El arquitecto holandés Han van Loghem viajó a Siberia en 1926 para diseñar viviendas para obreros. Sus conferencias posteriores y las cartas de su esposa Berthe son la base de un documental que explora esta singular experiencia. NEMO Kennislink entrevista a los creadores.
Los archivos no son solo montones de papel; son auténticos tesoros llenos de historias fascinantes que pocos llegan a conocer. El historiador Gijs Kessler, especialista en Rusia del Instituto Internacional de Historia Social (IISH), quiso cambiar eso. Junto al realizador Pim Zwier, seleccionó un archivo personal y pequeño para compartirlo con el público.
Así nació la aventura socialista del arquitecto Han van Loghem (1891‑1940) en la Rusia de los años veinte. Su modesto archivo contiene cartas, conferencias y fotografías que revelan un periodo olvidado, repleto de ideales, desilusiones, alegrías y penas personales.
¿Artista o empresario?
Van Loghem soñaba con construir casas amplias y luminosas para obreros que vivían en barrios marginales. En los Países Bajos había diseñado viviendas sociales en Haarlem y trazado calles para Betondorp, pero, según Zwier, no estaba satisfecho. “Van Loghem era más artista que empresario; en 1917 escribió que la sociedad se estaba comercializando, mientras él quería centrarse en la propia construcción, en crear”.
El contexto soviético
Tras la Revolución rusa de 1917, el ingeniero comunista holandés Sebald Rutgers (1879‑1961) fundó una colonia autónoma en Siberia, cerca del asentamiento agrícola de Kemerovo (Colina Roja). Kessler explica: “Lenín quería que Rutgers pusiera en marcha la industria del carbón y luego la entregara al gobierno soviético, sin buscar beneficios”.
Rutgers necesitaba ingenieros y artesanos cualificados para levantar la colonia desde cero y los reclutó del extranjero. Van Loghem fue uno de esos colonos y llegó a Kemerovo en 1926. Zwier señala: “Quería contribuir a una sociedad más justa; los socialistas creían que esa justicia se encontraba en la Unión Soviética. Van Loghem pensaba que allí sería más feliz”. Mientras tanto, su esposa Berthe Neumeijer (1890‑1981) y sus cuatro hijos se quedaron en los Países Bajos.
La aventura constructiva
Una vez en Kemerovo, Van Loghem encontró su elemento. Desde cero se le permitió diseñar un distrito completo con cinco mil casas obreras, escuelas y edificios públicos. Describió una productividad sorprendente: medir terrenos, dibujar planos y construir sin la burocracia habitual le permitía obtener resultados en pocos meses.
El giro político
Ese impulso se detuvo pronto. Kessler recuerda: “Tras la muerte de Lenin en 1924, Stalin adoptó una política de industrialización centralizada y deliberada. Las estructuras autónomas, como la colonia de Rutgers, ya no encajaban. En 1927 la colonia volvió al control ruso y los ingenieros extranjeros fueron cada vez más rechazados. La mayoría abandonó ese mismo año, desilusionados”.
Van Loghem siguió trabajando mientras pudo, pero los recursos humanos escaseaban. Kessler añade: “La construcción en Rusia dependía de campesinos que sólo trabajaban en obra parte del año. No había obreros especializados como en Holanda, y los campesinos preferían la madera, que se podía manejar aunque hiciera frío. No estaban interesados en muros de hormigón o ladrillo”.
Vermes y vacas
El material de archivo del documental muestra la precariedad de la vida rusa. Van Loghem se veía a sí mismo como el salvador de los obreros, según sus conferencias, pero su estilo arquitectónico no convencía.
Zwier explica: “Los obreros y campesinos de Kemerovo querían un terreno junto a su casa para una vaca, un gallinero y un huerto. Preferían una cabaña de madera independiente a una vivienda de piedra en fila. Además, los terreros favorecían la propagación de plagas”.
Los trabajadores podían opinar sobre los planes y a menudo protestaban. Van Loghem celebraba que sus casas en fila se construyeran de todos modos, bajo el argumento del progreso técnico. Kessler comenta: “Puede parecer un tirano, pero ¿no es frecuente que los arquitectos impongan sus ideas sin escuchar realmente a los futuros usuarios?”.
Triángulo amoroso
En el plano personal, la vida de Van Loghem dio un vuelco en Kemerovo: se enamoró de Tini, una socialista holandesa que también trabajaba en la colonia. Kessler afirma: “Fue más que un romance; fue una etapa de gran realización personal que lo alejó cada vez más de su vida en los Países Bajos”.
Su esposa Berthe, inquieta, viajó a Siberia para intentar salvar el matrimonio. En sus cartas a sus padres, apenas menciona la tensión; habla del esplendor del paisaje siberiano o de las condiciones insalubres de la colonia.
Regreso y legado
Con la creciente hostilidad hacia los extranjeros bajo Stalin, la pareja decidió regresar a Holanda. Allí Van Loghem encontró dificultades para trabajar, pues su etiqueta comunista le cerró puertas. Apenas construyó algo más hasta su muerte en 1940, aunque siguió impartiendo conferencias y publicando artículos especializados sobre su experiencia siberiana.
Mucho después, Berthe empezó a redactar sus memorias. Solo escribió diez páginas, pero junto a las cartas y fotos conservadas del periodo ruso forman la base del documental “Construyendo en medio de la soledad”.
Recursos y testimonios
Los realizadores viajaron a Rusia en busca de material de archivo; gran parte proviene del museo de Kemerovo. Se presentan películas y fotografías en blanco y negro de la construcción, de los obreros en las fábricas y del impresionante entorno natural. Los textos de cartas y conferencias son leídos por los actores Gonny Gaakeer y Stijn Westenend.
Zwier explica: “Decidimos usar solo textos e imágenes de los años veinte para transportar al espectador a esa época, siguiendo la perspectiva de Han y Berthe”.
Kessler concluye: “Nos emociona abrir cajas de cartas y fotos que surgieron del ático de gente; son una ventana preciosa a la historia”. El documental no solo lo demuestra, sino que invita al público a conservar sus archivos familiares, pues podrían ser la pista que un investigador necesita.