Historia de Sudamérica

Fascismo: origen, características y legado

El fascismo fue un sistema político nacionalista, anti‑liberal y anti‑socialista que surgió en Italia en 1919, tras la Primera Guerra Mundial, y se mantuvo en el poder hasta 1943.

Encabezado por Benito Mussolini, influyó en regímenes de varios países europeos, como Alemania y España, y sirvió de modelo para movimientos de derecha en Brasil, entre ellos el integralismo.

Significado del fascismo

La palabra proviene del latín fasces (haz), símbolo que incluía un hacha envuelta en un haz de varas, usado en la antigua Roma como emblema de unión y autoridad.

Tras los horrores de la Segunda Guerra Mundial, el término adquirió connotaciones más amplias. En el siglo XXI, a menudo se emplea para describir a personas o movimientos que promueven la represión violenta como solución a los problemas sociales, aunque esa definición difiere de la práctica italiana de los años 20 y 30, donde la violencia era un medio para alcanzar el poder, no un fin en sí mismo.

Características del fascismo

Fascismo: origen, características y legado
  • Estado totalitario: control absoluto de la vida individual y nacional.
  • Autoritarismo: la autoridad del líder era incuestionable y supuestamente conocía las necesidades del pueblo.
  • Nacionalismo: la nación se consideraba el bien supremo, justificando sacrificios personales.
  • Anti‑liberalismo: aceptaba la propiedad privada y la iniciativa de pequeñas y medianas empresas, pero favorecía la intervención estatal, el proteccionismo y, en algunos casos, la nacionalización de grandes industrias.
  • Expansionismo: la conquista de "espacio vital" se veía como esencial para el desarrollo nacional.
  • Militarismo: la salvación del país pasaba por la organización militar, la guerra y la expansión.
  • Anti‑comunismo: rechazo total a la abolición de la propiedad, la igualdad absoluta y la lucha de clases.
  • Corporativismo: en lugar del voto universal, se proponía que corporaciones profesionales eligieran a sus representantes políticos, defendiendo la cooperación entre clases como garantía de estabilidad.
  • Jerarquía social: se valoraba la visión de que los más fuertes, bajo la "voluntad nacional", debían guiar al pueblo hacia la seguridad y la prosperidad.

El fascismo prometía restaurar la riqueza y la unidad nacional, eliminando los partidos políticos que consideraba antagonistas.

Fascismo en Italia

Tras la Primera Guerra Mundial, Italia vivió una profunda frustración: el Tratado de Versalles no cumplió sus expectativas y la economía se encontraba en una situación crítica.

La crisis social adquirió matices revolucionarios y tanto la izquierda como la derecha ganaron fuerza.

En marzo de 1919, en Milán, el periodista Benito Mussolini fundó los Fasci di Combattimento y los Squadristi, grupos paramilitares destinados a combatir a los opositores políticos, especialmente a los comunistas, mediante la violencia.

El Partido Nacional Fascista, oficializado en noviembre de 1921, creció rápidamente: de 200.000 miembros en 1919 pasó a 300.000 en 1921, reclutando principalmente a combatientes desempleados.

En 1919, un millón de trabajadores se declararon en huelga; al año siguiente, la cifra alcanzó los 2 millones, con más de 600.000 metalúrgicos del norte ocupando fábricas bajo ideas socialistas.

El gobierno parlamentario, formado por socialistas y demócratas, no lograba acuerdos sobre asuntos clave, lo que facilitó el ascenso al poder de los fascistas.

La Marcha sobre Roma

En octubre de 1922, durante el congreso fascista en Nápoles, Mussolini anunció la "Marcha sobre Roma", donde cincuenta mil camisas negras (uniforme fascista) se dirigieron a la capital. Ante la falta de respuesta, el rey Víctor Manuel III nombró a Mussolini jefe de gobierno.

En las elecciones manipuladas de 1924, los fascistas obtuvieron el 65 % de los votos; al año siguiente Mussolini se autoproclamó Duce (“líder”).

Inició la supresión de libertades individuales, el cierre y censura de prensa, la anulación del poder del Senado y la Cámara, y la creación de una policía política encargada de la represión.

Así se consolidó un régimen dictatorial que, aunque mantenía la apariencia de monarquía parlamentaria, concentraba en Mussolini todos los poderes.

Tras obtener autoridad política, Mussolini buscó el desarrollo económico, pero la crisis de 1929 frenó ese impulso.

Totalitarismo y fascismo

El totalitarismo es un sistema autoritario y represivo en el que el Estado controla todos los aspectos de la vida de los ciudadanos, sin libertad de expresión ni participación política.

El periodo de entreguerras vio la instalación de regímenes totalitarios en varios países europeos: Italia (1922), el nazismo en Alemania (1933) y, posteriormente, regímenes en Polonia y Yugoslavia.

Estos regímenes surgieron como respuesta a los problemas económicos y sociales posteriores a la Gran Guerra y al temor de que el socialismo ruso se extendiera.

Para muchos, la dictadura totalitaria representaba una solución que prometía fuerza, prosperidad y orden sin disturbios sociales.

El fascismo también inspiró regímenes autoritarios como el franquismo en España y el salazarismo en Portugal.

Fascismo y nazismo

Fascismo: origen, características y legado

Es frecuente confundir los términos “fascismo” y “nazismo”. Ambos son regímenes totalitarios y nacionalistas del siglo XX, pero presentan diferencias clave.

El fascismo se instauró en Italia bajo Mussolini; el nazismo, aunque inspirado en el fascismo, se desarrolló en Alemania bajo Adolf Hitler y se basó fundamentalmente en el antisemitismo.

Símbolos del fascismo

Fascismo: origen, características y legado

En Italia, los símbolos más representativos fueron:

  • Fasci: haz de varas que dio origen al término, presente en monumentos, sellos y documentos oficiales.
  • Camisa negra: parte del uniforme; sus portadores eran conocidos como "camisas negras".
  • Saludo romano: brazo derecho extendido.
  • Lema: "Cree, obedece, lucha", difundido en discursos, medallas y obras artísticas.

Fascismo en Brasil

Fascismo: origen, características y legado

En Brasil, el fascismo se materializó en la figura de Plínio Salgado (1895‑1975), fundador de la Acción Integralista Brasileña (AIB) en 1932. Salgado adoptó el lema tupi‑guaraní Anauê, la letra griega sigma como símbolo y vistió a sus seguidores con camisas verdes.

Defendía un Estado fuerte, rechazaba públicamente el racismo (incompatible con la realidad brasileña) y era fervientemente anticomunista. Se acercó al gobierno de Getúlio Vargas hasta el golpe de 1937, cuando la AIB fue disuelta junto con los demás partidos.

Algunos integralistas intentaron el Levante Integralista de 1938, pero fueron rápidamente reprimidos; Salgado fue exiliado a Portugal y muchos de sus compañeros encarcelados.

El Estado Novo y el fascismo

El gobierno de Vargas durante el Estado Novo (1937‑1945) mostró rasgos fascistas: censura, partido único, policía política y persecución de comunistas.

No obstante, careció de expansionismo y no dirigió ataques contra grupos étnicos específicos, por lo que se le considera más bien nacionalista que fascista.

Ver también:

  • Salazarismo en Portugal
  • Anarquismo

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