¿Pensar hoy es lo mismo que pensaban hace milenios? David Rijser, profesor asistente de Lenguas Clásicas e Historia Cultural en la Universidad de Ámsterdam, sostiene que no. En su folleto temático para la Semana de los Clásicos, El pórtico de los vecinos. Imaginaciones del pensamiento en la Antigüedad, explora cómo la representación del pensamiento ha variado desde la Grecia clásica hasta el Imperio romano.
El filósofo pensativo: un mito del siglo XIX
Cuando imaginamos a los filósofos antiguos, suele venir a la mente la figura del sabio encorvado, similar a "El Pensador" de Rodin. Esa imagen, popularizada en el siglo XIX, se ha mantenido, pero no refleja la percepción original de los filósofos.
Conversar con el diafragma
Para los griegos, pensar equivalía a dialogar internamente, como si la mente conversara con el cuerpo. Rijser cita a Homero, quien hace que sus personajes dialoguen con partes de su anatomía; el diafragma, por ejemplo, se consulta al tomar decisiones. Así, el pensamiento no era un proceso abstracto aislado, sino una actividad práctica y orientada a la solución.
Poesía vs. crónica
Los filósofos griegos valoraban más la capacidad de narrar que la precisión factual. Según Rijser, "la poesía se orienta a lo universal, mientras que la historiografía se ocupa del hecho concreto". Los hechos, en esa visión, pertenecían al ámbito de los trabajadores y esclavos.
Emoción y duda en la literatura latina
En la época imperial romana, el pensamiento seguía siendo práctico, pero surgió un espacio para la duda. Los romanos comenzaron a describir la incapacidad de encontrar siempre una solución, y se dedicaron a la auto‑examinación mediante preguntas.
El triángulo de verbos de Catulo
Rijser ilustra este cambio con el poeta Catulo (c. 84‑c. 50 a.C.): «Odio y amo a ella. ¿Por qué? No lo sé. Lo siento y me destruye». El conjunto de verbos «nescio‑sentio‑excrucior» (no sé‑siento‑me torturo) muestra la alternancia de emociones que surge cuando el pensamiento y el sentimiento se entrelazan. En latín floreció la tradición del monólogo interior, donde la razón cede paso a la emoción.
Textos eróticos y San Agustín
En la última página del folleto, Rijser destaca que San Agustín, uno de los Padres de la Iglesia más influyentes, empleó el lenguaje de los poetas eróticos romanos, como Catulo, para describir sus diálogos con Dios. Allí el pensamiento deja de ser meramente práctico y se vuelve una búsqueda llena de duda y sentimiento.
La reputación cambiante de los filósofos
Los filósofos de la Antigüedad no siempre fueron vistos como los profundos pensadores que los pintó el siglo XIX. Incluso Sócrates, en su tiempo, fue percibido como un excéntrico, poco confiable y alejado de la vida cotidiana. Con el paso de los siglos, su imagen pasó de "satírico salvaje" a "sabio venerado", demostrando cuán mutable es la historia según la época que la narra.
En conjunto, el estudio de Rijser muestra que la manera de pensar ha evolucionado de una práctica orientada a la solución a una reflexión que admite la duda, la emoción y la autocrítica, sentando las bases de la forma de pensar moderna.