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María Antonieta y la caza

María Antonieta y la caza

La caza en la corte de Luis XVI

En los siglos XVIII y XIX la caza, especialmente la caza de zorros, era una actividad favorita de reyes y aristócratas. Luis XVI, rey de Francia, la adoraba con una pasión desmedida: no faltaba a sus salidas diarias, aunque significaran levantarse al alba y regresar al palacio exhausto al anochecer.

En contraste, su esposa, María Antonieta, veía la caza como un pasatiempo inútil, aburrido y, sobre todo, cruel. La reina tenía un gran amor por los animales y le resultaba insoportable presenciar cómo sus cuerpos eran derribados por balas o atacados por perros de caza.

En la rígida etiqueta de la corte de Versalles era casi imposible que una mujer escapara a esas obligaciones, y la consorte tenía que acompañar al rey en la medida de lo posible. Así, María Antonieta se limitó a acompañar a Luis XVI en ocasiones puntuales, no por gusto propio, sino para agradarle y para abastecer la caravana con alimentos frescos y bebidas refrescantes que distribuía a los participantes en el momento oportuno.

De esta forma, aunque no compartía la pasión por la caza, encontró una manera de sentirse útil y de cumplir con su papel dentro del protocolo real.