historia historica

David Rijser: los clásicos se leen con la mirada del presente

La antigüedad sigue viva en nuestro día a día. Desde series de televisión como The Sopranos hasta un reciente discurso en latín del político Thierry Baudet, el profesor David Rijser, de la Universidad de Ámsterdam, muestra en una charla vespertina cómo los mitos clásicos continúan ofreciendo ideas frescas.

«¿Por qué leer textos escritos hace milenios? Porque siempre nos aportan algo nuevo. No podemos abandonar las historias clásicas», afirma Rijser durante su conferencia From Ovid to The Sopranos. «Al estudiar mitos clásicos llevamos siempre nuestra propia perspectiva; por eso es posible extraer interpretaciones que nadie más ha visto».

El público, compuesto mayoritariamente por jóvenes que buscan una noche de aprendizaje informal, se reúne en el College‑Club para la segunda parte de la serie The Power of Myths, que investiga la vigencia de la literatura de la Antigüedad.

Según Rijser, hoy la recepción del texto pesa más que el propio texto. Esa es la esencia de la teoría de la recepción: los escritos pueden tener múltiples significados, pero lo esencial es cómo los recibe el público, tanto en la época de su creación como en la actual. El patrimonio cultural, como los textos clásicos, se transforma en cada transmisión; interpretar un texto suele significar interpretar una interpretación anterior.

Cicerón en todas partes

Rijser centra parte de su exposición en las Catilinarias de Cicerón. «Casi nada de esa época se conserva tan bien como la obra de Cicerón, y eso es tanto una bendición como un problema, porque nos ofrece una visión sesgada», explica.

Este argumento se refleja en su nuevo libro Una Antigüedad siempre nueva, donde explora la relación entre la cultura contemporánea y el legado clásico.

Las Catilinarias son una serie de discursos en los que Cicerón, entonces cónsul, acusa a Catilina de planear un golpe. Las respuestas de Catilina no sobreviven, lo que deja la versión ciceroniana como la dominante. Solo algunos textos italianos posteriores le dan una visión más favorable a Catilina, pero son escasos.

Rijser muestra cómo los clásicos influyen en otras épocas si sabemos dónde buscar. Por ejemplo, las estructuras de autoridad de la familia mafiosa en The Sopranos recuerdan los sistemas de patronazgo‑clientela del Imperio romano, donde un protector rico respaldaba a clientes de menor rango a cambio de servicios.

También señala paralelos entre el conflicto de los Catilinarias y la rivalidad entre los Pazzi y los Medici en la Florencia renacentista. Así como Catilina y Cicerón fueron enemigos políticos, los Pazzi y los Medici pasaron de ser aliados a acusarse mutuamente de conspiración.

Latín para la élite

El ejemplo más reciente proviene de la Cámara de Representantes holandesa, donde Thierry Baudet pronunció su discurso inaugural en latín, basándose en la primera catilinaria de Cicerón. Rijser comparó el texto de Baudet con el original, señalando errores gramaticales y, sobre todo, un uso superficial del discurso cicerónico.

Rijser recreó la escena: caminaba de un lado a otro, gesticulaba y alzaba la voz imitando a Cicerón, cuyo estilo era confrontativo y dirigido a un solo adversario. Baudet, en cambio, se mantenía tranquilo, hablaba a toda la cámara y utilizaba el pasaje cicerónico como mero adorno para impresionar, sin que encajara con su mensaje.

«Probablemente Baudet piensa que el latín eleva el nivel intelectual del Parlamento», comenta Rijser, «pero esa idea es autoritaria, pues el latín siempre ha sido una lengua de élite. Hoy podría ya no ser tan exclusiva».


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