes a Asia Central, donde la mitad murieron en los tres años siguientes. También se enviaron 150.000 seguidores de Vlasov a regiones remotas del país.
El "Himmler" soviético y la bomba atómica
En la conferencia de Yalta, Roosevelt describió a Beria como "nuestro Himmler". Tras la reunión, Stalin encargó a Beria que movilizara todos los recursos soviéticos para desarrollar la bomba atómica. La prioridad era tal que ni siquiera se podían comprar termómetros, porque todo el mercurio se destinaba al proyecto nuclear.
Conclusión
Lavrenty Beria fue un administrador del terror cuya capacidad para combinar crueldad personal con una organización meticulosa lo convirtió en uno de los perpetradores más temibles del régimen estalinista.
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