Pequeños pelos en las hojas del frijol de lima hacen que las patas de las chinches se enganchen. Investigadores estadounidenses han creado una versión sintética de esas hojas como una nueva herramienta para combatir a este insecto cada vez más presente.
Las chinches han acosado a las personas durante años, escondiéndose entre colchones y somieres. Tras casi desaparecer, en los últimos años han resurgido en hoteles de Europa y América. Son insectos difíciles de erradicar; los insecticidas habituales resultan poco eficaces debido a la resistencia que han desarrollado. Por ello, la ciencia está retomando un método ancestral.
Cinta de velcro
A principios del siglo XX, habitantes de los Balcanes colocaban hojas de frijol alrededor de sus camas antes de dormir. Por la mañana, las hojas estaban cubiertas de chinches inmóviles, que luego quemaban junto con la hoja. En 1944, un científico descubrió que el éxito se debía a los diminutos pelos de la hoja, que atrapaban a los insectos de forma similar al velcro.
Esta idea quedó en el olvido durante décadas, pues los insecticidas como el DDT parecían controlar la plaga. Hoy, con la resistencia creciente y la prohibición de productos tóxicos, la solución basada en hojas vuelve a ser atractiva.
Frijol de lima
Mike Potter de la Universidad de Kentucky, Megan Szyndler y su equipo de la Universidad de California replicaron sintéticamente esas hojas. Las hojas naturales se resecan rápido y pierden su efecto, por lo que se necesitaba una versión duradera. En el laboratorio observaron, bajo microscopio, cómo los pelos de la hoja perforaban y atrapaban a las chinches en cuestión de segundos. Aunque los insectos a veces lograban liberarse, la punta afilada de los pelos pronto los inmovilizaba.
Ganchos de pesca
Los pelos actúan como diminutos anzuelos, prefiriendo adherirse a las partes blandas de la chinche, como la zona inferior de sus garras. Los autores describen este mecanismo en el Journal of the Royal Society Interface como más parecido a un gancho que a un velcro.
Este fenómeno no es exclusivo de las chinches; muchas plantas usan pelos para capturar insectos como pulgones, una adaptación evolutiva que ahora beneficia a los humanos.
La clave del éxito
Los investigadores moldearon la superficie de la hoja para reproducir exactamente la cantidad, forma y grosor de los pelos naturales. Sin embargo, la primera versión sintética atrapó muy pocas chinches. Los científicos sospechan que la diferencia radica en que los pelos naturales son huecos, mientras que los sintéticos son sólidos y, por tanto, más rígidos. Un pelo hueco se dobla y gira alrededor del insecto hasta encontrar el punto de perforación ideal. Desarrollar pelos sintéticos huecos podría ser la clave para crear trampas efectivas y erradicar la plaga.