El historiador Rienk Vermij, autor de El genio fuera de la botella, aborda la Ilustración no como un movimiento filosófico, sino como un fenómeno histórico. Analiza qué precedió a este periodo y por qué las ideas ilustradas cobraron tanto peso alrededor del año 1700, cuando los gobernantes comenzaron a ver la tolerancia y la limitación del poder eclesiástico como herramientas de control.
¿Por qué escribir otro libro sobre la Ilustración?
Vermij sostiene que faltaba una perspectiva estrictamente histórica. Historiadores como Jonathan Israel o Peter Gay estudian la Ilustración desde una óptica filosófica y buscan extraer ideas útiles para la actualidad, proyectando sus propios ideales sobre el pasado. Él prefiere alejarse de esa tendencia y observar la Ilustración como reacción a lo que la precedió, enfocándose en la organización social y sus transformaciones, como la monarquía absoluta y la relación Iglesia‑Estado.
¿Qué resulta problemático al tratar la Ilustración como fenómeno histórico?
Resulta difícil asignar una etiqueta inequívoca. Kant, por ejemplo, consideraba la Ilustración como una actitud racional aplicable a cualquier época, mientras que en la práctica el término varía según contextos nacionales, religiosos y agendas políticas. Para estudiarla históricamente es necesario acordar una definición operativa.
¿Cuál es, según usted, la definición más adecuada?
La Ilustración sería, ante todo, un proceso del siglo XVIII que separó Iglesia y Estado para resolver problemas surgidos tras la Reforma, cuando la unidad del cristianismo medieval se desintegró. En ese siglo se dejó atrás la monarquía absoluta sacralizada del siglo XVII —ejemplo clásico, Luis XIV— y pensadores de diversos campos comenzaron a combatir la influencia eclesiástica sobre el poder político.
Usted habla de una "crisis de la conciencia europea" previa a la Ilustración. ¿En qué consistía?
Desde aproximadamente 1680 se percibió que la monarquía confesional —la alianza entre monarca absoluto y la Iglesia— ya no garantizaba la cohesión social, provocando guerras religiosas, opresión y miseria. La búsqueda de una nueva solución dio origen a voces radicales y a un debate intenso sobre cuestiones políticas concretas que habían existido mucho antes, marcando el inicio de lo que hoy llamamos Ilustración.
¿Puede citar una cuestión política concreta de la época?
Una de ellas era el trato a las minorías religiosas. Bajo la monarquía absoluta la respuesta típica era la persecución, pero esa política generó resistencia y debate. A finales del siglo XVII quedó claro que esas soluciones tradicionales eran insostenibles. A partir de 1700, estadistas influyentes empezaron a promover la tolerancia y a limitar el poder de la Iglesia como forma de controlar mejor la sociedad.
¿Cómo reaccionó la Iglesia ante esos cambios?
La reacción fue diversa. Dentro del catolicismo y el protestantismo había sectores que ya abogaban por una postura menos confrontacional, mientras que otros defendían sus privilegios y se resistían. En la práctica, el creciente poder del Estado redujo la dependencia de la Iglesia para legitimar la autoridad, relegándola a un papel secundario, aunque nunca pudo ser suprimida por completo.
¿Qué pretendían exactamente los pensadores?
Los objetivos variaban: algunos deseaban un Estado exclusivamente protestante y la supresión del catolicismo; otros proponían una ciudadanía donde la fe (católica, protestante o atea) no determinara la posición política. En cualquier caso, todos coincidían en eliminar la influencia eclesiástica en la política, pues la consideraban una fuente de guerra y sufrimiento.
¿Qué papel jugó el nuevo pensamiento científico?
En el siglo XVII la ciencia aún no estaba profesionalizada; estaba vinculada a la filosofía y al pensamiento general. Las ideas de Galileo y Newton ofrecían alternativas al conocimiento escolástico medieval, dotándolas de una carga política implícita. Muchos pensadores emplearon el discurso científico emergente para modernizar y popularizar sus propuestas, creando una relación de refuerzo mutuo entre ideas políticas y científicas.
¿Cómo se tradujeron esas ideas políticas en concepciones "ilustradas" de educación y ciudadanía?
Separar Iglesia y Estado supuso un quiebre radical, pues la Iglesia había regulado la moral y el castigo. Al desvincularlas, el Estado tuvo que redefinir su justificación para sancionar y reflexionar sobre la moral pública. Así surgieron príncipes "ilustrados" que determinaron qué era útil para la sociedad y lo implementaron sin la autoridad eclesiástica.
En la actualidad se dice que "Occidente pasó por la Ilustración y el Islam no". ¿Es tan simple?
Vermij compara la situación de muchos países islámicos hoy con la de Europa occidental a finales del siglo XIX, cuando enfrentaban la modernización, la industrialización y la urbanización. En ambos casos, la Iglesia (o el Islam) volvió a ser un referente de identidad, reforzando su influencia. Por ello, reducir las diferencias entre el mundo islámico y Occidente a la ausencia o presencia de la Ilustración resulta simplista.