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90 segundos: la liquidación del verdugo de Pawiak

El papel de la prisión de Pawiak en la ocupación

Pawiak ocupó un lugar especial en el mapa de Varsovia durante la ocupación alemana. Más de 90.000 personas pasaron por sus muros; la mitad no vivió para ver el fin de la guerra. Guardias brutales trabajaban en la sala de torturas de la Gestapo, pero uno de ellos destacaba por su extrema sadismo, por lo que el Ejército de Casa decidió que él debía morir primero.

El monstruo de Pawiak: Franz Bürkl

El oficial de la SS implicado era SS‑Oberscharführer Franz Bürkl. Llegó a Pawiak en 1941 como subcomandante de la prisión y, poco después, fue degradado a vigilante senior. Las fuentes indican que su caída se debió a su insubordinación y a una crueldad que superaba incluso los estándares de la Gestapo.

Bürkl acumuló una larga lista de crímenes. Probablemente fue el primero en matar a prisioneros durante los interrogatorios, a menudo motivado por el deseo de robar objetos de valor. En ocasiones, sus superiores se sorprendían al encontrar a los investigados muertos sin haber recibido ninguna orden de ejecución, algo impensable para la maquinaria burocrática alemana.

90 segundos: la liquidación del verdugo de Pawiak

La cárcel de Pawiak era una amenaza para todos los habitantes de Varsovia. De los 90.000 que pasaron por ella, la mitad fueron torturados, ejecutados públicamente o asesinados en campos de concentración.

Pero Bürkl no se limitó a asesinar a los internos; también mataba a transeúntes aleatorios por placer. Por eso, en 1943 el Estado subterráneo polaco decidió eliminarlo. La unidad de sabotaje anti‑Gestapo "Agat" del Kedyw del Ejército de Casa recibió la misión.

La búsqueda del objetivo

El primer paso fue observar al objetivo. La tarea recayó en el jefe de inteligencia de la unidad, Aleksander Kunicki, alias "Rayski". La resistencia apenas disponía de información sobre la apariencia de Bürkl; ni siquiera había una foto. Lo único que sabían era que llevaba un perro pastor alemán llamado Kastor, con el que atacaba a sus víctimas.

Kunicki decidió seguir a los guardias desde Pawiak hasta el edificio de la Gestapo en Aleja Szucha y, de ahí, al distrito alemán, con la esperanza de fijar su rutina diaria. Tras varios días de vigilancia, identificó a un guardia que podría ser Bürkl, pero necesitaba una confirmación segura.

Un compañero lo puso en contacto con Bogusław Ustaborowicz, alias "Żar", quien acababa de salir de Pawiak. Gracias a su testimonio, se supo que Bürkl vivía en la calle Polna 22, lo que permitió una observación a gran escala.

90 segundos: la liquidación del verdugo de Pawiak

Se constató que Bürkl salía de su apartamento a las 10 h, caminaba hasta el edificio de la Gestapo y, a las 12:45, tomaba un coche para volver a Pawiak. Según Piotr Stachiewicz en su libro "Parasol", la descripción física era: "estatura media, corpulento, rostro de tez oliva, nariz aguileña, uniforme de la SS con diamante y letras SD en la manga izquierda".

La planificación de la operación

Una vez completada la fase de reconocimiento, se seleccionó al pelotón 1, comandado por Jerzy Zborowski, alias "Jeremi". Junto a sus hombres, continuó la vigilancia para definir el punto y la hora del ataque. Finalmente se eligió la intersección de las calles Oleandrów, Marszałkowska y Litewska.

Se plantearon dos conceptos: un asalto con una unidad fuerte que mantuviera el combate, o un ataque relámpago con un pequeño grupo. Jeremi optó por la segunda opción, argumentando que el área estaba muy vigilada y que una fuerza reducida sería más ágil y fácil de retirar. El equipo quedó formado por cinco hombres, incluido el conductor.

El comandante de la unidad "Pegasus", Adam Borys, alias "Pług", autorizó la operación el martes 7 de septiembre de 1943.

La ejecución

El día señalado, surgieron problemas: el conductor previsto no apareció, pero se había dispuesto previamente un coche de repuesto. A las 9:48 h, "Żar" señaló a Bürkl saliendo del edificio de Polna 22, pero el hombre que vieron no coincidía con la descripción. El error se debió a que varios guardias de la SS vivían en ese mismo edificio.

Jeremi decidió confiar en el testimonio de "Żar". En cuestión de segundos, el verdadero Bürkl fue localizado y, junto a Bronisław Pietraszewicz, alias "Lot", le dispararon por la espalda. El oficial de la SS cayó muerto al instante.

90 segundos: la liquidación del verdugo de Pawiak

La esposa de Bürkl, que inesperadamente lo acompañaba, intentó atacar a "Lot", hiriéndole la cara y las manos. Los alemanes, alertados, abrieron fuego contra los partisanos. Los atacantes respondieron con sus ametralladoras, abatieron a varios policías y miembros de la SS, y decidieron retirarse.

El conductor de repuesto, provisto por el batallón "Zośka", logró evacuar a los cinco participantes pese a la intensa artillería enemiga. La operación completa duró apenas 90 segundos.

Resultado y consecuencias

Según Tomasz Strzembosz, la acción fue un éxito total: Bürkl y entre siete y nueve alemanes más fueron abatidos, sin bajas en el bando polaco. Además, el impacto psicológico fue decisivo; los torturadores alemanes dejaron de sentirse seguros, sabiendo que la unidad "Agat" seguiría persiguiéndolos.

Esta operación marcó un hito en la lucha del Ejército de Casa contra la Gestapo y sentó las bases para futuras acciones de sabotaje.