Orígenes y usos primitivos
El pañuelo tal como lo conocemos hoy —instrumento para sonarse la nariz o secarse una lágrima— es una costumbre sorprendentemente reciente. Sólo se popularizó a finales del siglo XIX, cuando la higiene empezó a regularse de forma más estricta.
Mucho antes, el pañuelo era una pieza cuadrada de tela con fines principalmente ornamentales. Ya existía en la Grecia y en la Roma antigua, donde se le conocía como mappula. En aquel entonces funcionaba como una servilleta portátil para llevarse los restos de la comida después de un banquete.
En la Roma antigua, la mappula tenía incluso un uso ceremonial: el cónsul la lanzaba a la arena al iniciar los juegos de gladiadores.
Edad Media y la personalización del pañuelo
Durante la Edad Media el pañuelo siguió siendo, sobre todo, un adorno de poca utilidad práctica. Fue en el siglo XVII cuando comenzó la moda de bordar en él las iniciales del propietario, convirtiéndolo en un objeto personalizable.
Del accesorio al arma de seducción
En el siglo XVIII el pañuelo adquirió una nueva dimensión: se transformó en una “arma de seducción”. Aparecía de forma casi mágica en mangas, bolsillos o escotes generosos, siempre confeccionado con telas preciosas y a menudo bordado. Además de dar un toque elegante, servía para secar discretamente las lágrimas de una dama.
Siglo XIX: el pañuelo como herramienta cotidiana
En el siglo XIX, aunque seguía siendo un elemento de moda, su uso práctico permanecía: la gente se lo introducía en la manga o el dobladillo del vestido para limpiarse la nariz.