La revolución batava: una experiencia singular
Tras la Revolución americana (1776) y la francesa (1789) surgió en 1795 una revolución en los Países Bajos que dio origen a la República Batava. Su objetivo era crear un Estado más democrático y centralizado, pero lejos de ser una mera copia de los modelos francés o estadounidense, mostró un carácter idiosincrásico y radical propio.
En la historiografía neerlandesa la etapa batava (1795‑1810) sigue siendo poco conocida. En 1987 se publicaron numerosos estudios sobre la época de los patriotas (1780‑1787), pero la República Batava quedó prácticamente fuera de la memoria colectiva. Algunos historiadores la consideran un simple «incidente», mientras que otros piensan que su influencia francesa la hace poco interesante. Ambas opiniones han contribuido a su olvido, y desde Patriots and Liberators de Simon Schama no se ha producido una síntesis innovadora del periodo.
Derechos humanos
Cuando las tropas batavas‑francesas entraron en los Países Bajos en enero de 1795, los representantes provisionales de Holanda redactaron y publicaron una Declaración de Derechos Humanos. El 26 de enero se tomó la decisión, el 29 estaba lista y, dos días después, el Consejo Provincial de Holanda la aprobó. Según el patriota moderado Johan Hendrik Swildens, este texto pudo haber servido de modelo para la Declaración francesa de 1795.
La declaración provincial holandesa no se parece ni en forma ni en contenido a la francesa ni a la americana. Después de ella surgieron cinco propuestas nacionales (diseños Hahn, Floh y De Mist, entre otros) que fueron debatidas en la Asamblea Nacional entre 1796 y 1798. Cada versión fue corregida, criticada y mejorada; la última se presentó como un «tratado social» adjunto al proyecto constitucional de 1797.
En 1798 los legisladores optaron por “principios generales y normas civiles y políticas básicas”, un concepto desconocido en Francia. El texto, de 72 artículos, está pensado para la realidad neerlandesa: regula bancos de cambio, el comercio colonial y otras cuestiones propias del país.
El proyecto constitucional de 1798 también refleja la originalidad batava. Los patriotas radicales organizaron elecciones indirectas en las que los ciudadanos nombraban a los candidatos elegibles; si el resultado era ambiguo, se decidía por sorteo, una práctica recomendada por Rousseau pero desconocida en Francia.
El embajador francés Charles Delacroix intentó introducir instituciones francesas como el jurado o el juez de paz, pero no fueron incorporadas al texto batavo. Las únicas modificaciones exigidas por París afectaron al control del poder legislativo y a la prohibición de reuniones de sociedades políticas sin autorización.
Códigos para la nación batava
En la codificación los juristas batavos apelaron a la tradición nacional, especialmente a Hugo de Groot. Entre 1801 y 1804 se elaboraron proyectos que mostraban una clara voluntad de basarse en fuentes propias.
En el Código Civil, por ejemplo, la mayoría de edad se fijó en 23 años, frente a los 21 franceses. En materia de familia, los batavos fueron más liberales: los hijos ilegítimos podían heredar por parte de la madre y se debatió la igualdad jurídica entre hombres y mujeres. También se amplió el número de causales de divorcio para proteger a la mujer de un marido abusivo, con el objetivo de fomentar la natalidad.
En derecho penal, sin embargo, la actitud fue más conservadora. Se buscaba una sociedad ordenada y disciplinada, con penas duras para ladrones, vagabundos y mendigos. La tortura se abolió rápidamente, pero el castigo corporal (azotes, marcas) persistió, a diferencia de Francia (1791) y de la mayoría de los Estados americanos.
Una cultura nacional
La República Batava también siguió su propio camino en materia cultural. Se dio prioridad a la educación primaria para que todos los niños supieran leer, escribir y contar, mientras que la educación superior recibió menos atención. El objetivo era evitar la mendicidad y promover la prosperidad de todos los ciudadanos.
Se organizaron festivales nacionales para fomentar el sentido de hermandad, aunque la población los recibió con escasa participación y, en ocasiones, con alcoholismo. El ministro de Educación Nacional, Johannes van der Palm, destinó los escasos recursos a la mejora de las escuelas primarias.
El ministro Isaak Gogel impulsó la creación de una «galería nacional» en 1800, precursora del Rijksmuseum, que exhibía pinturas de héroes navales y de la Revolución Batava, pero evitaba los retratos de revolucionarios franceses o estadounidenses. Los intentos de erigir un monumento nacional al estilo francés tampoco prosperaron.
Perdón y olvido
La revolución cultural batava fracasó, en parte por la escasez de recursos y tiempo, pero también por el desencanto popular. Tras la anexión napoleónica en 1810 y la posterior restauración en 1813, se adoptó una política de «perdón y olvido». Los manuales escolares borraron o reinterpretaron los quince años de revolución, presentando a los neerlandeses como víctimas pasivas de la influencia francesa.
Si los Países Bajos hubieran permanecido independientes, los patriotas probablemente habrían seguido orgullosos de sus reformas. En cambio, la incorporación como departamento francés dificultó la valoración positiva de la revolución batava, que quedó marcada como un episodio de debilidad interna y pérdida de estatus internacional.