¿Sientes que falta algo en nuestra sociedad secular? Es natural que la gente busque creer en algo, según el filósofo y espinozista Ton de Kok. Recientemente se publicó su libro sobre el Dios de Spinoza, que ofrece una alternativa racional a la figura paternal del cielo, explicada de forma comprensible.
La filosofía no es fácil, por eso es un placer cuando alguien con conocimiento escribe una obra accesible sobre el pensamiento profundo de los filósofos. Ton de Kok, filósofo y profesor de filosofía de la religión, lo logra con El Dios para no creyentes: el Dios de Spinoza.
Fútbol y Dios
Si soy sincero, a menudo me cuesta seguir la obra de Spinoza, filósofo holandés del siglo XVII, incluso en traducciones modernas. La explicación de De Kok sobre la existencia (o no) de Dios es, en cambio, clara y fácil de entender. Además de filósofo, el autor es docente, y eso se refleja en las metáforas que emplea.
Por ejemplo, compara las religiones tradicionales con un campo de fútbol. Dios es el árbitro que castiga cuando te comportas mal. El Dios de Spinoza, Dios‑Naturaleza, está presente en todo y en todos; no juzga ni ama. No hay penalizaciones, pero tampoco hay un “cielo de los jugadores” tras marcar un gol.
La ley del más fuerte
Para Spinoza, Dios es la naturaleza y los seres humanos son una manifestación temporal de ella. Nuestro impulso es el mismo que el de los animales: sobrevivir a toda costa. El interés propio prevalece y no podemos escapar de él; eso es también naturaleza. Actuar bien o mal no depende de normas sociales, sino de lo que la naturaleza nos impulsa a hacer para preservar nuestro bienestar.
Volviendo al campo de fútbol: “Cada persona quiere permanecer en el juego el mayor tiempo posible y es implacable, porque Dios‑Naturaleza no actúa como árbitro. Aquí entra en juego la ley del más fuerte: solo los jugadores más listos, fuertes o crueles pueden expulsarte”. Suena injusto, y lo es. El sufrimiento terrenal no garantiza una vida celestial después de la muerte, y el último no será el primero. No es un mensaje particularmente alentador para quien padece.
Controlar las emociones
Lo que nos diferencia de los animales es la capacidad de pensar y tomar decisiones que favorezcan nuestro interés propio. Lamentablemente, el pensamiento suele colapsar cuando las emociones se apoderan de nosotros, llevándonos a decisiones perjudiciales para nosotros y nuestro entorno. Spinoza llamaba a esas ideas “inadecuadas”; generan sufrimiento, pero pueden evitarse manteniéndose la razón.
Un ejemplo: al terminar una relación, una idea adecuada es reconocer que la pareja ya no es beneficiosa. En cambio, una idea inadecuada sería lanzarse a otra relación impulsados solo por la lujuria.
Ideas inadecuadas a gran escala
Las ideas inadecuadas también operan a nivel colectivo y han desencadenado guerras. Si la humanidad domara sus emociones, el mundo sería un lugar mejor, afirma Spinoza. Quien busca causas en lugar de reaccionar y juzgar rápidamente llega a la comprensión. Y comprender, según el filósofo, es amar:
“Entender todas las cosas, la Dios‑Naturaleza y sus efectos, incluso los pequeños asuntos de las relaciones personales, brinda paz, resignación, a menudo alegría y, en última instancia, amor.”
¿Quién no desea eso?
Animales y la igualdad de la naturaleza
Aunque nuestras facultades analíticas nos distinguen de los animales, no somos superiores a ellos, a las plantas o a cualquier otro elemento del universo. Para los cristianos del siglo XVII, esa idea era inconcebible, pues su Dios colocaba al hombre como la corona de la creación. En Spinoza, Dios no es un arquitecto omnisciente que creó todo de la nada; simplemente no hay “nada”. Incluso al morir no desaparecemos, sino que nos descomponemos en innumerables átomos.
Dios‑Naturaleza no es una persona como el Padre celestial. Orar para que recompense o castigue es imposible bajo la visión de Spinoza, algo que resultaba impensable para sus contemporáneos cristianos.
Las imágenes a las que la gente recurrió para visualizar a Dios, según el filósofo, nacieron de visiones, sueños y fantasías de los antiguos profetas y son meras ilusiones esperanzadoras. Mientras el Dios cristiano es incomprensible (¿por qué permite que muera un niño?), la Dios‑Naturaleza no lo es: es la propia naturaleza. De Kok afirma:
“Dios‑Naturaleza no es ni buena ni mala; es visible, a diferencia del Dios cristiano.”
El autor, un creyente de Spinoza
Ton de Kok es un defensor de las teorías de Spinoza, un espinozista. Su libro contiene un tono promocional, especialmente al final, donde parece intentar convertir al lector. Para reforzar sus argumentos, cita a científicos reconocidos como Einstein, quienes, según él, comparten la visión spinozista de Dios‑Naturaleza.
De Kok escribe con la intención de abrir los ojos de los escépticos. En sus propias palabras, su “fe” le ha permitido ser una mejor persona:
“Gracias a Spinoza he aprendido a ver el mundo y a mí mismo tal como son, aceptando las leyes de la Dios‑Naturaleza y tratando de adaptarme a ellas, sea cual sea la adversidad que enfrente.”
Según él, es natural que busquemos el ego, el dinero y los placeres, aunque no siempre nos convengan. Aplicar las ideas de Spinoza —pensar y mantenerse racional— nos haría más felices y convertiría al mundo en un lugar más amable, un objetivo siempre digno.