Antecedentes históricos
Cuando Moscú amenaza con intervenir para “proteger a una minoría” vinculada a Rusia, el mundo debe estar alerta. En las dos ocasiones en que Rusia aplicó con éxito esta doctrina, el país se vio arrastrado a una guerra mundial.
1914: la chispa de la Primera Guerra Mundial
Exactamente un siglo atrás, la crisis en los Balcanes desencadenó la Primera Guerra Mundial. Bosnia‑Herzegovina, anexionada por Austria‑Hungría, era reclamada por nacionalistas eslavos. Rusia, bajo la excusa de defender a los eslavos “hermanos”, buscó frenar la influencia germano‑austriaca en la región y fue el primer país en movilizar su ejército, escalando el conflicto.
1939: la invasión de Polonia y la Segunda Guerra Mundial
En 1939, la Unión Soviética invadió Polonia desde el este alegando proteger a las minorías ucranianas y bielorrusas. La justificación era absurda, ya que Stalin había perseguido a esos mismos pueblos años antes. El verdadero objetivo era crear una zona tampón frente a la Alemania nazi.
Conflictos recientes
En 2008, durante la breve guerra contra Georgia, Rusia volvió a citar a la población de habla rusa como motivo de intervención. En los años 90, el argumento sirvió para condenar los bombardeos de la OTAN a Serbia. La anexión de Crimea en 2014 marcó la primera expansión territorial forzada de un Estado europeo desde la Segunda Guerra Mundial.
Conclusión
Rusia siempre buscará una minoría que legitime su acción militar. Esta vez, sin la ventaja estratégica que disfrutó en 1945 y con la superioridad económica y militar de Occidente, el Kremlin debe ser convencido de que una gran conflagración no le aportará beneficios.