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Los dados en la Edad Media: historia y prohibiciones

Los dados en la Edad Media: historia y prohibiciones

Orígenes del juego de dados

El origen exacto de los dados es incierto, aunque algunos investigadores los atribuyen a los antiguos egipcios. El dado más antiguo hallado data de hace unos 5 000 años y proviene de Persia.

Ya en el 2000 a.C. se usaban en China e India; más tarde, griegos, romanos y árabes los adoptaron con entusiasmo. Los caballeros de las Cruzadas fueron probablemente quienes introdujeron los dados en Europa.

Los primeros dados se fabricaban con hueso animal o marfil, aunque también se hallaron versiones de piedra, madera, vidrio y bronce.

Los dados en la Edad Media y el nacimiento de las salas de juego

Los dados en la Edad Media: historia y prohibiciones

Durante la Edad Media los dados gozaron de gran popularidad entre nobles, plebeyos y niños. Sin embargo, la moral de la época no aprobaba este tipo de entretenimiento.

El rey Fernando II, “El Católico”, era un ávido jugador y, según la tradición, pasaba largas horas lanzando los dados en su campamento durante el sitio de Granada.

Se jugaba en cualquier lugar: calles, plazas, tabernas, casas o edificios. La apuesta era tan frecuente que surgió la figura del “jugador hábil” o “tramposo”, capaz de esconder objetos para seguir apostando.

Las partidas podían generar rencores, discusiones e incluso homicidios. Por ello, los ayuntamientos, bajo delegación real, comenzaron a regular el juego, creando impuestos y limitando su práctica a locales específicos. Así nacieron las primeras salas de juego, predecesoras de los modernos casinos.

Intentos de prohibir el juego

Los dados en la Edad Media: historia y prohibiciones

El control y la prohibición de los dados se alternó varias veces a lo largo de la Edad Media. A pesar de las ordenanzas, la pasión por el juego llevó a la gente a jugar en secreto en hogares, tabernas y en el campo.

Los monarcas, al reconocer la dificultad de erradicar la práctica, optaron por regularla y obtener ingresos mediante impuestos, en lugar de perseguirla de manera absoluta.

Esta alternancia entre represión y regulación caracterizó la relación entre la sociedad medieval y los dados, dejando una huella que perdura hasta la actualidad.