Introducción
En los foros de internet sigue el debate sobre la mejor forma de alimentar a un recién nacido: ¿lactancia materna o biberón? La leche materna aporta nutrientes naturales y favorece un vínculo íntimo entre madre e hijo. Sin embargo, la discusión no es nueva. En la Roma imperial también se debatía entre la lactancia propia o la contratación de una nutrix (nodriza).
Motivos de la contratación
En las familias acomodadas de la élite romana era habitual emplear a una nodriza. La necesidad a menudo surgía porque la madre moría durante el parto o no sobrevivía lo suficiente para criar al niño. En esos casos, el padre contrataba rápidamente a una profesional o designaba a una esclava para que alimentara al bebé.
Incluso cuando la madre estaba sana y podía amamantar, muchas familias optaban por una nutrix. El motivo principal era la imagen ideal de la matrona: la lactancia se percibía como un trabajo físico que requería desvestirse y, en ocasiones, se asociaba con la imagen de los animales amamantando a sus crías, algo considerado poco decoroso para la mujer aristocrática.
Otro factor práctico era la fertilidad. Ya en la Antigüedad se sabía que la lactancia reducía la capacidad de concebir. Al delegar la alimentación a una nodriza, la madre podía volver a quedar embarazada con mayor rapidez, algo valioso en una época de alta mortalidad infantil y gran presión por producir descendencia.
Críticas
Las matronas que empleaban nodrizas, al igual que muchas madres modernas que optan por el biberón, recibían fuertes críticas. Plutarco (46‑≈120 d.C.) describía el cariño hacia las nodrizas como forzado y artificial. Quintiliano (35‑100 d.C.) se mostraba preocupado por el desarrollo del lenguaje de los niños que aprendían a hablar con esclavas provinciales que no dominaban correctamente el latín o el griego.
Favorino de Arlés (≈85‑160 d.C.) acusaba a las matronas de vanidad, argumentando que temían perder su juventud y relegaban al bebé. Sostenía que la falta de contacto directo impedía la formación de un vínculo emocional, una acusación que aún se repite hoy contra las madres que eligen el biberón.
¿Era justo el reproche? Los relieves, como el que se muestra a continuación, representan a la nutrix no solo alimentando, sino también lavando, meciendo y jugando con el niño, lo que indica una atención más completa que la mera alimentación.
Aspectos cotidianos
En los epitafios de niños fallecidos tempranamente a veces aparece el nombre de la nodriza, evidenciando que participaba en los rituales familiares: «Proculino dispuso la sepultura para él, su esposa Valeria y Amabile, la nutrix de sus hijos».
En su tratado Gynaecia, el médico Soranus de Éfeso (siglos I‑II d.C.) describía el perfil ideal de una nutrix: mujer sana, entre 20 y 40 años, con pechos de tamaño medio, carácter estable, pulcra y amable. Recomendaba, por ejemplo, que no dejara el pezón en la boca del bebé dormido para evitar asfixia, lo que muestra la atención que algunas familias ponían en la elección de la nodriza.
Las clases bajas, sin recursos para contratar nodrizas, dependían de parientes o vecinas para la lactancia. En caso de imposibilidad, recurrían a leches animales o papillas, lo que a menudo provocaba enfermedades y mortalidad por mala digestión e insalubridad.
Los niños esclavos también eran entregados a nodrizas para que sus madres pudieran seguir trabajando. En algunos casos, una nodriza cuidaba a varios infantes, optimizando la mano de obra. También se utilizaban a los niños recién nacidos como futuros esclavos.
Contratos
Se han hallado contratos de nutrix que especificaban la duración, la frecuencia de las tomas y la remuneración. La mayoría fueron suscritos entre dueños de esclavos y nodrizas profesionales, a veces mujeres libres que ganaban su sustento con ello.
Los acuerdos incluían cláusulas de conducta: la nodriza no podía consumir alcohol ni mantener relaciones sexuales durante el período contratado, pues se creía que esto afectaba la calidad de la leche. En varios contratos se estipulaban multas por incumplimiento, lo que indica que no todas las nodrizas ponían el bienestar del niño en primer plano.
En conjunto, la práctica de la nutrix respondía a una combinación de factores sociales, económicos y culturales. Para la élite, era una decisión consciente y bien pensada, alineada con las ideas contemporáneas de maternidad y crianza. En otras situaciones, era una necesidad impuesta por la muerte materna, la esclavitud o la falta de recursos.
En definitiva, un niño criado por una nodriza no estaba necesariamente en desventaja respecto a uno alimentado por su propia madre; en muchos casos la relación entre la nodriza, el niño y la familia era estrecha y afectuosa.