historia historica

Una oda al hombre que entregó antisépticos al planeta

El producto que acompañó a todos durante la pandemia

Si piensas en el artículo que se agotó al inicio de la pandemia y que hoy encuentras en cualquier bolsillo, mochila o estante, seguramente recuerdas el gel desinfectante de manos. No solo salvó supermercados de colapsar, sino que, según muchos, nos permitió tocar superficies sin temor y, al menos en un momento, controló la propagación del Covid‑19 mejor que cualquier mascarilla.

Ignaz Semmelweis: el verdadero "héroe del desinfectante"

Antes de los geles, hubo un hombre que introdujo el concepto de desinfección en la medicina: Ignaz Semmelweis, obstetra húngaro‑judío que trabajó en el Hospital General de Viena a mediados del siglo XIX.

Según CNBC, las ventas de geles en el Reino Unido aumentaron un 255 % en febrero de 2020, y en Italia un 1 087 %. A nivel mundial, los ingresos superaron los 11 000 millones de dólares.

El "mantra" de la pandemia del siglo XIX

En 1850 Semmelweis repetía una frase que hoy nos resulta obvia: «Lávense las manos». En aquel entonces, los microbios aún no se habían descubierto y la idea de que las manos sucias podían transmitir enfermedades era impensable.

Semmelweis observó que una de cada tres madres moría tras el parto en la clínica obstétrica del hospital. Tras investigar, descubrió que la diferencia entre la alta mortalidad y la relativa seguridad de la segunda sala de partos (asistida sólo por parteras) radicaba en la exposición a cadáveres durante las autopsias.

La solución antiséptica de Semmelweis

En 1847 ordenó a su personal lavar las manos con una solución de cloro y jugo de limón hasta eliminar el olor a tejido putrefacto. Los resultados fueron asombrosos: en los primeros seis meses la mortalidad por fiebre puerperal cayó un 90 %, pasando del 18,3 % al 2,2 % en tres meses y al 1,9 % en cuatro.

Resistencia y caída

Los colegas de Semmelweis lo consideraron insultante; lo acusaron de llamarlos sucios y se negaron a adoptar su método. En 1850 perdió su licencia, abandonó el Hospital General y regresó a su tierra natal sin decir adiós a sus colaboradores.

Publicó sus hallazgos en 1861, ya exiliado y prácticamente olvidado. Sus últimos años estuvieron marcados por la depresión, episodios de paranoia y comportamientos erráticos. Murió en 1865 a los 47 años, bajo circunstancias que aún generan debate (sepsis, sífilis, Alzheimer o violencia en un manicomio).

El legado de Semmelweis

Su trabajo sentó las bases para la teoría germinal de la enfermedad, confirmada por Louis Pasteur a finales de la década de 1850. Inspirado por Semmelweis y Pasteur, el cirujano escocés Joseph Lister introdujo el ácido carbólico (fenol) como antiséptico quirúrgico, reduciendo drásticamente la mortalidad postoperatoria.

El famoso enjuague bucal Listerine lleva el nombre de Lister como homenaje a su contribución a la esterilización.

De la revolución industrial a la cirugía moderna

Los antisépticos transformaron la cirugía de una práctica mortal a un tratamiento viable. Antes de su descubrimiento, los operadores intervenían sólo cuando no había alternativa, pues la infección casi siempre significaba la muerte.