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Cartago: destruida, pero nunca olvidada

Por primera vez en la historia, el Museo Nacional de Antigüedades ha reunido una exposición dedicada a la antigua ciudad de Cartago. Más de 300 objetos, provenientes tanto de su propia colección como de préstamos de Túnez y de renombrados museos europeos, permiten contar la fascinante historia del auge y la caída de esta metrópolis fenicia.

Mapa del Mediterráneo

Al entrar, un amplio mapa a todo color muestra la ubicación de Cartago: en la costa tunecina, cerca de la actual ciudad de Túnez. El punto marcado con "C" indica el puerto militar, un recinto amurallado con una isla central donde se construían y reparaban barcos.

Mapa de la Cartago púnica

Este mapa reproducción revela la disposición de los puertos. El largo puerto civil estaba abierto a todos, mientras que el puerto militar circular, protegido por un alto muro, estaba reservado exclusivamente al personal autorizado. En la isla central se hallaban diques de atraque y un edificio capaz de albergar a 170 naves para su mantenimiento.

Sala 1 – Círculo interno

La exposición se divide en dos salas, ambas inspiradas en la arquitectura del puerto militar. En el círculo interno de la primera sala destaca un sarcófago femenino casi intacto. Alrededor, objetos vinculados al mundo de los muertos y al culto de los dioses ilustran las creencias púnicas.

Sala 1 – Círculo externo

El círculo externo narra la historia de la ciudad mediante grabados de épocas posteriores (a la derecha) y objetos arqueológicos que evidencian los flujos migratorios fenicios (a la izquierda). Más adelante, vitrinas exhiben joyas y, finalmente, la épica de Aníbal.

Pantalla de proyección 1

Un dispositivo digital de cuatro paneles muestra, de forma temática, la evolución de Cartago: a la izquierda, el plano de la ciudad antigua; en los dos paneles centrales, explicaciones de los hallazgos; y a la derecha, la situación actual. La proyección, de seis minutos, se repite continuamente.

Pantalla de proyección 2

En la segunda planta, dedicada a la Cartago romana, otro panel cuatripartito ilustra la ciudad reconstruida por los romanos, brinda información adicional sobre los objetos encontrados y muestra la Cartago contemporánea.

Reloj de sol de mármol

Prestado por el Louvre, este reloj de sol del siglo I‑II d.C. no está ajustado a la latitud cartaginesa. La luz que atraviesa su orificio indica el día, mientras que el calendario romano está tallado en su interior, reflejando el lujo y la riqueza de la Cartago romana.

Cartago redescubierta

Cartago, situada cerca de la actual Túnez, ha recibido generosos préstamos de piezas por parte de los tunecinos, quienes se sienten orgullosos de que su patrimonio sea valorado en el extranjero. El ingeniero holandés Jean‑Émile Humbert, quien descubrió los primeros restos de la ciudad en 1817, también está representado con objetos que él adquirió y excavó.

Después de la caída de la ciudad a manos de los vándalos en 439 d.C., Cartago nunca desapareció de la memoria colectiva. Las leyendas de Aníbal y sus elefantes, la reina Dido y las tres guerras púnicas siguen inspirando la literatura y el arte europeos. Por eso la exposición combina objetos arqueológicos con numerosas estampas y pinturas que relatan la saga cartaginesa.

El puerto militar como eje estructural

El diseño de la exposición reproduce el puerto militar: un anillo interno y otro externo. El anillo externo muestra el mito fundacional de Cartago mediante grabados europeos, mientras que el interno expone objetos que revelan las similitudes culturales entre fenicios y otras civilizaciones mediterráneas.

Al adentrarse en el círculo interno, el visitante se encuentra con el impresionante sarcófago femenino, una verdadera joya de la exposición.

Descubrimientos recientes

La primera sala narra cronológicamente la fundación de la ciudad en el siglo IX a.C. hasta la Segunda Guerra Púnica (218‑201 a.C.), cuando Aníbal cruzó los Alpes con sus elefantes. Recientes estudios confirman que Cartago pudo haberse fundado en 814 a.C., tal como sugiere la versión de Virgilio sobre Dido en la Eneida. Los fenicios, originarios del Líbano, establecieron puestos comerciales por todo el Mediterráneo.

Los objetos se organizan por temáticas como la muerte y la vida cotidiana. Muchos hallazgos provienen de tumbas y revelan rituales funerarios: los muertos eran afeitados para presentarse limpios en la otra vida, y se utilizaban máscaras para ahuyentar a los espíritus malignos. También se exhiben abundantes piezas de joyería.

La segunda sala se centra en la Cartago romana. Tras la Tercera Guerra Púnica, los romanos arrasaron la ciudad en 146 a.C., vendiendo a los supervivientes como esclavos. La biblioteca y gran parte del patrimonio cultural se perdieron en el fuego, pero la influencia cartaginesa persistió, adaptándose a las costumbres romanas sin perder sus rasgos punicos.

Un símbolo destacado es la cabeza de león, que representa una deidad púnica, distinta de los dioses griegos o romanos, y evidencia la continuidad cultural en el África interior después de la destrucción.

El legado histórico

Lo que sabemos de Cartago proviene de hallazgos arqueológicos y de los relatos de sus vencedores, los romanos. Tras la reconstrucción, Cartago se convirtió en la tercera ciudad del Imperio romano. Los escritos cartagineses se han perdido en gran medida; hoy, arqueólogos tunecinos siguen investigando sitios y epígrafes, como se refleja en la exposición.

Uno de los objetos más singulares es una proa de barco púnico del 260 a.C., hundida durante la Primera Guerra Púnica. Aunque los romanos superaron a los cartagineses con la invención del corvus, una pasarela de abordaje que les permitió combatir cuerpo a cuerpo, la proa recuperada muestra marcas de uso que confirman su participación en la batalla. El profesor Roald Docter, de la Universidad de Gante, explica: “La proa púnica muestra abolladuras que demuestran que estuvo en acción durante el enfrentamiento”. Docter es uno de los impulsores de la exposición y coautor del libro Cartago. Ascenso y caída.

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