Una operación nazi antes del 11‑S
Sesenta años antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la Alemania nazi diseñó una misión que recordaba a un ataque terrorista. Con el nombre en código "Pastorius", la operación pretendía sabotear infraestructuras clave de los Estados Unidos.
¿Quién ordenó el plan?
Las fuentes no coinciden: el FBI llegó a sospechar que el propio Adolf Hitler dio la orden, mientras que otro relato la atribuye al jefe de la Abwehr, el almirante Wilhelm Canaris.
El responsable de la organización
El teniente Walter Kappe, veterano del German‑American Bund, lideró los preparativos. Kappe había vivido varios años en EE. UU. Gracias a su red entre los emigrantes alemanes, reclutó a doce hombres entre los deportados tras Pearl Harbor y los entrenó en un centro de la Abwehr cerca de Berlín.

El almirante Canaris, jefe de la Abwehr, habría sido el autor original de la Operación Pastorius.
Objetivos del sabotaje
Los saboteadores debían atacar los puntos más vulnerables: centrales eléctricas, plantas de gas, puentes, redes de suministro, estaciones de metro y, en el caso de Nueva York, objetivos de gran valor simbólico (aunque el World Trade Center aún no existía).
El objetivo no era solo el daño material, sino provocar una histeria colectiva que minara la confianza de la población estadounidense en su gobierno.
Los equipos de infiltrados
De los doce iniciales, ocho fueron finalmente seleccionados y divididos en dos grupos de cuatro:
- Primer equipo (liderado por George John Dasch): Ernest Peter Burger (36), Heinrich Harm Heinck (35) y Richard Quirin (34).
- Segundo equipo (liderado por John Edward Kerling): Werner Thiel (35), Herman Otto Neubauer (32) y Herman Haus Haupt (22).
El 13 de junio de 1942, el primer grupo llegó a una playa de Amagansett, Long Island, a bordo de un submarino alemán.
Los infiltrados vestían uniformes alemanes para ser considerados prisioneros de guerra en caso de captura y llevaban ropa civil, pistolas, radios y una gran cantidad de explosivos. Cada líder disponía de 85 000 dólares para financiar la operación.
Un encuentro inesperado
Al cambiarse a ropa civil, los saboteadores fueron descubiertos por el cadete de la Guardia Costera John C. Cullen, que los encontró mientras todavía vestían solo bañadores. Cullen intentó sobornarlos, pero al no lograr nada informó a sus superiores.

Los guardias hallaron uniformes, cajas con explosivos y botellas de licor alemán enterrados en la arena.
La respuesta del FBI
La noticia llegó al director del FBI, J. Edgar Hoover, quien lanzó la mayor cacería de saboteadores de la historia de la agencia. Se impuso un bloqueo informativo para evitar el pánico y proteger la reputación del FBI.
El segundo grupo y su captura
El 17 de junio, el segundo equipo desembarcó sin problemas en Ponte Vedra Beach, Florida, y se dirigió a Cincinnati, donde rápidamente gastó el dinero y desapareció.

Deserción y entrega
George Dasch, desilusionado, decidió entregarse. El 14 de junio llamó a una oficina del FBI en Nueva York y se presentó como comandante del grupo. Tras ser ignorado, viajó a Washington y, el 19 de junio, entregó 84 000 dólares al subdirector D. M. Ladd.

Gracias a su confesión, el FBI arrestó al resto de los saboteadores en pocos días.
Juicio militar y sentencias
El presidente Franklin D. Roosevelt ordenó que los ocho fueran juzgados por un tribunal militar, pues consideraba inaceptable cualquier otra pena. En julio de 1942, el tribunal condenó a muerte a todos, aunque las sentencias de Dasch (30 años) y Burger (cadena perpetua) fueron conmutadas tras la intervención de Hoover y el fiscal Francis Biddle.

Los seis restantes fueron ejecutados el 8 de agosto de 1942. En 1948, el presidente Harry Truman los indultó y fueron deportados a la zona de ocupación estadounidense en Alemania.
Legado
Tras el fracaso de Pastorius, los nazis dejaron de planear sabotajes en EE. UU. y se centraron en actividades de inteligencia. La operación muestra cómo un plan de gran escala puede colapsar por errores humanos y la rápida respuesta de las fuerzas de seguridad.