historia historica

Descubriendo el tesoro digital de los Registros de Peaje del Øresund

Casi dos millones de barcos pagaron peajes a los reyes de Dinamarca entre 1497 y 1857 al cruzar el estrecho del Øresund. Cada paso quedó anotado y, hoy, casi todos esos registros están digitalizados, revelando una enorme cantidad de información sobre el comercio marítimo.

El megaprojecto que busca la digitalización total de los llamados Registros de Peaje del Øresund está a punto de concluir; queda apenas un 7 % por completar. Un doctorando japonés describió los datos ya disponibles sobre los pasajes a la cuenca del Báltico como "más excitantes que la pornografía", según su supervisor de la Universidad de Kioto, y no era una ironía.

El "comercio madre"

Desde el final de la Edad Media, la flota holandesa – primero escasa y luego espectacular – surcó el Øresund para abastecer la costa báltica de arenques, sal y azúcar, a cambio de madera, mástiles, brea e hierro. Estos productos fueron la base del poder militar y comercial sin precedentes de la República de los Países Bajos durante su Edad de Oro. Sin madera no había barcos; sin barcos, no había comercio. De ahí el nombre de "comercio madre".

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Desde aproximadamente 1500, esta ruta comercial creció en tamaño y rentabilidad. Para llegar al codiciado Báltico, los capitanes debían atravesar el estrecho del Øresund, donde los recaudadores daneses – y más tarde suecos – cobraban sus peajes en Helsingør (Dinamarca) y Helsingborg (Suecia), separados por apenas 4,5 km. Ese negocio se volvió una fuente de gran riqueza para los reyes daneses, que también controlaban la zona sueca de la época.

Una montaña de papel por digitalizar

Generaciones de escrivanos anotaron cada paso en los peajes, acumulando un total de 1,8 millones de registros. A mediados del siglo XIX, los estados europeos, liderados por el Reino Unido, pusieron fin a esos pagos engorrosos y compraron la soberanía danesa sobre el paso.

¿Qué hacer con esa colosal pila de documentos almacenada en el Archivo Nacional de Copenhague, ahora Patrimonio Mundial de la UNESCO? La única respuesta: digitalizarlos y hacerlos buscables.

Investigadores de la Universidad de Groningen y de Tresoar iniciaron el proyecto hace unos diez años, con la ayuda de una iniciativa de empleo protegido en Nijmegen. Desde 2013, una legión de voluntarios colaboró y, para 2020, se esperaba que la base de datos estuviera terminada. No hay que esperar tanto: los datos están en línea desde 2011 y siguen creciendo.

Actualmente, 1,7 millones de pasajes están digitalizados y accesibles en la web; faltan unos 125 000, equivalentes a 242 000 registros, porque un mismo pasaje podía incluir varias anotaciones (por ejemplo, el llamado "dinero de fuego" para el mantenimiento de faros, calculado según carga y tamaño del buque, abolido después de 1633).

Variaciones ortográficas

El investigador y líder del proyecto desde sus inicios es Jan Willem Veluwenkamp, junto a su co‑líder Siem van der Woude, de Tresoar. Ambos esperaban tener el proyecto listo en 2011 (luego 2013), pero la complejidad del danés del siglo XVII los hizo retroceder. Veluwenkamp, recién jubilado, asegura que "se comerá su sombrero" si no finaliza en 2020.

Veluwenkamp explica: "En aquella época no existía una ortografía estándar, ni siquiera en danés. La gente escribía como le parecía, siempre que se entendiera. Encontramos doscientos grafías diferentes para 'Ámsterdam' en los registros. Y la forma de escribir 'Boulogne‑sur‑Mer' por un funcionario danés del siglo XVII variaba mucho. No es malo, pero sí muy difícil para los digitalizadores".

La arteria de la economía europea

El Øresund fue la arteria del comercio europeo. En el siglo XVII, la mitad de los barcos que lo cruzaban eran holandeses; en el XVIII, predominaban los de Frisia. A veces, hasta cien embarcaciones – de tipos como «kofschip», «smackschip» o la mayor «flute» – esperaban en el Kattegat o el Skagerrak a que soplara el viento favorable. Con el tiempo, se sumaron otras nacionalidades y productos de lujo, como vino y tabaco franceses, que llegaron al interior a través de puertos como Riga, Danzig y Stettin.

Con solo introducir algunos términos de búsqueda, se puede observar, por ejemplo, que en el siglo XVIII el café se exportaba principalmente de Francia al Báltico. Entre 1700‑1720, la República holandesa exportó 1.748 libras, mientras que Francia no exportó ninguna. Veinte años después (1741‑1760), Francia dominó con el 76 % del mercado (más de dos millones de libras) y Holanda quedó relegada al 16 %.

Posibilidades ilimitadas

Veluwenkamp comenta: "Los datos permiten seguir la evolución de flotas, centros de distribución, especializaciones y la posición dominante marítima y comercial de cada país. Por ejemplo, el café, como producto de lujo, llegaba a Rusia, Polonia y los Estados Bálticos, y con el tiempo se comercializaba incluso en Viena a través del comercio báltico".

Si se desea saber cuántos capitanes de Oude Pekela cruzaron el Øresund hacia el oeste entre 1760 y 1800 (un pico de 160 en 1792), basta con consultar la base. Los puertos de salida Memel y Pillau lideran, seguidos de cerca por Stettin y Königsberg.

En resumen, las posibilidades son infinitas. Incluso sin una consulta concreta, se puede explorar indefinidamente. Hacer que los libros de peaje sean buscables y ordenables en línea constituye una herramienta esencial para comprender la historia económica de Europa y explica por qué el estudiante japonés quedó tan fascinado.