historia historica

Arturo Graf y la leyenda del mago pontífice

Contexto histórico del siglo IX

Al final del siglo IX el edificio erigido por Carlomagno había caído en ruinas. La monarquía franca se separó del imperio, que bajo la dinastía de los otónidos pasaría a conocerse como el Imperio Romano‑Germánico. Mientras tanto, los normandos iniciaron la conquista de partes del norte de Francia y de Inglaterra.

En ese mismo periodo desaparece la escuela palatina. En centros como Auxerre la filosofía siguió viva en la segunda mitad del siglo IX: se mantuvieron los estudios dialécticos y abundaron los comentarios a los escritos lógicos y teológicos de Boecio, sobre todo en el eterno debate de los universales.

Gerberto de Aurillac, el futuro papa Silvestre II

El siglo X estuvo marcado por una profunda pobreza cultural, salvo por la vida monástica. Gerberto de Aurillac, sin embargo, destaca como una excepción. Tras formarse como monje en el monasterio de Ripoll (Cataluña), a la sombra de territorios bajo dominio musulmán, se trasladó a Reims, donde su fama como maestro de las artes liberales atrajo a numerosos estudiantes. Más tarde, bajo el nombramiento del emperador Otto II, fue abad de Bobbio.

Arturo Graf y la leyenda del mago pontífice

Gerberto es una figura polifacética que roza la frontera entre historia, filosofía, mito y folklore. En 998 fue nombrado arzobispo de Ravena y, al año siguiente, fue elegido papa bajo el nombre de Silvestre II. Su pontificado no se limitó a ser un simple capellán: impulsó la evangelización de los pueblos eslavos y reconoció a Esteban I como rey de una nueva nación cristiana, Hungría. Murió en 1003, dos años después de haber sido expulsado junto al emperador y de haber sufrido la humillación de la noble familia Crescenzi.

¿Por qué se le recuerda tanto? No es el único filósofo, político o científico de su época; lo que lo distingue es que no se alineó con la cultura dominante. Más que sus escritos filosóficos, su reputación como “científico” proviene de su afán por la matemática y la astronomía, influencias que adquirió en sus viajes a España, donde coleccionó instrumentos como el ábaco y la esfera armilar.

Arturo Graf y la leyenda del mago pontífice

Esa pasión por el conocimiento le valió una aura legendaria: fue descrito como un mago o hechicero que habría hecho pactos con el diablo para desenterrar los tesoros ocultos bajo Roma. Estas versiones aparecen en la obra de Arturo Graf, Mitos, leyendas y supersticiones de la Edad Media.

Arturo Graf y su visión de la ciencia medieval

Arturo Graf nació en Atenas en 1848, hijo de un padre alemán y una madre italiana. Creció entre Trieste y Rumanía, estudió en Nápoles, donde entró en contacto con De Sanctis, y desarrolló su carrera académica en Roma y Turín, llegando a ser rector de la Universidad de Turín. En 1892‑93 publicó en dos volúmenes Mitos, leyendas y supersticiones de la Edad Media. La obra fue duramente criticada por Benedetto Croce, quien la consideró carente de rigor científico; sin embargo, la escuela francesa de los Annales la reivindicó años después.

Arturo Graf y la leyenda del mago pontífice

En el ensayo «La leyenda del pontífice (Silvestre II)», Graf reconstruye la figura del erudito de Aurillac como un mago, mostrando cómo la sospecha popular hacia el poder y la ciencia se tradujo en un mito de magia demoníaca. Para Graf, el mito no es mera fantasía; es una proyección de creencias y temores de su tiempo, y refleja la desconfianza que la sociedad alberga hacia la ciencia.

Esta reflexión sigue siendo actual: los mitos sobre la ciencia pueden influir en la percepción histórica y en la forma en que entendemos el progreso científico. Por ello, la obra de Graf es recomendada no solo por su estilo, sino también por la capacidad que tiene de hacernos reflexionar sobre el poder de las falsas creencias en la construcción de la historia de la ciencia.

Bibliografía

ARTURO GRAF, Mitos, leyendas y supersticiones de la Edad Media, Mondadori.

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