El fatal viaje de caza
abril de 1774 – Durante una de sus habituales jornadas de caza cerca de Versalles, el anciano rey de Francia, Luis XV, comenzó a sentirse indispuesto.
Tras tres días postrado en la cama, entre gemidos y un dolor insoportable, los médicos de la corte, que hasta entonces no sabían qué enfermedad padecía el monarca, observaron que su rostro estaba cubierto de pústulas. El diagnóstico fue inmediato e inevitable: viruela.
El pánico en el palacio
Al difundirse la noticia, la corte se sumió en el pánico. Los sirvientes fueron apartados y nadie se atrevió a acercarse al rey moribundo, cuyo cuerpo desprendía un olor insoportable.
El 10 de mayo, Luis XV falleció en su habitación, solo y sin consuelo alguno; Madame Du Barry, su última amante, había sido expulsada de la corte. Cuando llegó el momento de entregarle los honores fúnebres, nadie quiso colocar su cuerpo en el ataúd, y fueron necesarios unos basureros de los desagües parisinos para realizar la triste ceremonia.
La viruela y la llegada de la vacunación a Francia
La viruela era una enfermedad altamente contagiosa y mortal que cobró innumerables víctimas en la época. En las cortes del norte de Europa, la vacunación ya se practicaba con éxito, pero en Francia había resistencia por prejuicios y temores.
El impulso para introducir esta práctica salvavidas en la corte francesa se debió al valor de María Antonieta. Siguiendo el consejo y el ejemplo de la joven reina, los miembros de la familia real fueron vacunados, y el procedimiento resultó exitoso.