Se estima que alrededor de 60 000 holandeses huyeron de su país durante la Revuelta. La mayor parte se instaló en el Rin alemán, donde fundó iglesias de refugiados. La teoría dominante sostenía que allí se radicalizaban, pero una investigación reciente muestra que la radicalización fue mucho menos generalizada.
El proyecto, dirigido por la profesora Mirjam van Veen, historiadora de la iglesia en la Universidad Libre de Ámsterdam, está creando una base de datos que recopila toda la información disponible sobre los refugiados holandeses entre 1550 y 1618. Los resultados ya están cuestionando ideas aceptadas sobre la composición y el comportamiento de esta comunidad.
Una frontera difusa
Van Veen señala que la división entre “holandés” y “alemán” es una construcción del siglo XIX. En el siglo XVI, las zonas fronterizas estaban mucho más entrelazadas; no existía una frontera lingüística clara y la diferencia entre un habitante de Ámsterdam y uno de Arnhem era mayor que la que separaba a un holandés del Rin.
Origen y motivos de la emigración
Los refugiados escaparon de la intolerancia creciente tras la Iconoclasia de 1556 y de la guerra que estalló en 1568, bajo el reinado católico y poco tolerante de Felipe II de los Habsburgo. La mayoría provenía de áreas cercanas al Rin, lo que facilitó el mantenimiento de contactos con su tierra y los desplazamientos de ida y vuelta.
En busca de trabajo
El perfil socio‑económico de los emigrantes era heterogéneo: ricos y pobres, protestantes y católicos. Unos 20 % de los individuos documentados eran jóvenes que buscaban empleo; la elección de ciudades católicas como Colonia respondía, en muchos casos, a razones económicas más que religiosas.
Compromisos religiosos
La acogida varió según la ciudad. En Fráncfort, los gremios temían la competencia y los holandeses reformados rehusaron cualquier compromiso doctrinal, lo que llevó a los luteranos locales a cerrar su iglesia de refugiados. En otras urbes, los refugiados pudieron ejercer su fe o integrarse en congregaciones locales, como la reformada de Aquisgrán o la luterana de Wesel.
¿Radicalización o adaptación?
Contrario a la visión tradicional, la mayoría de los refugiados no se radicalizó. Se adaptaron, establecieron nuevas vidas y permanecieron en el Rin. Aquellos que regresaron a los Países Bajos eran, en su mayoría, pastores exiliados, pero tampoco mostraron una inclinación extrema. En Goch, por ejemplo, se practicó un servicio conjunto protestante‑católico, con la separación solo durante la misa. Este modelo se intentó replicar en Utrecht por el predicador Hubert Duifhuis, sin éxito.
Van Veen explica que la intolerancia holandesa del siglo XVI se basaba en la tradición de un solo credo oficial, mientras que los alemanes practicaban un “vivir y dejar vivir” más tolerante.
Calvino sobrevalorado
La imagen del refugiado radical proviene de la teoría del historiador del siglo XIX Aad van Schelven, quien veía a los holandeses como un pueblo elegido que abrazaba el calvinismo radical. Van Veen desmonta esta idea, señalando que la experiencia de la guerra y el exilio varió enormemente entre individuos.
Van Schelven, discípulo de Abraham Kuyper, heredó una visión sesgada que favorecía a Juan Calvino como el gran reformador neerlandés. Sin embargo, tras 1650, figuras como Heinrich Bullinger tuvieron mayor influencia, aunque hoy su nombre ha quedado casi desconocido.
Una herramienta digital
Para difundir estos hallazgos, Van Veen ha desarrollado una aplicación móvil que muestra rutas ciclistas, información sobre la vida cotidiana de los refugiados y el intercambio cultural con los alemanes. La app destaca lugares como la iglesia reformada oculta de Rees y la ruta escénica Nijmegen‑Gennep, además de personajes como el erudito católico Dirck Volkertsz Coornhert y el pastor hugonote Herman Herbers.
Así, investigadores y público en general pueden explorar la historia de los refugiados holandeses en el Rin a través de mapas interactivos y recursos documentales.