historia historica

La agricultura: origen de la desigualdad

En algunas familias hay abundancia, en otras escasez. La desigualdad entre grupos humanos no surgió de la noche a la mañana; según arqueólogos británicos, sus raíces se remontan a la época en que nuestros antepasados comenzaron a cultivar la tierra, dando origen a la idea de "riqueza hereditaria".

El impacto de la revolución agrícola

El advenimiento de la agricultura en Europa supuso un salto cualitativo para los pueblos prehistóricos. Muchos cazadores‑recolectores dejaron atrás su vida nómada y se establecieron en asentamientos permanentes, lo que permitió un desarrollo rápido y sentó las bases de las primeras civilizaciones.

Sin embargo, el progreso tuvo un efecto colateral inevitable. Los primeros agricultores descubrieron rápidamente que no todos los suelos eran igualmente fértiles. Los loess de Europa central resultaron especialmente productivos, creando una regla de "el que llega primero, se queda con lo mejor". Así, el conocimiento agrícola empezó a generar desigualdades entre comunidades.

Estudios arqueológicos británicos

Un equipo liderado por el profesor Alex Bentley (Universidad de Bristol) analizó más de 300 esqueletos del Neolítico europeo temprano, periodo que comenzó hace unos 7.000 años con la introducción gradual de la agricultura.

Los resultados mostraron que algunos agricultores tenían acceso a suelos mucho más fértiles que otros. Una pista reveladora fue la presencia o ausencia de herramientas agrícolas en los enterramientos: los individuos acompañados de estos objetos habían fallecido cerca de su lugar de origen, lo que indica que vivían en tierras productivas que les conferían riqueza y estatus.

El análisis de isótopos de estroncio, que permite estimar la distancia entre el lugar de nacimiento y el de fallecimiento, confirmó que los enterrados con implementos agrícolas murieron mucho más cerca de su natalidad que aquellos sin ellos.

En contraste, las mujeres fueron enterradas a mayor distancia de su lugar de origen. Según los autores en PNAS, este patrón, junto con evidencia arqueológica previa, sugiere un sistema en el que la tierra más fértil se transmitía de padre a hijo desde los inicios de la revolución agrícola, mientras que las mujeres, procedentes de otras regiones, se trasladaban al territorio del marido.

Este esquema primitivo, en el que el acceso a buenas parcelas estaba distribuido de forma desigual, sembró las bases de desigualdades mucho más profundas en épocas posteriores. Algunas comunidades pudieron erigir monumentos funerarios imponentes, mientras que otras se limitaban a simples sepulturas.

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