El mercado de esclavos en la Roma antigua
La obra “The Slave Market in Rome” de J.-L. Gérome (1884) muestra una escena que, aunque hoy nos resulta espantosa, era parte de la vida cotidiana en la antigua Roma. En aquella época los esclavos eran considerados res —es decir, objetos— y, como tal, podían ser comprados y vendidos sin ningún derecho propio.
Los esclavos carecían de los derechos más básicos y estaban equiparados legal y socialmente a la propiedad. Por eso, su adquisición se realizaba de la misma forma que la compra de cualquier otro bien.
Los comerciantes y el lugar de venta
Los intermediarios, conocidos como mangones, ejercían su oficio en el Foro o en establecimientos especiales donde exhibían a los «productos». El cuadro de Gérome ilustra con precisión este mercado público.
Tipos de esclavos y su clasificación
Los esclavos se ofrecían en series según su utilidad: jóvenes musculosos para trabajos pesados, niños y niñas para tareas domésticas y entretenimiento, profesionales como cocineros o músicos, e incluso personas con características físicas especiales, como enanos o individuos con deformidades.
En una fase particular del proceso, los futuros compradores podían observar a los esclavos con una placa colgada al cuello que indicaba datos esenciales: edad, origen, cualidades y defectos. Esa información orientaba la elección del comprador.
En definitiva, la Roma gloriosa también albergaba una faceta cruda y deshumanizante que quedó inmortalizada en la pintura de Gérome.