Hace cuatro siglos, la isla africana de Mauricio estaba cubierta de selva tropical. Todo cambió cuando los holandeses se asentaron en 1638, iniciando una deforestación masiva que provocó un problema inevitable en islas con escasa vegetación: la erosión del suelo.
Historia y colonización
En 1598, comerciantes holandeses que se dirigían a Indonesia avistaron una isla volcánica que nombraron en honor al entonces stadtholder Príncipe Mauricio. La isla deshabitada, situada al este de Madagascar, era un punto estratégico para reabastecerse de agua y alimentos antes de cruzar hacia el este. En 1638 la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC) reclamó formalmente la isla y los colonos holandeses comenzaron a vivir allí. En 1710, al dejar de ser rentable, la colonia fue abandonada.
Antes de la llegada de los colonos, Mauricio estaba cubierta en más del 98 % por selva tropical. La tala de bosques para extraer ébano y, posteriormente, para plantar caña de azúcar, dejó el suelo expuesto a intensas lluvias, facilitando la pérdida de nutrientes y agroquímicos que llegan a los ríos y amenazan el arrecife coralino circundante.
Lluvias intensas
La isla es asediada cada año por ciclones tropicales que pueden producir lluvias de más de 80 mm por hora. Estas precipitaciones caen directamente sobre suelos fértiles pero desprotegidos, arrastrándolos rápidamente por el lecho volcánico, sobre todo en pendientes pronunciadas. Los suelos tropicales, ricos en nutrientes, se formaron sobre flujos de lava de más de 100 000 años.
La erosión no solo reduce la fertilidad agrícola, sino que también deteriora la calidad del agua y afecta los ecosistemas marinos. Cuando nutrientes y pesticidas fluyen hacia los lagos y la laguna, alteran el delicado equilibrio del ecosistema coralino de 300 km que rodea a Mauricio, hogar de alrededor de 600 especies de peces y más de 200 de cangrejos.
Modelo de erosión
Como casi la mitad de la isla se destina a la agricultura y grandes áreas quedan en barbecho después de la cosecha, la erosión es un problema crítico. Las universidades de Ámsterdam y de Mauricio cartografiaron las zonas más vulnerables mediante un modelo de erosión integrado en un Sistema de Información Geográfica (SIG). El modelo calcula el potencial erosivo en celdas de 100 × 100 m, considerando factores naturales (lluvia, topografía y tipo de suelo) y humanos (prácticas agrícolas).
La precipitación varía de 600 mm/año en la costa occidental a 4 000 mm/año en el altiplano central, y el 70 % de la lluvia anual se concentra entre noviembre y abril. Las prácticas de cultivo pueden reducir la erosión: una cubierta vegetal densa y raíces profundas retienen la capa superficial del suelo y amortiguan el impacto de las gotas.
La interacción entre factores humanos y naturales es clave. El riesgo es mayor cuando llueve intensamente y la cubierta vegetal es escasa. Seleccionar cultivos adecuados y aplicar técnicas de labranza conservadora disminuye la vulnerabilidad. Por ejemplo, la caña de azúcar se cultiva durante siete años sin remover las raíces, al igual que el té y el banano, lo que reduce la perturbación del suelo.
Uso histórico de la tierra
Los colonos holandeses empezaron a talar la selva en 1638 para crear plantaciones de caña de azúcar. Los franceses continuaron la misma política. Las áreas deforestadas entre 1773 y 1835, ubicadas mayormente en el norte seco, presentan la menor susceptibilidad a la erosión.
Tras la conquista británica en 1810, los colonos se trasladaron a las montañas interiores, donde la deforestación entre 1835 y 1872 generó zonas muy sensibles, situadas en el altiplano húmedo y en laderas pronunciadas del este. Las áreas despejadas entre 1872 y 2005 también muestran alta vulnerabilidad por su ubicación en pendientes empinadas.
Cálculos del modelo
El modelo indica que, si toda la isla permaneciera cubierta de selva, el potencial de erosión sería mínimo. En cambio, si la cubierta forestal se reemplaza totalmente por caña de azúcar, la erosión potencial aumentaría casi un 50 %. Es decir, una Mauricio cubierta exclusivamente por caña sería una y media veces más propensa a la erosión que antes de la llegada humana.
Esta relación no es lineal: en zonas de pendientes pronunciadas y alta precipitación el impacto es mucho mayor que en áreas planas y secas.
Situación actual y futuro
Hoy el 40 % de la superficie está dedicada a la caña de azúcar. Se han elaborado varios escenarios para sustituirla por otros usos del suelo. Uno de los más probables es la expansión urbana.
Otro escenario contempla el cambio a cultivos alimentarios. Muchos pequeños agricultores abandonarán la caña en los próximos años; sus parcelas, ubicadas en laderas vulnerables, podrían destinarse a cultivos de alimentos, lo que variará la erosión según el tipo de cultivo. Otros dejarán sus tierras en barbecho, lo que inicialmente aumentará la erosión, pero con el tiempo la vegetación natural reducirá el proceso. En última instancia, el futuro de la erosión dependerá de las decisiones de los propietarios de la tierra.
Este artículo fue publicado previamente en Geography. Los autores están afiliados al Instituto de Estudios Interdisciplinarios, Instituto de Biodiversidad y Dinámica de Ecosistemas, Universidad de Ámsterdam y Universidad de Mauricio.