historia historica

La guerra es hermosa para quien no la conoce

Abril es el mes de la reflexión, sobre todo para quienes se ocupan de la culpa y la penitencia, temas clásicos de la filosofía. Filósofos profesionales y otros pensadores se preguntan quién tiene la culpa de la crisis económica. El humanista y filósofo neerlandés más célebre, Erasmo de Rotterdam, seguramente habría querido participar en este debate, pues no ocultó su postura contra el enriquecimiento personal.

Para Erasmo el auto‑enriquecimiento se manifestaba en los papas que libraban «guerras santas» para aumentar su poder, en el alto clero que vendía indulgencias para financiar su vida de lujo, y en los príncipes que se batían por tierras y honores sin pensar en el sufrimiento de sus súbditos. Estas críticas aparecen, disimuladas en sátira humorística, en su obra más conocida, El elogio de la locura (1511).

En una época en que la guerra se consideraba honorable, Erasmo fue el único de su generación que la denunció. La guerra arruina el comercio, siembra muerte, destrucción y enfermedad, y nadie la desea. La gloria en el campo de batalla es una locura; los responsables de la miseria bélica deben comprender que el pueblo paga el precio de su sed de honor, poder y riqueza.

Sus ideas aparecen en muchos escritos, como en la Adagia, colección de expresiones latinas y griegas, donde analiza el proverbio Dulce bellum inexpertis (\"La guerra es dulce para quien no la conoce\"). En Iulius exclusus expone la conducta belicista del papa Julio II después de su muerte.

En ese texto el papa, ataviado con sus insignias y acompañado de soldados, llama a la puerta del cielo, pero San Pedro le niega la entrada por su vida impía. Son ejemplos de la crítica que Erasmo dirigió repetidamente contra la élite y el clero de su tiempo, a quienes consideraba los principales culpables.

Una vela para María

Erasmo nació hijo ilegítimo de un sacerdote y una criada, lo que le impidió acceder a los más altos rangos espirituales pese a su inteligencia y devoción. Rechazó numerosos empleos remunerados para conservar su independencia; era un idealista que prefería la pobreza si eso le permitía dedicarse a la filosofía cristiana y a la traducción de la Biblia.

Su propuesta filosófica ponía el énfasis en la experiencia religiosa práctica: cualquier persona podía conectar interiormente con Dios viviendo según las Escrituras, sin necesidad de ceremonias ostentosas. No descartó los ritos, pero los consideró vacías formalidades. La salvación se encuentra en la palabra de Jesús y en su ejemplo, no en la compra de indulgencias, la quema de velas a María o el beso a estatuas de santos.

Aprender joven, vivir viejo

Para Erasmo la educación era la clave de la fe interior. Cuando los niños se acercan temprano a la cultura y la literatura clásica, se convierten en mejores personas. Socialmente, una buena educación es la base de todo lo positivo y ayuda a reducir la criminalidad. Sin embargo, los métodos autoritarios de su época le resultaban inaceptables.

Propuso que los niños aprendieran mediante el juego y no se les tratara como adultos en miniatura, ideas que no se aplicarían plenamente hasta el siglo XVIII.

Para la élite, una educación sólida podía frenar la ambición y el auto‑enriquecimiento de los gobernantes. Erasmo sostenía que el carácter no nace, se forma; los niños deben aprender que la guerra es la más censurable de todas y que un príncipe digno no arrastra a sus súbditos a la contienda por beneficio propio.

Los teólogos de su tiempo intentaron re‑educarlo, discutiendo absurdas proposiciones como si Dios el Padre odiara a su Hijo. Preferían el debate pomposo a la esencia de la Biblia. Erasmo los invitó a \"volver a los Evangelios, leer las cartas de Pablo\".

Su lema era \"volver a las fuentes\". Aprendió griego para leer los manuscritos bíblicos anteriores a la Vulgata, traducida por Jerónimo en el siglo IV. Según él, los siglos de copias habían introducido errores y lecturas erróneas. Su obra más ambiciosa, una nueva traducción del Nuevo Testamento (1516), contrastaba con la Vulgata; suavizó los pasajes más controvertidos para evitar conflictos con la Iglesia, pero aun así fue una publicación audaz.

Iniciación a la ruptura

Erasmo fue el primer humanista en aplicar la crítica textual a la Biblia. Sus ideas sobre los abusos eclesiásticos, la inutilidad de ceremonias no bíblicas y la necesidad de que todos estudien la Escritura inspiraron a reformadores como Lutero, quien llevó esas críticas mucho más lejos, rompiendo con la Iglesia madre.

Gracias a Erasmo, el siglo XVI vio una revolución que cambió la historia: la Iglesia Católica inició una purga interna, pero ya era demasiado tarde. La escisión del cristianismo se consolidó y el mundo, donde la religión tenía un papel central, nunca volvió a ser el mismo.

Resulta lamentable que las críticas de Erasmo a la élite belicista y avariciosa no hayan tenido tanto impacto como sus reflexiones religiosas; de haberlo hecho, nuestra sociedad podría ser mucho más justa hoy.

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